Transporte. Foto: Anne Mc Arthur, We animals

Recuerdo que fue hace más de 10 años, yo iba manejando en una carretera en el norte del país, y se detuvo el tráfico por un accidente, al pasar lentamente por ahí pude darme cuenta que se había volteado un tráiler transportista de pollos, en el lugar se podían ver pollos muertos, aplastados, algunos corriendo despavoridos, otros siendo objeto de rapiña por personas, y para mí fue un shock, fue como si en un instante pudiera ver una realidad que había estado oculta para mí por años.

Seguí el trayecto sin hablar, solo pensando, ¿acaso era yo parte de eso? ¿Era también responsabilidad mía que esos animales murieran de una forma horrible o quedaran malheridos sufriendo? Y en mi cabeza la respuesta de una voz diciéndome, sí, tú también eres responsable, el hecho de que consumes carne es lo que pone a los animales en esa situación.

Ese día lo tuve en mi cabeza dando vueltas sin parar. ¡Qué disparate el pensar en dejar de comer animales!, ¿Cómo empezar?, ¿Ahora qué voy a comer?, ¡Es imposible!  Y así una lucha interior y la voz de mi conciencia no me permitió ignorarlo, cada vez que cerraba los ojos veía esos animales sufriendo.

Más tarde regresé a mi ciudad y decidí que ese era el último día que comía carne, que no iba ni a ser parte ni a financiar que animales sufrieran de esa manera.

Accidente pollos. Foto: Libres al fin

La transportación de animales es un verdadero infierno, en ocasiones las jornadas pueden ser larguísimas de hasta 18 horas sin descanso, en zonas calientes pueden llegar a alcanzar temperaturas altísimas llevándolos al punto de sofocación y muerte, y en tiempo de frío pueden alcanzar niveles de congelación; los animales pasan horas de pie entre sus propios desechos, hacinados, exhaustos, sin tomar agua y sin comer, si vienen muy amontonados los más frágiles colapsarán y serán pisoteados por los otros, un verdadero martirio, y ¿cuál es el destino de este cruel trayecto? El matadero, donde sufrirán de una muerte horrible.

Transporte de cerdos. Foto: Jo-Anne McArthur,We Animals

En el Santuario Libres al fin tuvimos a Lauro, un habitante que fue rescatado de un accidente de pollos; él fue el único de los pollos que rescatamos que sobrevivió, y es que aparte de los horrores del transporte, Lauro, como todos los pollos que utilizan para carne, tienen una genética que los hace alcanzar tamaño grande cuando sus órganos aún no están bien desarrollados, y básicamente estos pollitos colapsan porque sus pulmones y corazón no pueden abastecer el gran tamaño de su cuerpo, y los que sobreviven más tiempo presentan problemas en sus extremidades por el peso.

Lauro. Foto: Santuario Libres al Fin

Cada vez que te topes un camión con animales en tu camino, deja de ver el camión, trata de ver más allá de las rejillas, mira sus ojos, mira al individuo, date cuenta que es capaz de sentir tristeza, dolor, amor, amistad, mira a alguien que quiere vivir su vida al igual que tú, abre los ojos y mira con compasión, te aseguro que por primera vez empezarás a ver.