Elaboración de cajeta en Sayula, Jalisco Foto: Cuartoscuro

La cajeta como montaña y río al mismo tiempo. Un alud de lava color de piel morena, que nos vino no como un eureka sino un descubrimiento. ¡Imaginemos la cara de quien, por primera vez, dejando calentar la leche de una bronca, saltarina cabrita, se percató de haberse topado con una verdadera, contundente epifanía! ¡Imaginemos su estar puesto de azúcar, su cara de infinita alegría! / Cajeta, pues como diésel para carcachas viejas de algunos corazones o cuerpos viejos, como un unto para la carcasa de nuestros sueños como barcos oxidados, esperando ser masajeados por galones en los astilleros de las cocinas. / Lechita quemada, lenta como la vida misma, y que tristemente, cuando ya nos atrevimos, hemos aprendimos a saborearla, se acaba. / Deletreo de mamas sagradas, Natura profunda la muy espesa y dilatada, de alta alcurnia su mengambrea, a la espera de retar nuestros arrestos, descifrarnos al cubrir nuestra garganta. / No contamos ovejas al esperar que caiga: contamos cabras. Locas del monte como nuestros deseos, como nuestras ideas. / Y es que debieran irse, se nos van las cabras cuando se acaba la cajeta. / Si se va la cajeta de la alacena la vida la cajetea. / Porque simple y sencillamente, la cajeta es la neta. / Y entonces, ¿por qué no aparece más en nuestra mesa? / Tortillas quemadas con cajeta: una cosa que resume la cosa pendular de nuestra existencia. / Suero de la verdad, la cajeta nos depila la tristeza porque, cuando sube su marea de azúcar a la cabeza, uno no tiene pelos en la lengua. / Cajeta: la mujer maravilla de la mesa. / Radio Cajeta: las ondas herzianas de la nostalgia y la forma más pragmática de remediarla. ¡O crecerla! ¿Comámosla! / Patina de pinturas, caramelo de almas doncellas y plebeyas, terminaremos todos con sus bigotes: he ahí su belleza, su fuerza. / ¡Y vaya que en su espesura lleva el swing, el jazz, la música zigzagueante que, caliente desde el pecho hasta las piernas, avainillada, con las luces del jugo de las cañas o bien requemada, nos lleva por su candela. ¡Candela! ¡Candela! / La fuente de la eterna juventud, al parecer, se halla en Celaya. Y Celaya está en Guanajuato pero ahí la vida no es que valga nada. Y no vale nada justo por la cajeta. Vale por los cientos de cucharadas, las dichas arrancadas en los sofás, las sobremesas, a hurtadillas después de la cena. / Maestra en las artes de salivar la cajeta: maestra para hacer olas y hasta surfear con las tablas sin filo que son los cuchillos de untar. / Cubrimos de tejas un pan todas las mañanas y todos los del planeta, o con algo similar, primo hermano de la cajeta: patrimonio universal esto de impermeabilizar todo con la cajeta. / Y vamos siendo claros. Hablamos mucho del cerdo o la vaca para llevarnos a esa hipotética isla desierta. ¿Y de la cabra no habremos de decir nada? ¿Luego de su queso y este cobertor marrón, la mantequilla que nos endulza da la vida?¿Nada de nada? ¡Cajeta: vete de este planeta y déjanos morir de mala manera! / Con acritud nos doleremos ya que no soltamos una flor a tu dulzura, a tu amor vuelto fango concentrado, a tierra encantada, a pastura vuelta magia: déjanos morir de sequedad, salada tristeza salada. / Y los que se salven coman galletas con cajeta: hostias de la vida antigua y moderna. / Su brea: autoridad en leche cuasi materna, acción y reacción de la Poesía sobre la tatema. Cajeta, cosa de tetas y lengua materna. Por eso los niños son expertos en la materia / Hot cake, le decimos, pero deberíamos pactar en un estilo: si lleva cajeta llamémosle “panqueca”. Por un gusto del idioma y las lenguas de Hispanoamérica. / ¡Qué ritmo y que alquimia! ¡Qué sabiduría! / Leche saltimbanqueada por ubres saltarinas, pastura verde que se torna oscura luego de ser alba, y luego parsimonia sabia al verterse, poco a poco del recipiente. ¡Que metáfora tan bella nos regala en su cámara lenta! Tal y como los seres vivos, vivimos el tiempo, nuestros cambios. Que somos energía y materia que se transforman. Que ni nos creamos, ni nos destruimos solamente sino que también podemos transformarnos. / Por ejemplo: luego de una cucharada de cajeta, cambian los humos, cambian los ánimos. Un baño, un par de tazas de café, “Las Bodas de Fígaro”, pan mantequilla y cajeta. ¡Que tal desayuno en verdad nos cambia la jeta! / Vamos pues a hundirnos en ella, nos acompañe en todos los viajes dentro de nuestras maletas. Cajeta, diosa cajeta, gracias en verdad por tu gracia, regresarnos a la vida y sus bellezas.