“No, la epidemia de Covid-19 no es una epidemia de gripe”. Foto: EFE

Hace once años, en el 2009, en México surgió el virus de la influenza H1N1 que detonaría una pandemia. El hecho de que el país fuera el epicentro del nuevo virus lo sumió en una emergencia sanitaria que afectó la vida de todos. Durante varias semanas de abril, los mexicanos, y con nosotros el mundo que nos observaba, vivimos entre la zozobra, el miedo y la incredulidad. En ese entonces aprendimos rápidamente cosas que no sabíamos sobre los virus, como el correcto lavado de manos, las medidas de distanciamiento social, el uso de cubrebocas y a muchos nos obligó a informarnos, a adquirir una especie de cultura general de la influenza.

Afortunadamente para el mundo, se había desarrollado un medicamento, el oseltamivir, para enfrentar una probable epidemia de gripe aviar H5N1 en 2005, que pudo utilizarse para combatir la enfermedad. Al poco tiempo, el virus se pudo incluir en la vacuna para la influenza estacional por lo que actualmente las personas pueden protegerse a través de la vacunación.

Aún recuerdo el temor y la incertidumbre que nos ocasionó en aquellos días. Será porque suelo ser obsesiva y algo paranoica, pero acumulé tantas botellitas de gel desinfectante para las manos que hoy, que volvemos a estar bajo la amenaza de una pandemia, descubro todavía, arrumbado entre los tiliches. Hasta hace unos meses, no hubiera imaginado que pudiera volver a necesitarlo. En ese entonces, mi hija era muy pequeña y, como ignorábamos que sucedería, tenía terror de salir a la calle con ella. Recuerdo todo esto ahora que la OMS ha alertado que nos encaminamos hacia una nueva pandemia por el nuevo coronavirus surgido en China.

Desalentadoramente, parece más grave a lo que ocurrió aquí hace nueve años; por la cantidad de contagios, enfermos graves de neumonía, en un periodo de tiempo similar. Según la OMS, los países no están preparados para enfrentar la epidemia, como no lo estaba China, que vio rebasados sus servicios hospitalarios, por lo que deben prepararse con urgencia. Los CDC (Centers for Disease Control and Prevention) de Estados Unidos, alertaron sobre las posibles consecuencias si el contagio sigue ocurriendo en el país y se disemina profusamente: esto se traduciría en una gran cantidad de personas enfermas buscando tratamiento médico al mismo tiempo, por lo que el sistema de salud se podría ver rebasado, con una tasa elevada de hospitalizaciones y fallecimientos. Los casos de Italia, República de Corea e Irán donde el virus está creciendo, señalan que esto es muy probable que ocurra y que la OMS vaya a declarar formalmente una pandemia en poco tiempo. Lo avisó hace unas semanas: el coronavirus es “el enemigo público número uno para toda la humanidad”. No, la epidemia de Covid-19 no es una epidemia de gripe; no conocemos todavía la total naturaleza ni comportamiento del novel virus, no tenemos medicamentos para tratar la enfermedad, ni vacunas que nos darían inmunidad, ni los humanos han estado antes expuestos al virus. La recuperación depende del sistema inmunitario de las personas y de que a los enfermos graves se les provea medidas de soporte vitales. La tasa de contagio y la letalidad, hasta donde se sabe, es mayor a la de la influenza. Las personas con problemas de salud y los ancianos estarán en muy alto riesgo de enfermarse gravemente, a diferencia de los niños, pero muy probablemente, como ha sucedido en China, muchos enfermos necesitarán servicios médicos de urgencia, camas de hospital, al mismo tiempo. Asimismo, las medidas de contención requerirán que muchas personas sean aisladas mientras están enfermas.

Nuestro país, donde no se ha registrado ningún caso oficialmente, como el resto de países de Latinoamérica, si es que los expertos tienen razón, tendrá que afrontar la llegada del virus y tratar de contenerlo, al tiempo que atiende a los enfermos. Esta perspectiva debería volverse prioritaria para las autoridades de salud que hasta el momento no han informado con exactitud cuáles son las medidas que prevén para enfrentarlo, si ocurre un escenario similar al de China. No sabemos si haya tiempo aún, pero esperemos que el Gobierno de México haya atendido las recomendaciones internacionales, tenga previsto opciones de atención hospitalaria de cuidados intermedios e intensivos alternativos si es que los servicios públicos de salud se ven rebasados. Asimismo, que tenga un plan económico para afrontar los gastos que esto pudiera representar, fuera de discursos demagógicos e insultantes como una lotería.

Ojalá que pronto la Secretaría de Salud nos informe, que en la próxima mañanera a la que acuda el subsecretario Hugo López-Gatell nos dé un informe pormenorizado de cómo piensan enfrentar, si es que sucede, el peor escenario, como lo están haciendo otros países con sus ciudadanos.