El museo cuenta con una sede en Ciudad de México, en Guadalajara y en Veracruz, exhibe una de las más importantes colecciones del mundo centrada en objetos extraños, provenientes de los 201 países que exploró el coleccionista y caricaturista de Estados Unidos Robert L. Ripley (1890-1949) a lo largo de su vida.

Por Julito Martínez

México, 26 enero (EFE).- Unas cabezas reducidas, un borrego-cíclope caracterizado por su único ojo, un juego de cubiertos para caníbales o el esqueleto de una ternera con dos cabezas. Estos son algunos de los objetos que se pueden encontrar en el Museo de Ripley de México.

Este complejo, que cuenta con una sede en Ciudad de México, en Guadalajara y en Veracruz, exhibe una de las más importantes colecciones del mundo centrada en objetos extraños, provenientes de los 201 países que exploró el coleccionista y caricaturista de Estados Unidos Robert L. Ripley (1890-1949) a lo largo de su vida.

“Este era un hombre muy curioso, muy instruido, y, en cada lugar que visitaba, lo más extraño que encontraba lo iba incorporando a su colección (compuesta por más de 20 mil objetos). Aquí solo tenemos una parte de la misma”, explicó a Efe Daniela Linares, directora de Relaciones Públicas del museo.

En la sede de la capital mexicana, este material se distribuye en nueve salas, en las que el visitante se encuentra con toda clase de objetos insólitos, como una escultura humana tamaño real hecha con billetes cuyo valor alcanza el millón de dólares, un fragmento del muro de Berlín, o una de las ruedas más grande del mundo, con casi cuatro metros de altura.

Tanto el Museo de Ripley como el de Cera reciben diariamente unos mil 500 visitantes cada uno. Foto: Sáshenka Gutiérrez, EFE

El Museo de Ripley en Ciudad de México se inauguró en 1992 y se emplaza en las proximidades de una casa de estilo “art nouveau” de 1904, ubicada en la colonia Juárez, uno de los barrios más exclusivos de la capital.

“Al lado del Museo de Ripley está el de Cera, que abrió hace 40 años y cuyos dueños querían traer a México algo que fuera asombroso, nuevo, que les gustara mucho a las personas y que les dejara, además de diversión, un toque de cultura”, explicó Linares. Ambos museos forman parte del mismo complejo y están interrelacionados.

UN VIAJE FANTÁSTICO

Pero las sorpresas de este complejo no finalizan aquí. También se puede realizar un “viaje fantástico”, en el que, a través de diferentes iniciativas, se busca retar los límites de los sentidos, consiguiendo experiencias insólitas.

Por ejemplo, existe un simulador de cuarta dimensión o un túnel giratorio que, si se atraviesa, y gracias a un juego de luces y colores, el visitante cree que el suelo se zarandea a sus pies. Pero, en realidad, todo se mantiene quieto.

En la entrada del recorrido de vitrales se ruega “mucho cuidado” a los visitantes. Tal es la calidad del complejo que no es extraño que se produzcan accidentes en su interior. Foto: Sáshenka Gutiérrez, EFE

“Es un pasillo de 12 metros en el que, cuando entras, y aunque está completamente fijo, tus sentidos te engañan y sientes que se mueve el piso”, describió Linares.

El “viaje fantástico” concluye en el laberinto de espejos, situado en el sótano del Museo de Cera, a unos pocos metros del Ripley.

En la entrada del recorrido de vitrales se ruega “mucho cuidado” a los visitantes. Tal es la calidad del complejo que no es extraño que se produzcan accidentes en su interior.

UN PASEO POR EL TERROR

A escasos pasos de este laberinto, y también en los sótanos del Museo de Cera, los amantes del miedo tendrán la posibilidad de pasear por el pasaje del terror, en el que se hace un repaso a las figuras más conocidas de este género.

El Museo de Ripley en Ciudad de México se inauguró en 1992 y se emplaza en las proximidades de una casa de estilo “art nouveau” de 1904, ubicada en la colonia Juárez. Foto: Sáshenka Gutiérrez, EFE

Una de las más impresionantes es la conocida escena de “El exorcista”, de William Friedkin, en la que la niña realiza diferentes actuaciones sobre la cama de su habitación.

Sin embargo, esta no es la única escena que se reproduce. También hay recreaciones de Frankenstein, Allien u otras obras y leyendas muy conocidas por la ciudadanía.

Todo ello combinado con un sugerente juego de luces, sombras y algunas figuras móviles, que intentan generar pavor entre el público.

El Museo de Cera, donde se encuentra este pasaje, fue creado en 1979 y, desde entonces, ha conseguido custodiar una colección de más de 230 figuras.

Con más de 150 museos, la capital mexicana es una de las ciudades de América Latina con mayor número de exposiciones permanentes, tanto públicas como privadas. Foto: Sáshenka Gutiérrez, EFE

Las mismas se encuentran distribuidas en 14 salas temáticas, en las que se distinguen un gran número de personalidades reconocidas procedentes de diferentes ámbitos, como el político, el artístico, el deportivo o el histórico, tanto de México como del resto del mundo.

Además, y como ocurre en el pasaje del terror, el visitante también puede encontrar con diferentes figuras de ficción, procedentes de los ámbitos literario, televisivo, cinematográfico o legendario.

ALGUNOS DATOS

Tanto el Museo de Ripley como el de Cera reciben diariamente unos mil 500 visitantes cada uno, detalló Linares.

El Museo de Cera, donde se encuentra este pasaje, fue creado en 1979 y, desde entonces, ha conseguido custodiar una colección de más de 230 figuras. Foto: Sáshenka Gutiérrez, EFE

Con más de 150 museos, la capital mexicana es una de las ciudades de América Latina con mayor número de exposiciones permanentes, tanto públicas como privadas.

Un listado con propuestas tan curiosas como las mencionadas o como museos centrados en la luz, el juguete o la historia de la tortura.