El artista plástico Gabriel Orozco durante la conferencia matutina del Presidente, el 2 de abril de 2019, donde se informó del proyecto que integrará la cuarta sección del Bosque de Chapultepec. Foto: Galo Cañas, Cuartoscuro.

En México cargamos en la memoria miles de millones de pesos gastados en proyectos de lucimiento sexenal con resultados deplorables. No solo eso, atravesamos una de las crisis más duras en la historia de nuestro país. Los ánimos de muchos están por los suelos, la pandemia vino a complicarlo todo. No hay dinero que alcance para las necesidades inmediatas, el gobierno parece tapar con la cobija a unos mientras destapa a otros. En estos días aciagos, cualquier presupuesto que no sea destinado a lo urgente es tachado de elitista y superfluo, es el caso del Proyecto Bosque de Chapultepec. El que un artista lo encabece ha sido otro de los duros señalamientos. Pese a los cuestionamientos, todos coinciden que se trata de un plan tan ambicioso como brillante. Desde esta perspectiva, vale la pena analizar con detenimiento si es una inversión valiosa o un gasto inútil.

Chapultepec es el parque de todos. Las cifras lo confirman: veinte millones de visitas al año y solo al Museo Nacional de Antropología una asistencia de cuatro millones. Desde su apertura en 2018, Los Pinos ha recibido ya tres millones de personas. A pesar de que el polémico proyecto pareciera emanar de la secretaria de Cultura, su alcance es mucho mayor y sin precedente ya que supone el rescate  ecológico y urbano de un bosque que durante décadas fue fragmentado y parcialmente entregado a la presidencia, al Estado Mayor y a la Defensa Nacional.

El polémico plan incluye la recuperación que permitirá la interconectividad de vialidades para un mejor acceso y la comunicación de barrios que hasta ahora estaban separados entre sí. La revalorización de los museos y áreas recreativas propiciará un flujo mayor de visitantes. Basta decir que los 4 millones de asistentes al Museo de Antropología e Historia, señalados antes, convivían muy poco con el resto del Bosque, lo cual podría subsanarse con la creación de circuitos culturales y ecológicos de visita obligada. La regeneración de los mantos acuíferos y del cárcamo es necesaria y debe hacerse sin esperar a que el tiempo siga pasando. Una vez renovado, Chapultepec será un espacio activo que generará una economía autosuficiente que beneficiará a muchos. Como centro turístico, reúne todos los atributos que hoy son la alternativa mundial: conciencia ambiental, cultural y social y una proyección hacia el futuro.

A pesar de suscitar envidias, enojo y aumentar el resentimiento de muchos, el también controversial artista contemporáneo Gabriel Orozco aceptó la invitación del presidente. La acumulación de críticas y memes es notable, ¿por qué no pensar en un arquitecto?, ¿es acaso la obra faraónica que liga inexorablemente al artista con un gobierno polémico? Y, tratándose de Gabriel Orozco, ¿veremos Chapultepec convertido en un Oroxxo?

Sin embargo, la decisión de invitar al artista es la indicada. La complejidad del plan requería tomar en cuenta una enorme cantidad de factores. Cuando el presidente pensó en Orozco tuvo una visión: poner en las  manos del artista la labor de orquestador. El mismo Orozco lo señala: “Es una obra de arte público; se trata del cuidado de la tierra, el cuidado de la gente y la repartición justa. Es una propuesta ecológicamente respetuosa, socialmente responsable y económicamente viable. Chapultepec en su origen es un manantial y bosque público. Su recuperación significa multiplicar el potencial ambiental, aumentar las áreas verdes y duplicar su oferta cultural gracias a la diversificación de sus espacios públicos”.

Si leemos con cuidado su intención, nos daremos cuenta de que el presidente no se equivocó, por lo menos hasta ahora. De inmediato Orozco reclutó a más de “cien especialistas nacionales e internacionales en restauración ambiental, infraestructura urbana, historia, arqueología”. Se trata, afirmó, de un proyecto dinámico, de conectividad, restauración ambiental y nodos culturales.

Nos guste o no, entendamos o no su obra, debemos reconocer que una de las características que distinguen a Orozco es su tenacidad y constancia para llevar sus inverosímiles proyectos a buen fin. Además, es de esos mexicanos que siempre salen bien librados de la crítica. Al ser reconocido y respetado a nivel internacional, estaría garantizada su capacidad para convocar personalidades, artistas e inversionistas de primer nivel. El alma del proyecto dependerá de la inversión pero también de la continuidad en su agenda. Todo eso está en la mente del artista y en su corazón. Vale la pena repetir lo que ha declarado muchas veces: no cobrará ni un peso por su trabajo, ¿si no es por dinero, por qué lo hace? Orozco ha sido contundente: “puede ser cursi que lo diga, porque amo a México”.

Muchas generaciones hemos crecido en Chapultepec y lo amamos. Nosotros, el pueblo, hemos disfrutado lo mismo el zoológico, que andar en bici o las lanchas del lago. En el bosque hemos practicado algún deporte; ha sido nuestro paraje en los días de campo, nuestro ámbito para las fiestas. A la sombra de sus árboles nos hemos cobijado y disfrutado de las primeras lecturas y de nuestros primeros arrumacos. En sus museos atestiguamos la formación del planeta en viejas maquetas llenas de polvo y la conformación de nuestra historia con muñequitos. Más tarde nos asombramos con las exposiciones de  artistas nacionales y extranjeros. ¿Cuántas personas no habrían visto jamás un Rothko si no hubiese sido exhibido en el MAM?

El aire que se respira en Chapultepec, su atmósfera, nos recuerdan que este espacio ha sido fundante de nuestra historia, determinante en el equilibrio ambiental y primordial en nuestra convivencia social. Desde el globero, el fotógrafo con su caballito de madera, el orangután que fumaba, los puestos de comida, las visitas a los museos, Chapultepec siempre ha sido nuestro, ¿por qué no formar parte de este plan de regeneración?

Suele ser en los momentos de crisis en los que surgen mentes sagaces dispuestas a cambiar el rumbo de las cosas, ¿cuándo es el momento indicado?, ¿quién y en qué condiciones se efectuarán las obras que redefinan la historia?, ¿todas las ideas llegarán a trascender? Es imposible saberlo de antemano. Lo que sí podemos afirmar es que, si los autores del cambio se hubieran detenido ante la serie de obstáculos que encontraron a su paso, nunca habrían llevado a cabo sus sueños. Esos sueños están encarnados en sus obras que son un legado para las siguientes generaciones. Siempre admiraremos el atrevimiento de las mentes ingeniosas y osadas. Se necesita mucho valor y ser un necio para lograr que un sueño se vuelva realidad. El proyecto de recuperación del Bosque de Chapultepec tiene la substancia que nutre a los sueños, con la diferencia de que se encuentra a nuestro alcance: regenerar, para beneficio de muchos, una de las más ricas zonas del país en la que convergen la historia, la ecología, la cultura y la convivencia social. Su avance irá mostrando la pertinencia de haberlo realizado. Dicho de otro modo, hay proyectos que son urgentes por las necesidades que cubren, hay otros, y es el caso del proyecto Bosque de Chapultepec, que son importantes porque representan la esperanza de que en las peores condiciones, podemos ser mejores.

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