Oímos y leemos que si la vacuna de Pfizer, que si la de AstraZeneca, la Sputnik rusa, la CanSino china, la Moderna, la Sinovac, pero no tenemos todavía ninguna certeza de contar con esa protección en un plazo determinado. Foto: Gabriela Pérez Montiel, Cuartoscuro.

De ser un anhelo distante que se suponía podía tomar hasta tres o cuatro años en hacerse realidad, la vacuna contra la COVID-19 se convirtió en esperanza gracias a los adelantos científicos que permitieron nuevos procedimientos para tenerla en meses. Pasó luego a ser motivo de alegría, al constatarse que era ya una realidad relativamente cercana. Con el paso de los tiempos, sin embargo, se convirtió en una obsesión.

Y a partir de ahí, los mexicanos hemos caído en la confusión, la incertidumbre, la desilusión y la rabia.

Lo cierto es que seis meses después de que el magnate Carlos Slim anunció su sociedad con AstraZeneca y la Universidad de Oxford para producir vacuna en Argentina y envasarla en México, en agosto pasado, ese deseo llamado vacuna está lejos de ser un hecho cierto.

El 12 de diciembre, tras la contratación de vacunas con la farmacéutica Pfizer, el Canciller Marcelo Ebrard Casaubón proclamó “misión cumplida”. Todo el Gabinete acudió al aeropuerto de la Ciudad de México para recibir el primer embarque, con la pompa y solemnidad sólo comparable con las bienvenidas oficiales a los jefes de estado.

Pese a las promesas presidenciales de que antes de terminar marzo estarían vacunados todos los adultos mayores de 60 años, ahora resulta que al día de ayer, ya fines de febrero, apenas se llevaban aplicadas en el país la primera dosis a 737 mil personas mayores, de un total de 15.5 millones. Ni el cinco por ciento, pues. Y en términos generales, la cifra de vacunados en el país apenas rebasa los 2 millones, lo que representa menos del 1.5 por ciento de la población.

En este tortuoso trayecto entre el anhelo y la desilusión, hemos padecido las mentiras, confusiones, contradicciones y misterios de las autoridades sanitarias y del propio Gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador.

Ante la interrupción de los envíos por parte de Pfizer, debido según explicó la empresa a una ampliación de sus instalaciones en Bélgica para aumentar la producción, el Presidente argumentó que México accedía gustoso a una  petición de la ONU para que se canalizaran vacunas a los países pobres. Luego resultó que ni siquiera hubo tal petición, sino un simple comentario… y luego Andrés Manuel cambió su discurso para acusar a la propia ONU de la escasez que nos afecta y llamarle “florero” por no actuar ante el acaparamiento del fármaco por parte de las grades potencias.

Se nos dijo, en su momento, que México tenía ya contratadas, pagadas y aseguradas 120 millones de vacunas, pero se ocultaron sospechosamente los pormenores, montos y plazos de esas presumidas adquisiciones.

Luego resultó que no, que quien nos iba a salvar de esta desgracia era el Presidente ruso, Vladimir Putin, con quien el mandatario mexicano habló por teléfono. Luego anunció Andrés Manuel, feliz, que su amigo le había ofrecido 24 millones de dosis de la vacuna Sputnik V… aunque no le dijo cuándo.

Con pompo y platillo, como se dice, se anunció también la llegada de la sustancia activa de la vacuna anticovid de AstraZeneca procedente de Argentina, para terminar su proceso de fabricación de vacunas contra el SARS-CoV-2, el cual incluye el envasado y así pueda ser distribuida. Ya pasó más de un mes y, que se sepa, ni una sola dosis de esa vacuna ha estado al alcance de los mexicanos.

Mejor llegaron 850 mil dosis de esa marca, pero procedentes de la India.

Las contradicciones, las pifias y los engaños nos han hecho no sólo perder la confianza, sino caer en el más lamentable desánimo. Y en la confusión total: oímos y leemos que si la vacuna de Pfizer, que si la de AstraZeneca, la Sputnik rusa, la CanSino china, la Moderna, la Sinovac, pero no tenemos todavía ninguna certeza de contar con esa protección en un plazo determinado.

Para colmo, con un aberrante Programa Nacional de Vacunación, se decidió que luego de la vacunación del personal que trabaja en la primera línea de combate a la COVID-19 y de los quién sabe por qué causa privilegiados maestros campechanos, dar prioridad a los adultos mayores de las comunidades más alejadas y aisladas del país, donde la incidencia de contagios es mínima o inexistente.

Y sin embargo, en la capital del país se decide sin que se explique tampoco por qué, empezar con los adultos mayores de Cuajimalpa, Milpa Alta y la Magdalena Contreras, y luego seguir con Iztacalco, Xochimilco y Tláhuac. ¿Por qué no Iztapalapa o Venustiano Carranza o Tlapan? Nadie sabe.

La última hasta ahora fue del director de Promoción de la Salud de la Ssa, Ricardo Cortés Alcalá, que dijo muy seguro este miércoles que para mayo habrán llegado 106 millones de dosis, suficientes para vacunar a todos los mexicanos mayores de 16 años.

¿Le cree?

Para colmo, la intención evidente de aprovechar el tema para fines electoreros, aunque lo niegue el propio Presidente, provocó que para la aplicación de las vacunas se formara insólitas “brigadas” de hasta 14 o 16 miembros, dirigidas precisamente por los llamados Servidores de la Nación, ataviados con chalecos color guinda, que no son otros que los antiguos promotores del voto por Morena en el proceso electoral de 2018… y encargados ahora de la dispersión de los apoyos económicos de los programas sociales para sectores vulnerables.

Y entonces es cuando lo que fue anhelo, esperanza, alegría, incertidumbre, confusión y decepción  se convierte en rabia. Válgame.

DE LA LIBRE-TA

MERA COINCIDENCIA. La cita utilizada por la Primera Dama no Primera Dama en el aniversario luctuoso de Francisco I. Madero el miércoles pasado, según la cual el llamado Mártir de la Democracia “no tuvo entonces peor enemigo, más cruel, más despiadado, más infame, más perverso y vil que el grupo de periodistas que antes habían sido admiradores lacayos de la dictadura” no tuvo por supuesto ninguna segunda intención. El que vino a regarla –porque no dejó duda alguna– fue el Vocero presidencial, Jesús Ramírez Cuevas, que escribió en su Twitter:   “La historia se repite primero como tragedia y luego como farsa. En el CVIII aniv. luctuoso de Fco I Madero se recordó a los periodistas abyectos bajo la dictadura que se volvieron furibundos críticos de quien garantizó su libertad. Mera coincidencia con nuestra realidad actual”.

@fopinchetti