¿Qué sucede cuando la poesía no sólo se lee en voz alta, sino que se musicaliza? Un buen ejemplo son las composiciones que artistas como Fito Páez y Leonard Cohen realizaron a partir de textos de Federico García Lorca.

En este caso, Anthony Escandón retoma poemas de Nellie Campobello y María Dolores Guadarrama, cuyas palabras expresan el espíritu y ser del norte.

Por Gibrán Lucero

Ciudad Juárez, Chihuahua, 26 de octubre (JuaritosLiterario).- “Todas las artes son capaces de duende, pero donde encuentra más campo, como es natural, es en la música, en la danza y en la poesía hablada, ya que estas necesitan un cuerpo vivo que interprete, porque son formas que nacen y mueren de modo perpetuo y alzan sus contornos sobre un presente exacto” (Federico García Lorca, Juego y teoría del duende, 1933). La aseveración de Lorca en su conferencia dictada en Buenos Aires no deja indiferente a nadie, porque establece una conexión corporal con el espectador, pero también señala el continuo nacer y morir de tales artes, es decir, su carácter efímero e irrepetible: cada canción entonada, poema recitado y danza ejecutada son irrepetibles cada vez que se interpretan.

Pero, ¿qué sucede cuando la poesía no solo se lee en voz alta, sino que se musicaliza? Tenemos innumerables ejemplos que surgen a partir de los versos del propio Lorca por artistas como Vicente Pradal, Teresa Berganza, Fito Páez y el mismo Leonard Cohen. Es precisamente de la musicalización de textos poéticos de lo que trataré aquí, específicamente de la que hace el cantautor chihuahuense Anthony Escandón.

Dicho músico cuenta en su discografía con los álbumes: Anthony Escandón (2014), Perro feroz (2015) y Un sol de amor (2016). Extraigo dos canciones: “Brusca” y “Diente de león”, que parten de textos de Nellie Campobello y María Dolores Guadarrama. Tomo estas dos piezas, entre otras tantas que también nacen de poemas escritos, porque ambas mantienen el espíritu y ser del norte.

El álbum Anthony Escandón abre con el tema “Brusca”, que nace del texto “Yo”, de la autodenominada Centaura del Norte: Nellie Campobello, publicado en el libro Francisca, yo! (1929), bajo el cuidado editorial de Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Alt, quien además realiza algunas ilustraciones para el poemario. Agrupado en pequeñas estrofas que no pasan de tres versos, los cuales tienen una cantidad silábica que va de dos a cinco, el poema se mantiene casi intacto en la transformación musical que realiza Anthony. En cuanto al fondo, los versos denotan la identidad del yo lírico frente a un colectivo que la describe con un carácter duro: “Dicen que soy / brusca”, e incluso inferior e insensato: “Que no sé / lo que digo” por venir de un lugar distinto: “Porque vine / de allá // ellos dicen / que de la montaña / oscura”, aunque al final la voz poética se sobrepone a esas críticas reconociendo el orgullo de su origen. Esto ocurre a través de la luz: “Mas yo sé que / vine de una claridad”, símbolo recurrente en la geopoética chihuahuense por la gran fuerza que con la que el sol baña nuestras tierras.

En 1923, Campobello se trasladó del norte al centro del país: “Yo vine a México a aceptarlo todo, a aprender. Pronto me di cuenta que aquí todo es simulación, componenda, que lo único cierto era lo que nos decía Ella, mamá. Por eso vivo en el pasado: en la infancia y la adolescencia”, según se lee en una entrevista que aparece en Protagonistas de la literatura mexicana, de Emmanuel Carballo. La identidad norteña, en el caso de Nellie, nacida en Durango y residente del estado de Chihuahua, influyó en su lírica y, particularmente, en este poema. Además, toda su producción, en verso y prosa, bebe del recuerdo de infancia y adolescencia.

Oriundo de la capital de Chihuahua, Anthony revitaliza el poema al añadirle unos acordes acelerados en la guitarra. A casi un siglo de su primera publicación, indudablemente el texto conserva su actualidad, como chihuahuenses o norteños nos encontramos que cuando visitamos el centro o sur del país nos preguntan si estamos enojados, alterados quizá. ¡Esos bárbaros! A su vez, la musicalización de Escandón ayuda al rescate de los versos de Nellie, dado que este libro no se había editado desde 1929, hasta 2004 cuando Jesús Vargas y Flor García lo reimprimen en un facsimilar con un estudio biográfico, además de valiosas fotografías.

“Diente de león” es la cuarta pista del álbum Perro feroz. La canción remite al poema “Infancia”, escrito por María Guadalupe Guadarrama (1958), escritora de Cuauhtémoc, Chihuahua, ganadora de la medalla de oro Casa del Poeta Peruano, otorgada por la Universidad Nacional de San Marcos, en Lima, y becaria del Fondo Estatal Para la Cultura y las Artes “David Alfaro Siqueiros”, del Instituto Chihuahuense de la Cultura, en 2012. “Infancia” fue antologado en Evas de un paraíso reencontrado: poesía de las mujeres de Chihuahua (1995), a lado de poetas como la misma Nellie Campobello, Aurora Reyes, Carmen Amato, Micaela Solís, entre otras. Como en la composición anterior, la pieza no sufre grandes cambios a la hora de su musicalización; solo se agrega un eco en algunos versos: “campesinos” y “siempre / al sol”. En su transposición, la canción cuenta con una letra que equivaldría a dos lecturas del poema, acompañado de un arpegio suave que evoca dulzura y quizá el concepto de la misma infancia.

Anthony Escandón retoma poemas de Nellie Campobello y María Dolores Guadarrama, cuyas palabras expresan el espíritu y ser del norte. Foto: Especial

Tanto en el poema como en la canción, encontramos que el campo semántico gira en torno a la flora: el diente de león. Bien como metáfora de la corta etapa de la infancia: “vuelas al tiempo”, o como del desconocimiento de fronteras para la vegetación: “y no reconoces / distancia / no hay fronteras”, así como proliferación: “esparces en el campo / tu suave nube blanca” y como traslado al vuelo: “vuélame ahora / como si fuera papalote”. En los versos finales un arraigo y cariño a su tierra: “Diente de león / flor de mi tierra / imitando siempre al sol”. De nuevo, tenemos el símbolo del astro rey, y el uso de la fauna y flora del estado, tan común en la composición de Dolores Guadarrama, donde se crea una atmosfera que el lector del septentrión nacional identifica como propia.

La misma poeta de Cuauhtémoc es admiradora de la melodía de su composición. Aún con todo el reconocimiento y calidad que tiene en su haber, Guadarrama, no ha tenido el alcance e impacto que debería. Y aunque la “Infancia” que canta Escandón abona a que más personas escuchen su poema, la tarea de divulgación en este caso resulta más difícil al de Nellie, quien está ya consagrada en la literatura mexicana como una de las voces más vivas del siglo XX. El mismo Escandón se abre camino en la música con una poética ya bien definida en sus propias composiciones, como “Perro feroz”, “Deja” o “Tus ojos”, entre tantas otras, aunque aún le falte dar el gran salto a la comercialización de su música.

Quizá esto guarda relación, tanto en el caso de Guadarrama, como en el de Anthony a la centralización del mundo artístico, y con lo que el escritor Jesús Gardea repetía con ímpetu: mientras no se publique en la capital del país, no se obtendrá el reconocimiento necesario. Mientras tanto, la poesía de Nellie Campobello y María Dolores Guadarrama toma nueva vida al sostener y potenciar la música del cantautor, también norteño, Anthony Escandón.