La nueva temporada arranca metida de lleno en un universo que ya se presentó en el último capítulo de la primera tanda: con el protagonista en plena lucha por derrocar a la veterana Dede Standish en la carrera por el Senado del estado de Nueva York.

Por Laura Pérez

Madrid, 27 de junio (ElDiario.es).- “Cuanto más creces, más complicado es el mundo”. Con esta reflexión resumen Payton Hobart (Ben Platt) y el equipo de su gabinete el salto que experimentan en la segunda temporada de The Politician, la ficción de Ryan Murphy que regresó a Netflix el pasado 19 de junio con más sátira política. Unas palabras que también reflejan la evolución de la propia serie, que se complica un poco más la vida con la llegada de la madurez. Pero empecemos por el principio.

La nueva temporada arranca metida de lleno en un universo que ya se presentó en el último capítulo de la primera tanda: con el protagonista en plena lucha por derrocar a la veterana Dede Standish en la carrera por el Senado del estado de Nueva York. Ella es la líder en funciones desde hace años y él, recién graduado, debe decidir qué tipo de político quiere ser para alcanzar la cima.

Payton ya no está en el instituto, y lo suyo ya no es un juego por ser elegido el presidente del consejo de estudiantes. Su ambición desmedida se traslada ahora al terreno político real, donde la sátira de Murphy cobra otra dimensión. El creador sale de un terreno que domina a la perfección, el de las aulas y los dramas adolescentes, para defenderse en otro mundo en el que también tiene práctica, pero en el que en esta ocasión demuestra menos atino.

RYAN MURPHY MANTIENE SU TONO, PERO PIERDE FRESCURA FUERA DE LAS AULAS

En su segunda temporada, The Politician sigue siendo Ryan Murphy en estado puro. De eso no hay dudas. La serie mantiene su tono excéntrico, desenfadado e incluso escandaloso por momentos, pero cuesta encontrar la frescura y la impredecibilidad que caracterizó a una primera tanda de capítulos redonda.

La serie ya sabe a lo que juega y el espectador conoce el producto al que se enfrenta, por lo que el primer episodio arranca con todo en marcha y casi sin tiempo para recordar dónde se quedó la historia de Payton y los suyos. El ritmo es alto, pero los capítulos son menos ligeros que de costumbre y por momento se hacen demasiado cuesta arriba.

La serie ya sabe a lo que juega y el espectador conoce el producto al que se enfrenta. Foto: Netflix

Buena parte de culpa la tiene la ausencia del personaje de Dusty Jackson (Jessica Lange) y la pérdida de protagonismo de una Infinity (Zoey Deutch) infinitamente desaprovechada. Ambas fueron uno de los motores principales de la serie en su aplaudida primera temporada, y aunque su historia ya estaba contada, es de lamentar que no se haya encontrado una trama nueva a la altura de los personajes.

Tampoco ayuda que la participación de Gwyneth Paltrow como Georgina Hobart sea más bien escasa y que no se saque partido a la relación personal y profesional con su hijo teniendo la oportunidad en bandeja de plata.

LO POSITIVO DEL SALTO AL MUNDO ADULTO

El salto al mundo adulto no solo tiene consecuencias negativas en la serie, que también se beneficia del nuevo universo político de Payton. La mejor noticia es la incorporación de Judith Light y Bette Midler como Dede Standish y Hadassah Gold, la oposición en la carrera del joven protagonista.

Ambos personajes, dos mujeres poderosas, pasan de invitadas a activos principales acaparando tramas, llevando el peso de la ficción durante toda la temporada e introduciendo temáticas nuevas. Con ellas, el sexo y las relaciones personales tienen más peso en esta segunda temporada.

Ambos personajes, dos mujeres poderosas, pasan de invitadas a activos principales. Foto: EFE

También lo tienen temas de relevancia actual y mundial como el racismo, la apropiación cultural, el medio ambiente y el aborto, que se abordan con un equilibrio perfecto de sátira y crítica. Si ya en la primera tanda de capítulos se reflejaban con acierto los entresijos de la política trasladada a un entorno escolar, The Politician desnuda ahora las vergüenzas de una carrera marcada por las alianzas, las traiciones y la dudosa moralidad de sus protagonistas.

En definitiva, la temporada tiene el aprobado, pero se queda lejos del sobresaliente de la primera.

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