“Si logramos comprender que hogar es un concepto en red que sobrepasa el territorio y considera las estructuras y los afectos, entonces llegaremos a una definición inclusiva y diversa de las familias…”. Foto: Graciela López, Cuartoscuro

Es importante atender una consideración conceptual que, creo es problemática, y que tiene que ver con la comprensión de la clasificación que hace INEGI respecto a lo que es un “hogar familiar” y lo que es un “hogar no familiar”. De acuerdo con INEGI (2010), existen hogares familiares y hogares no familiares. En los hogares familiares, al menos, uno de los integrantes tiene parentesco con otro miembro del grupo, el parentesco puede ser de consanguinidad, de afinidad o civil. En los hogares no familiares no existe parentesco entre las y los miembros del grupo familiar, pero esta lógica es limitada, ya que en ninguno de los dos grupos no se alcanza a definir el territorio (lugar político y físico del hogar y donde se construyen las redes, cambiable con el tiempo), la red (que incluye formas de cooperación económica y socioafectivas), la estructura (características de la composición del grupo familiar), o ni se logra definir cómo se construye el afecto de los hogares y las redes en estos grupos “familiares y no familiares” y cómo esto da lugar a niveles de corresponsabilidad familiar. En ese sentido, el concepto de familia llega a ser muy pobre, limitado discriminador. Si logramos comprender que hogar es un concepto en red que sobrepasa el territorio y considera las estructuras y los afectos, entonces llegaremos a una definición inclusiva y diversa de las familias y, desde luego los hogares unipersonales tan solo serán una expresión más de su diversidad. Es por ello que el concepto de familias abarca no sólo a las relaciones consanguíneas de un grupo familiar o doméstico, sino también que se privilegia el valor subjetivo y afectivo de sus relaciones.

Por lo anterior, es necesario incidir en la necesidad de aumentar los estudios estadísticos que visibilicen y rompan estereotipos hacia la población de hogares y familias unipersonales para que se promueva una política de mayor inclusión y calidad de vida hacia estas. Ello también nos permitiría conocerles con mayor claridad su crecimiento lo que permitiría comparar y constatar si es similar a lo que sucede con otros países.

El crecimiento de los hogares unipersonales debe ser considerado parte de la diversidad familiar, y esto un reflejo de la modernidad y su modernización en su conjunto, partir de definiciones más amplias y complejas del concepto de “familia” debe ser una tarea de las instituciones del siglo XXI, debemos actualizarnos en ello. Como vemos, el concepto de familia debe ser entendido a partir de consideraciones que rebasan el territorio (entorno físico y político) y considera a las redes y, desde luego, los afectos y las múltiples estructuras por las cuales elegimos vivir, la unipersonal, es tan solo es una de ellas.

Es innegable que vivimos profundos procesos de individualización ante los cuales los más vulnerables son más susceptibles de los cambios y más frágiles ante cualquier amenaza. Es importante por ello una política de resistencia ante esos procesos y tal parece que la sociología del cuidado, desde el valor de la solidaridad social, puede ser la propuesta más adecuada para ello, sin embargo; aún no es del todo clara su propuesta en los hechos, es importante articular más los esfuerzos para encauzarla y desde una perspectiva de género diversa, incluyente e interseccional.