Brasas. Pintura Tomás Calvillo Unna. Foto: Especial

ELLA

Ella lleva la luna en sus bolsillos
la media luna
su cuarto creciente
y la luna llena

le gusta saber que la acompañan de país en país
ahora que creció viajando

que sus sentimientos son otros
y tantos

el mundo le daba vueltas
y ella quería detenerlo o bajarse
juntó su ropa y sus libros
en una maleta guardó su casa

pero no pudo caminar
le pesaba demasiado
más le pesaba saberse solitaria
– ¡qué palabra! –
como una liga a punto de romperse
entre las vocales
como el número de pulseras en sus muñecas
y el anhelado tatuaje de mariposa
en el conejo dormido de su brazo izquierdo

si supiera que esas alas
son un desliz del ánima

de pronto
ríe baila y canta
se acordó que
desde niña
lleva la luna en sus bolsillos
con sus
cuartos crecientes

abre su polvera
y la luna completa
alumbra el camino
cuando la noche llega.

 

TAL VEZ SEA MEJOR 

Tal vez sea mejor así,
en esta indiferencia de las sombras,
estar a flote
sin hundirnos por completo;
ser ese número que se suma
para cualquier fin: habitantes,
edades, electores, ciudadanos,
qué más da

no importa
dónde nos encasillen,
en qué estadística quedemos

no encajamos
o no queremos hacerlo

aprendí
a caminar
sin orientación precisa
con el olfato de un exiliado
en su propia tierra;
encontré a otros,
compartimos nuestras pláticas,
son frazadas para soportar
los inviernos

dejamos los diplomas a un lado
con el humor como daga
cortamos los recuerdos
que nos adhieren aún
a esa burbuja de hipnosis e infamia,
de buenos propósitos y pésimas señales

va a reventar, lo sabemos,
y aunque estamos aquí,
haciendo de cada esquina
una madrugada,
no seremos ajenos

el fuego que nos reúne
y las palabras amigas
que nos fortalecen
tienen un sentido:
es la apuesta en terreno baldío
para dejar de ser jueces de nosotros mismos
Y después…
ya veremos.

 

PALPITA

El cuerpo del viento agoniza

no es ajeno a las guerras

a sus miles de muertos

al destierro

 

los estallidos hieren sus átomos

se derraman en luz y agua

en el rasgado lienzo

de la madrugada

 

rojas pulsaciones y ocres tejidos

blancas líneas y lejanos azules

 

disparamos sin sentido

asesinamos su tacto

su ambrosía

su instinto

 

porque no lo vemos

creemos que no está

que no es

 

oigo su grito doloroso

cada día más fuerte

 

irrumpe en mis sueños

y despierto me confronta

 

ya no vemos bien

siento un listón helado

en mis ojos

 

el viento da vueltas

sobre sí mismo

 

en otro idioma

el viento también es locura

y espíritu

 

ahora en nuestra lengua

sólo es locura

locura que desata

y se desata.

 

RUPTURA

Se parece a la primera guerra mundial
y a la segunda
por eso la preocupación mayor
la tercera es la vencida
la última
la inimaginable
la atroz

miles tal vez millones
envían sus imágenes
sus momentos que circulan

sin saberlo presagian
la tormenta de fuego

es un instinto de sobrevivencia
un mensaje al más allá
de los amigos y la familia

esos libros electrónicos de rostros
se han vuelto devoción pura
que aniquila la antigua fe

en los corazones adolescentes
las iglesias se derrumban

los dioses naufragan
con los hombres y mujeres de edad

los niños enseñan a los padres
los ancianos ya no existen

la tradición estalla
estamos sordos

busco con el tacto
reconocer la voz

las heridas nunca cicatrizaron
y queremos ignorarlo.

 

ORACIÓN CON H

Para A. y E.

I

Nos pintamos a nosotros mismos
fuera del cuadro

primero como hijos de Dios,
como ángeles caídos, después;
como hombres dioses, sabios
en las leyes de la vida

testigos y jueces
estamos aquí para definir
y decidir

hace ya siglos
que nos salimos de la naturaleza,
la sometimos a nuestro dominio
y la privamos de la palabra

escribimos sus nombres, los contamos
e hicimos las incisiones necesarias:
pedazos cada vez más pequeños

y minucias de segundos
para extraer su esencia
saqueamos su luz,
el oro de su sangre

la dejamos hueca y oscura

nadie nos expulsó del paraíso,
nosotros lo incendiamos con nuestro saber

II

los grandes bloques de hielo se colapsan,
llueve más y hace más sol

los ríos conducen el excremento de las ciudades;
el mar se irrita, no lo oímos más,
ni a los bosques ni las montañas
ni a las aves

perdimos las marcas de las tortugas,
sus pausados siglos

el galope de los caballos
es un lejano eco

las rayas de tigre sangran
en la densa neblina

donde se estrellan
las águilas

los lobos se desploman
entre las cuarteaduras del frío

en las pantallas líquidas
retocamos los paisajes:

olvidamos el camino para volver,
buscamos conservar su aroma
en pequeños frascos

y dejamos
sus cadáveres bajo nuestros lechos

tomamos nuestros huesos de tierra y plástico
y nos envolvemos en fuego

el barro de las palabras
son la última oración

es de noche, lo sabemos;
la pintura de las estrellas
se escurre por las ventanas.

 

TEMPORADA

Llega la tarde
y esta vez me gana
con sus vientos frescos
y la anunciada lluvia

permanezco en la intemperie
sintiendo
cómo va cubriendo la ciudad
con ese aire de jazmín que seduce
y su inclinada luz
que no lastima

se oyen sus truenos,
la tormenta que contiene en su vientre

son los preámbulos,
ese maravilloso momento que preside
el suceso, el evento,
su descarga de agua y rayos

son esos dos segundos
que debes esperar
antes de asumir cualquier acción;

dos segundos que se vuelven dos pasos
cunado más los necesitas

el respiro de reojo
al mirarla otra vez
a las orillas de la casa,
cómo acomoda sus nubes
y ese resplandor que advierte:
la precipitada agua
que gusta llamarse aguacero

tarde de aguaceros,
relámpagos, instantáneos flashazos
de allá arriba,
que no dejan de azorarnos
como si alguien se asomara a vernos
desde un inverosímil lugar que no alcanzamos a reconocer

aunque me equivoque,
siento que esta vez nos está cuidando,

recorre sus nubes y vientos:

protegidos por sus gotas
nos mojamos, nos empapamos,
sin paraguas la escurrimos;
la escucho en los árboles

y en el techo de la casa;
nos toca

somos agua, decía mi madre;
ella que prefería las tardes.

 

VACÍOS

Perdimos a los animales
y no sabemos bien todavía
qué perdimos

víctimas de la crueldad insaciable
y de nuestros apegos
nos apropiamos
de su tiempo sin preguntarnos
¿por qué compartimos la tierra?

bíblica es la respuesta

nacimos cuando ya habían partido
despojados en diáspora sin salvación
sometidos a la industria de los apetitos
los procesamos como objetos
masivas muertes preámbulo de genocidios

el león de piedra permanece
en el pedestal de la fuente
y las águilas de plástico
son papalotes en espera de viento

las jirafas dan vueltas en el carrusel
de hastiados niños
la res es acuchillada y su dorso crudo
cuelga de un arnés
la vaca ilustra historias inverosímiles
en su vientre y sus costados
ahí las nubes en su incompleto rompecabezas
confunden su retorno al cielo

los inventamos de mil maneras
les creamos nuestros circos:
la domada imaginación
que roba sus instintos

distribuimos el último aliento
para mantener encendido el carbón
de nuestro infierno

nos alejamos de su confidencia
y de su naturaleza
de ese misterio nuclear de la creación

despreciamos el idioma de las criaturas
nos quedamos con nuestras palabras tartamudeando.