“Hacinar animales provocó una pandemia que ha sido un golpe más económico que de salud y no tenemos miedo”. Foto: Unsplash

¿Qué necesita suceder para que experimentemos miedo por las consecuencias de nuestras acciones? Se me ocurre que la inmediatez de dichas consecuencias. ¿Dejarás de limpiar las ventanas parado sobre un banquito colocado en una silla hasta que caigas por perder el equilibrio?

¿Tendrás miedo a manipular el calentador de agua cuando una llamarada te deje sin cejas y pestañas? ¿Dejarás de golpear a alguien cuando te regresen la violencia al doble? Al menos de momento, porque si algo hemos aprendido es que no aprendemos.

Ante las recomendaciones oficiales de mantener el distanciamiento social hemos respondido con indiferencia o sorna. Con careta, guantes, una pancarta y entre lágrimas, una enfermera reclamaba a largas filas de compradores que buscaban comprar cerveza en el estado de Chihuahua: “Mientras personal de salud está arriesgando su vida, tú estás comprando cerveza”.

La actual contingencia también golpeó a la industria cervecera que, aceptémoslo, no es una esencial para continuar con la vida diaria. Sin embargo el alza de precios y escasez de este producto sí desencadenó una ridícula oleada de compras de pánico entre muchos ciudadanos.

No debe servir como consuelo pero los mexicanos no somos los únicos que están actuando como verdaderos imbéciles. Londres, el país con más muertos por COVID en Europa, también registró miles de bañistas en las playas de Essex. Grupos de amigos y familias decidieron que su entretenimiento vale más que la seguridad de sus seres queridos y de otras personas.

Y a veces sí sentimos miedo pero la ignorancia y la necedad nos lleva por la dirección equivocada. Ya no me alcanzan los dedos de las manos para contar a aquellos que han expresado abiertamente su reticencia a acercarse a personas con rasgos asiáticos por temor a contagiarse, sin importar las razones o nacionalidades por las cuales su rostro se ve como se ve.

En Alemania han salido a la luz las condiciones en las que viven migrantes, en su mayoría rumanos, que laboran en mataderos. Más de 260 han resultado contagiados de COVID. Alojados en instalaciones que no les permiten tener distanciamiento social y expuestos a bajas temperaturas todo el tiempo estos trabajadores eran una tragedia anunciada. Los alojamientos, provistos por los dueños de estos rastros, no son gratis, los trabajadores los rentan y deben cubrir las cuotas les paguen o no. Ahora los inmigrantes son un motivo de temor y se concluyó que el problema son ellos, nos las condiciones en las que trabajan.

Cada vez que el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático saca un nuevo reporte las predicciones se vuelven más ominosas. En 2014 se previó un aumento de temperatura de 5ºC, en 2019 reportaron que podrían ser hasta 7ºC. Llevamos 1ºC y ya estamos sufriendo sequías e inundaciones. Una tarde de lluvia en la segunda semana de este mes, dejó en Monterrey dos persona fallecidas, 5 lesionadas, doce tráileres volcados y deslaves.

Hacinar animales provocó una pandemia que ha sido un golpe más económico que de salud y no tenemos miedo. Vimos arder bosques y animales y no tenemos miedo. Las olas de calor se están presentando cada tres o cuatro años cuando solían ser 20 años que las separaban una de la otra. Y seguimos sin tener miedo.

¿Qué tipo de consecuencias necesitas para cambiar la manera en la que tratas a otras especies y a la tuya? ¿Qué es lo que te va a hacer sentir miedo?