Cada vez hay más evidencia de que los peces sí tienen la capacidad de sentir dolor y responden a estímulos. Foto: Pixabay

¿Qué tanto sabes realmente sobre los peces? Quizá sepas que son atrapados principalmente por redes de arrastre, quizá hasta sepas que existen granjas flotantes de peces, tal vez tuviste una pecera en casa y hasta conoces las distintas maneras en que puedes cocinar sus cuerpos.

El hecho de que rara vez estemos en contacto con los peces en su entorno natural cambia nuestra percepción sobre ellos y nos hace tener una desconexión grande. Viven en un medio que a pesar de que ha sido muy estudiado, es tan enorme y complejo que sigue siendo un gran misterio. Pocas personas han tenido la oportunidad de convivir con ellos y ver la manera en la que se comportan en sus entornos naturales. La gran mayoría de las personas, lo más cerca que han estado de convivir con un pez, es cuando los tienen encerrados en peceras o en acuarios, donde no tienen la oportunidad de expresar sus verdaderos patrones de comportamiento. Otra de las ocasiones en las que están en contacto con los peces es cuando se sientan a comer, pero éstos se encuentran ya sin vida en el plato.

Uno de los factores que definen la manera en la que percibimos a otras especies, tiende a ser su inteligencia y su capacidad para sentir dolor, para algunas personas esto es lo que define si formarán parte de su círculo de consideración moral o no. El antropocentrismo tiene mucho que ver con esto, ya que, si alguna especie no es tan parecida a la nuestra, especialmente si no son mamíferas, tendemos a empatizar menos, como sucede en el caso de las aves y los peces. En el caso de los peces, algunos de los factores que lo hacen difícil tiende a ser que no podemos escucharles vocalizar sin utilizar equipo especial, no vivimos en su mismo entorno y sus expresiones faciales no son muy marcadas.

La gran mayoría de las personas, lo más cerca que han estado de convivir con un pez, es cuando los tienen encerrados en peceras. Foto: Vegan Outreach

La evidencia emergente también sugiere que, a pesar de nuestras diferencias físicas, el cerebro de los peces es más similar al nuestro de lo que se pensaba anteriormente. También se ha comprobado que tienen excelente memoria de largo plazo, pueden recordar largas rutas migratorias, saben trabajar en equipo e incluso utilizan herramientas para atrapar a sus presas y para abrir y mover objetos. ¿Sabías que los peces recurren a sonidos en una manera similar a la de los animales terrestres? Tienen distintas vocalizaciones para elegir a sus parejas, para navegar y se cree que hasta 50 por ciento de las especies de peces emite algún tipo de sonido o corriente eléctrica para comunicarse.

Cada vez hay más evidencia de que los peces sí tienen la capacidad de sentir dolor y responden a estímulos. Tienen receptores del dolor parecidos a los nuestros, análogos e incluso se dice que los receptores de todos los vertebrados son derivados de una especie de pez ancestral. A pesar de esto, sufren muertes lentas y dolorosas a manos nuestras. El cambio de presión al ser sacados del agua hace que sus órganos exploten, mueren sofocados y muchas veces aplastados por otros peces. Son tantos los individuos que son atrapados con las redes que la cantidad es casi imposible de calcular, así que se pesan por toneladas, no por individuos capturados. Son los animales más explotados del mundo.

Dejar de ver a los peces como “pescado”, como comida y comenzar a verles como lo que son: individuos con capacidad de sentir. Foto: Vegan Outreach

En lo personal, tomar como referencia la inteligencia de individuos de otras especies no fue un factor que influyó a la hora de decidir dejar a todos los animales fuera de mi plato. El propósito de mi escrito es invitar a la reflexión, de dejar de ver a los peces como “pescado”, como comida y comenzar a verles como lo que son: individuos con capacidad de sentir, con derecho a una vida en libertad y con deseos de vivir. Nuestras elecciones a la hora de comer pueden salvar vidas.