La prohibición de plásticos de un solo uso ha generado polémica y malestar en la industria. Foto: Cuartoscuro

Por Ornela Garelli Ríos*

A menos de un mes de la entrada en vigor de la prohibición de bolsas de plástico de un solo uso en la Ciudad de México, la industria del plástico se ha unido para articular una respuesta en contra de la misma. Las medidas y los argumentos han sido muchos, pero detrás de todos se encuentra un interés por mantener un status quo que privilegia intereses particulares sobre el bienestar del planeta y el interés común.

Durante el mes de enero de este nuevo año, hemos podido ver a comercializadores y productores de bolsas plásticas y otros productos del mismo material manifestándose frente a la Secretaría del Medio Ambiente de la CDMX (SEDEMA), buscando reuniones con ésta, organizando conferencias de prensa, asistiendo a entrevistas con medios de comunicación y hasta presentando amparos en contra de la medida de prohibición.

En todos estos escenarios han llevado un discurso prefabricado en contra de las prohibiciones no sólo de las bolsas sino de diversos productos de plástico de un solo uso que se ampliarán en la ciudad el próximo año. Dicho discurso se articula en torno a diversos argumentos, algunos basados en mentiras descaradas para engañar a la gente, otros en interpretaciones manipuladas de la realidad y algunos más en la defensa de su modelo de negocio.

Por razones de espacio, únicamente haré referencia a dos de estos argumentos que considero vale la pena discutir: 1) La prohibición dañará el desarrollo económico del país, particularmente por la pérdida de miles de empleos en la industria del plástico, directos e indirectos; y 2) Prohibir no es la solución, la solución estriba en brindar educación ambiental a las personas (para que aprendan a tirar la basura en su lugar), que el gobierno mejore el servicio de gestión de residuos así como reciclar más y mejor.

Ante el argumento económico, estamos de acuerdo en que el desarrollo económico de nuestro país y los empleos de todas las personas son importantes, sin embargo, de ninguna forma, éste debe darse a costa de nuestro medio ambiente, ni por encima del derecho humano a un medio ambiente sano. Además, la producción y venta de bolsas sólo representa entre el 1 y el 3% del negocio de la industria plástica, por lo que en realidad la medida en vigor no va a llevar a la desaparición de esta industria, como algunos de sus voceros aclaman, sino que más bien le abre la oportunidad para transformarse a partir de los imperativos sociales y ambientales actuales. A lo largo de la historia, las industrias se han transformado para responder a modas, cambios tecnológicos, preferencias de los consumidores, etc., ya que de no hacerlo desaparecerían ¿Por qué entonces no transformarse para responder al imperativo ambiental que representa la contaminación por plásticos?

El bienestar del planeta y de todas y todos los que habitamos en él no debe verse amenazado por una industria que basa su modelo de negocio en la producción y venta de productos desechables, que se utilizan solo un par de minutos o un par de veces y que después van a la basura, fabricados además de un material indestructible que se queda en la naturaleza por miles de años, causando graves daños a la fauna y a los ecosistemas en general. La industria plástica tiene la responsabilidad de innovar y brindar a sus clientes productos alternativos con nuevos diseños y materiales que no sean dañinos para el medio ambiente ni para la salud humana.

Finalmente, ante su propuesta de soluciones al problema (educación ambiental, mejora en la gestión de residuos y reciclaje), consideramos que si bien todas estas medidas son muy importantes y deben ponerse en marcha, no son la solución que va a acabar con la contaminación por plásticos, ya que el origen del problema se encuentra en otro lado. Así, la causa de esta problemática ambiental se halla en nuestra cultura del usar y tirar y en la producción y consumismo excesivos de productos desechables que están generando residuos dañinos para el medio ambiente.

Ante esto, la solución de raíz es otra y se basa en una reducción significativa en la misma producción y consumo de los plásticos de un solo uso, donde las medidas de prohibición de los mismos, como la implementada en nuestra ciudad, tienen un papel muy importante para reducir las grandes cantidades de desechos que se generan. Asimismo, debemos dejar atrás esta cultura del usar y tirar basada en nuestra comodidad de comprar productos desechables que no debemos lavar, guardar, cargar, etc. pero que está inundando el planeta con residuos que no deseamos. Ante esto, debemos privilegiar productos que estén diseñados para tener una vida útil larga y que estén elaborados con materiales durables, reutilizables, no tóxicos y no dañinos para el planeta.

Nos encontramos en medio de una crisis ambiental a escala planetaria, donde la contaminación por plásticos agrava los dos principales problemas que enfrentamos como humanidad, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad (más de un millón de especies se encuentran en peligro de extinción), por lo que las soluciones no pueden ser cosméticas, necesitamos cambios sistémicos.

*Ornela Garelli Ríos es responsable de la campaña de Océanos sin plásticos de Greenpeace México

Mayor información en www.greenpeace.org.mx