La capital del país, coinciden analistas consultados por SinEmbargo, es hoy una ciudad que se perdió ante el crimen, y por distintas razones: la primera es la negación del Gobierno, que encabeza Miguel Ángel Mancera Espinosa, que muestra una clara resistencia y una respuesta equivocada.

La segunda, añaden, es que la la Ciudad de México, por su condición geográfica y político, es desde hace mucho tiempo un centro neurálgico y estratégico del crimen organizado, incluso a nivel internacional. Y la tercera, plantean, es que sólo hay una estrategia reactiva, pero no hay prevención y se observa una carencia en cuanto a inteligencia policiaca.

En este contexto, los ciudadanos de la CdMx viven una oleada criminal que ha hecho repuntar todos los indicadores: los homicidios dolosos crecieron en el primer semestre de este año 21%, los secuestros 29%, los robos con violencia 27% y, entre otros, hoy en la capital del país hay un asalto a negocios cada media hora.

Ciudad de México, 26 de agosto (SinEmbargo).– En las imágenes, captadas esta por cámaras de seguridad y reproducidas miles de veces, se observa a hombres armados ingresar en negocios de esta capital y, en segundos, despojar de sus pertenencias a los clientes. Un asalto ocurrió el pasado lunes, en la cafetería Galatea, del centro de Coyoacán. El otro, registrado una noche después, en el interior del Cine Tonalá, en la colonia Roma.

Asaltos como estos, que van en aumento, han convertido a la Ciudad de México en una capital de los robos a negocios. Hasta mil 369 casos en promedio cada mes hasta el año pasado y un 19.4 por ciento más en junio, cuando la cifra ascendió a mil 636 casos. Es decir, unos 54 casos diarios, o más de dos por hora, de acuerdo con el Observatorio Nacional Ciudadano (ONC).

Este tipo de delitos son, a su vez, parte de la extendida problemática de inseguridad que afecta a la Ciudad de México y en la que, también de acuerdo con el ONC, este año han aumentado otros ilícitos, como los homicidios dolosos [21 por ciento], los secuestros [29 por ciento] y, sobre todo, los robos con violencia [27 por ciento] en todas sus modalidades: a negocios, de vehículos, transeúntes y casas habitación.

Otros fenómenos antes característicos sobre todo de los estados fronterizos o más severamente afectados por el crimen organizado, como las ejecuciones o el despliegue de personal para el bloqueo de calles, han empezado a irrumpir también en la capital de la República, donde las autoridades han sostenido por años que no hay cárteles del narcotráfico.

“Lamentablemente, lo que hemos visto es un deterioro de las condiciones de seguridad en la ciudad, que en primera instancia no ha sido aceptado por las autoridades locales y se ha tratado de desestimar”, dice Doria Vélez Salas, directora de investigación del Observatorio Nacional Ciudadano.

“Hay una clara resistencia y una respuesta equivocada. Lo que hemos visto es que culpa al Sistema de Justicia Penal, cuando este nuevo sistema que tienen muchos nuevos beneficios no es el culpable de la situación, porque, si hacemos un seguimiento de la aplicación del sistema, no cuadra con las fechas del deterioro de las condiciones de seguridad”, agrega.

NEGACION, LA MARCA DEL GOBIERNO

Si algo ha caracterizado el discurso de las autoridades de la Ciudad de México en materia de seguridad es la afirmación de que, a diferencia de lo que ocurre en gran parte del país, aquí no hay “cárteles” del narcotráfico y no es centro de operaciones de los mismos.

“Nosotros no tenemos ninguna noticia en ese sentido. Si la Federación lo tiene es competencia exclusiva de la Federación. Si a mí me dijeran en la Ciudad de México está el cártel ‘X’, entonces es la Policía Federal a la que le toca. Si ellos nos notifican que existe ese cártel, entonces les diríamos, oigan pues hay que combatirlo”, dijo todavía este mes el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, en entrevista con SinEmbargo.

Pero la presencia de actividades de este tipo de agrupaciones ha sido evidente en la ciudad, y no sólo por el abatimiento de la célula de presuntos narcotraficantes como Jesús Pérez Luna “El Ojos”, en un aparatoso intercambio de disparos con la Secretaría de la Marina, en la Delegación Tláhuac, en donde también murieron siete personas y al que le siguió el bloqueo de diferentes calles.

También desde 2013, en el primer año del actual sexenio, un grupo de personas armadas y con el rostro cubierto acudieron al establecimiento denominado Bar Heaven y “levantaron” a 13 personas, varias de ellas originarias de la zona de Tepito.

Dos años después, cinco personas fueron asesinadas en menos de 50 minutos en el interior de un departamento en la colonia Narvarte; entre ellos, el fotógrafo Rubén Espinosa Becerril y la activista Nadia Vera Pérez, residentes de esta ciudad en calidad de desplazados del estado de Veracruz, donde ambos habían recibido actos intimidatorios por parte del Gobierno de Javier Duarte de Ochoa, actualmente preso en el Reclusorio Norte de la capital del país.

Ese mismo 2015, una víctima de homicidio apareció pendiendo de un puente en la Delegación Iztapalapa.

La presencia de actividades de la delincuencia organizada es palpable también en la zona de Tepito, en el Centro Histórico de la ciudad, donde los comerciantes han denunciado la presencia de personas en posesión de armas de fuego que no sólo distribuyen productos ilícitos, sino que han convertido a la población y comerciantes de ese lugar en blanco de sus extorsiones o cobro de piso.

Y, de acuerdo con el Gobierno de Estados Unidos, hasta cinco grupos del crimen organizado tendrían presencia en esta capital: los Beltrán Leyva, los Zetas, el Cártel del Golfo, el de Sinaloa –al que se le atribuye el control de las operaciones de narcotráfico en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México– e incluso los Caballeros Templarios.

Otros grupos del crimen organizado identificados por el Gobierno federal mexicano, de acuerdo con lo reportado este mes por el periódico Reforma, son La Unión–Tepito, los cárteles del Sur, de Tlalpan, de Tláhuac y la Familia Michoacana.

“Aquí en el barrio de Tepito, como se sabe, tenemos al grupo delictivo que se autonombra La Unión-Tepito, y tenemos el problema muy fuerte con este grupo, que yo le llamo extorsión pero ellos le llaman cobro por seguridad, cobro de piso, por el que cada puesto semanalmente paga 150 pesos. Pero, de todos modos, no hay seguridad, porque cuando se les antoja abren los locales”, dijo un líder de comerciantes de ese sector en entrevista anterior.

“Al Gobierno no le conviene decir que existe el crimen organizado; pero, si no lo sabe el doctor Mancera, a partir de cinco o seis personas, ya es crimen organizado, y este grupo de 200 personas [en Tepito], ¿qué es?”, agregó el mismo locatario.

SIN EVALUACION NI INTELIGENCIA

Desde el arresto de Dámaso López Núñez, presunto jefe del Cártel de Sinaloa, en un departamento de la colonia Nueva Anzures de esta ciudad, y por el operativo de julio en la delegación Tláhuac, diversos analistas han advertido la falsedad de la afirmación oficial de que el crimen organizado no opera en la capital del país.

“Tanto el Gobierno federal como el de la Ciudad de México hacen grandes esfuerzos para negar lo evidente: los hechos demuestran que la Ciudad de México es parte de un centro neurálgico, estratégico del crimen organizado, que existe y que tiene también algunas particularidades muy específicas que lo hacen diferente al crimen organizado en otras partes del país [por ser la sede de los Poderes políticos], pero de que existe y están aquí, están, y eso lo demuestra la detención de Dámaso López”, comentó en mayo Erubiel Tirado, coordinador del Programa de Seguridad Nacional y Democracia en la Universidad Iberoamericana.

“Lo primero que salta a la vista es que el discurso del Jefe de Gobierno [Miguel Ángel Mancera] de que no hay crimen organizado relacionado con el narcotráfico en la Ciudad de México es completamente falso”, dijo el investigador del Colegio de México (Colmex), José Luis Reyna, luego del operativo de la Semar en Tláhuac.

Pero negar la presencia de este tipo de actividades en la ciudad, han coincidido los analistas, no sólo desconecta el discurso de la realidad sino que, más grave aún, señalan, retrasa cualquier intento de solución ya que, como mencionó Reyna, “la mejor forma de atacar un problema” es reconociéndolo.

No hay tampoco evaluación de los medidas existentes, dice Vélez Salas, sino sólo “reacciones” ante los patrones delincuenciales.

“No podemos saber los resultados que ha tenido cada acción, y eso es una gran deficiencia. Se ha privilegiado una respuesta reactiva, porque si comienzan a detectar determinado patrón de robo en alguna demarcación, lo que hacen es incrementar la presencia policial en la zona, pero como el fenómeno delictivo no es estático, cuando los sujetos activos detectan una acción se trasladan a otra”, plantea.

“No hay prevención, hay una carencia en cuanto a inteligencia policiaca y se dejan de lado las causas”, agrega Vélez.

El resultado, explica, es la adecuación de la sociedad a los fenómenos delictivos, como a los robos con violencia registrados y difundidos esta semana.

“Por ejemplo, las personas en el Cine Tonalá, es posible que su patrón de conducta vaya cambiando, que tendrán otro criterio sobre qué lugares frecuentar o qué cosas que sí llevar y cuáles no. En este sentido, vale recordar la Encuesta de Victimización sobre estos cambios de conducta, en los que se dejan de usar joyas, no circular a solas, etcétera, y finalmente eso va cambiando todo el desarrollo social y económico”, explica.