Después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) diera un amparo al narcotraficante Rafael Caro Quintero, también conocido como el “narco de narcos”, el sinaloense fue liberado en agosto de 2013. Recientemente le tocó el turno de quien fuera su socio en la organización del Cártel de Guadalajara, Ernesto Fonseca Carrillo, alias “Don Neto”, quien, luego de 32 años en la prisión de Puente Grande, en Jalisco, saldría para terminar su condena en casa.

Hoy por hoy, el “narco de narcos”, el ser en el que se originó el narcotráfico moderno, preso sólo 28 de los 128 años que tenía como condena, dirige –otra vez o como siempre- una organización que trafica con estupefacientes en las rutas hacia Estados Unidos. Foto: Especial

El “narco de narcos”, preso 28 de los 128 años que tenía como condena, sería la cabeza de una organización que trafica con estupefacientes en las rutas hacia Estados Unidos. Foto: Especial

Ciudad de México, 27 de julio (SinEmbargo).– La fragmentación de los grupos delictivos como Los Zetas modificaron la estructura de los grandes cárteles y hoy, de acuerdo con especialistas, sólo sobreviven dos: el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), lo que no significa que la violencia diminuya en el país, sino al contrario: en este reacomodo han surgido pequeños grupos criminales regionales que hoy se disputan violentamente distintos territorios. Además, dos grandes capos, históricos incluso, parecen estar dispuestos a retomar su posición de liderazgo.

Después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) diera un amparo al narcotraficante Rafael Caro Quintero, también conocido como el “narco de narcos”, el sinaloense fue liberado en agosto de 2013. Ahora toca el turno de quien fuera su socio en la organización del Cártel de Guadalajara, Ernesto Fonseca Carrillo, alias “Don Neto”, quien tras pasar 32 años en la prisión de Puente Grande, en Jalisco, se prepara para completar su sentencia desde casa.

En enero de 2015, Caro Quintero fue declarado culpable del homicidio de Enrique Camarena “Kiki Camarena” por un tribunal federal y se emitió una nueva orden de aprehensión en su contra. Actualmente es considerado prófugo de la justicia tanto en México como Estados Unidos, que además ofrece una recompensa de cinco millones de dólares por su recaptura.

Hoy por hoy, el “narco de narcos”, a quien se le atribuye el origen del narcotráfico moderno y quien estuvo preso 28 de los 128 años que tenía como condena, es supuestamente el líder de una organización que trafica con estupefacientes en las rutas hacia Estados Unidos, de acuerdo con reportes de la Drug Enforcement Organization (DEA).

En Badiraguato, Sinaloa, su tierra, la guerra pausada ha vuelto a empezar. Y en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde fincó sus dominios y propiedades famosas como los ranchos “El Búfalo”, “El Vaquero” y “Pocitos” se habla de las señales que dan cuenta de su presencia.

Rafael Caro Quintero fue detenido en una hacienda de Costa Rica en abril de 1985 por una pesada carga de culpas. Identificado como el dirigente de la organización criminal denominada Cártel de Guadalajara, traficaba droga hacia Estados Unidos y además, se afirmó, había asesinado al agente encubierto Enrique Camarena Salazar, también conocido como “Kiki”, y al piloto aviador Alfredo Zavala, ambos integrantes de la DEA [Drug Enforcement Administration, por sus siglas en inglés].

Sin embargo, en una entrevista publicada apenas el domingo pasado por el semanario Proceso, Caro Quintero negó haber asesinado a “Kiki” Camarena.

“No lo secuestré, no lo torturé y no maté” al agente de la Agencia Antidroga (DEA), dijo el fundador del Cártel de Guadalajara, quien admitió haber estado “en el lugar equivocado”, pero nada más.

Tras sus casi tres décadas en prisión aseguró que ahora sólo busca paz y pide “perdón a la sociedad de México”, a la familia del agente encubierto de la DEA y al Gobierno de Estados Unidos si en algo participó o estuvo involucrado.

Sentado en un banco de madera y ataviado con pantalón, camisa y gorra azul, Caro Quintero señaló que ya pagó su culpa y que hace 31 años dejó de ser narcotraficante.

También rechazó tener problemas con alguna agrupación dedicada al tráfico de drogas y contó que los líderes del Cártel de Sinaloa, Ismael Zambada García, “El Mayo”, y Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo” –actualmente preso y a la espera de ser extraditado a EU tras dos fugas de cárceles mexicanas– lo visitaron en 2013 tras su liberación.

De “El Chapo” dijo que es su amigo desde la infancia, que le respeta y que en el encuentro que sostuvieron le comentó que “ya no quería saber nada de cuestiones ilícitas”.

CARO QUINTERO EN BADIRAGUATO

Su padre falleció cuando él tenía 13 años de edad y entonces se hizo cargo de una familia de 12 hermanos que se distribuyeron para vivir en varios municipios de Sinaloa y Jalisco.

A los 18 años, se convirtió en chofer de carga en Culiacán. En ese trabajo estaba cuando conoció a Ernesto Fonseca Carrillo y a Juan José Esparragoza Moreno, también conocido como “El Azul”. Pronto conformarían una tríada.

Tres décadas después de que Rafael Caro Quintero se convirtiera en el líder del cultivo y trasiego de drogas en México, su pueblo, Badiraguato, se deshace atajado por un binomio: la miseria y la guerra.

Badiraguato es de los 200 municipios con los niveles de miseria más dramática en México. En otras palabras, en la cuna de los narcos más famosos, en la génesis de la violencia en el país, la mitad de los 30 mil habitantes vive en crisis alimentaria, en casas de lámina, sin zapatos y con pocas posibilidades de estudiar. Igual que cuando Rafael Caro Quintero nació y creció ahí.

En su accidentado mapa se ramifican tres generaciones de nombres de hombres con enigmáticas e intrincadas leyendas. En los 40, nacieron ahí Pedro Avilés Pérez, Ismael “El Mayo” Zambada y Juan José “El Azul” Esparragoza. Diez años después la misma tierra parió y crió a Fonseca Carrillo,  Caro Quintero e Ignacio Coronel Villarreal. Luego, Joaquín Guzmán Loera vio la primera luz y se hizo adolescente en esos mismos montes, casi al mismo tiempo que sus primos: los cinco hermanos Beltrán Leyva.

El semanario sinaloense Ríodoce ubicó el origen de este desajuste en el asesinato de Ernesto Guzmán Hidalgo, en abril de 2015. Fue medio hermano de Guzmán Loera y en la la sierra corrió la versión de que lo había mandado matar Aureliano Guzmán Loera, “El Guano, hermano de padre y madre de “El Chapo.

El ajuste de cuentas habría ocurrido porque don Ernesto no era confiable para la estructura de los Guzmán Loera. Era padre de Patricia Guzmán Núñez, esposa de Alfredo Beltrán Leyva, “El Mochomo”.

Caro Quintero fue detenido en la Quinta La California, dentro de la comunidad de San Rafael de Ojo de Agua en Alajuela. Con él estaba Sara Cosío Vidaurri Martínez –sobrina de Guillermo Cosío Vidaurri, ex Gobernador de la entidad y ex presidente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI)–, quien en un inicio fue considerada como secuestrada y posteriormente declaró ser pareja del narcotraficante.

La captura de Caro fue posible por la intervención de los teléfonos de la familia de Cosío, a la que ella llamó ese año e informó: “Yo no estoy secuestrada… yo estoy enamorada de Caro Quintero”. Así es como la DEA dio con el paradero del líder del Cártel de Guadalajara.

AL QUITE POR LA PLAZA DE JUÁREZ

A principios de este mes, el titular de la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE) de Chihuahua dijo que, de acuerdo con información de inteligencia militar que le fue proporcionada, Caro Quintero, aliado con el Cártel de los Beltrán Leyva, pretendía llegar a la entidad para disputarse el control del punto de trasiego de drogas de Ciudad Juárez, por lo que se preveía un recrudecimiento de la violencia en la entidad.

En las declaraciones que fueron difundidas por El Diario de Juárez, el Fiscal detalló que la intención de Caro Quintero es operar en la entidad y disputarse la plaza con el Cártel de Sinaloa que se ha visto debilitado. Incluso señaló que debido a la detección de grandes cantidades de droga, así como el recrudecimiento de la violencia en Ciudad Juárez, hacen pensar a la dependencia que el Cártel ya hizo presencia.

Un ex funcionario de la Administración para el Control de Drogas (DEA) y la Fiscalía de Chihuahua confirmaron que Rafael Caro Quintero regresó al negocio del narcotráfico y busca pelearle a Joaquín “El Chapo” Guzmán el control de Ciudad Juárez y otras zonas de Chihuahua.

En tanto, autoridades de Durango confirmaron que ante el reciente incremento de violencia en Tamazula, elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) blindaron las inmediaciones del municipio, para evitar que grupos de la delincuencia organizada ingresen a la zona.

“Estas áreas han sido complicadas históricamente. Nosotros hemos tenido mucho acercamiento con el Ejército mexicano, hemos expresado nuestra preocupación al respecto. Ha habido de parte de Sedena una recepción muy importante, muy serie de este tema. Hay un despliegue importante de activos de Ejército mexicano que sin duda estarán ayudando a estabilizar esta área del estado”, expuso Miguel Ángel Olvera Escalera, Secretario General de Gobierno, al diario Milenio.

KIKI CAMARENA

La recompensa de la DEA. Foto: DEA

La recompensa que hoy ofrece la DEA por Rafael Caro Quintero. Foto: DEA

La polémica por el asesinato del agente Enrique Camarena Salazar en 1985 continúa generando controversia. Tras la exoneración de Caro Quintero en 2013 surgieron nuevas inquietudes en torno a su asesinato poniendo en jaque a las autoridades de la DEA y al Senador mexicano Manuel Bartlett Díaz.

El año pasado, el agente de Dirección Estadounidense de la DEA y encargado de la llamada “Operación Leyenda”, Héctor Berrellez, concedió una entrevista para la agencia de noticias Xinhua, donde aseguró que el secuestro y tortura de Enrique Camarena fue a cargo del mismo Bartlett, quien en ese entonces se desempeñaba como Secretario de Gobernación en la administración del Presidente Miguel de la Madrid Hurtado.

“Quiero recalcarle que Manuel Bartlett, quien fue Secretario de Gobernación de México, no nada más dio la orden de asesinar a Enrique Camarena. Él también dio la orden de que asesinaran al periodista Manuel Buendía, éste último quien investigaba el involucramiento de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) con el narcotráfico en México”.

Sin embargo, Berrellez aseguró que aunque el capo es el asesino material de Camarena existen otras personas como autores intelectuales de su homicidio.

Berrellez, en su investigación, dice que Camarena descubrió la relación de la CIA con el cártel de Caro Quintero y entonces fue secuestrado y torturado con la intención de interrogarlo para saber hasta dónde había llegado la información que él mandó a Washington sobre esta relación criminal de la CIA con el narcotráfico.

Berrellez aseguró que la decisión de secuestrarlo fue de Félix Rodríguez, agente de la CIA, el mismo que estuvo presente en la muerte de Ernesto “El Che” Guevara en Bolivia. El objetivo era saber cuánto sabía de las ligas entre narcotraficantes, funcionarios mexicanos y la CIA para llevar dinero a Nicaragua, “pero se les pasó la mano en el interrogatorio y lo mataron”.

Camarena fue secuestrado al salir del consulado de Estados Unidos en Guadalajara y llevado a la casa de Rubén Zuno Arce, cuñado del ex Presidente Luis Echeverría Álvarez. Zuno Arce murió en una prisión de EU en el 2012, acusado de haber participado en ese homicidio. Ese día, añadió, interrogaron tanto a Camarena como al piloto Zavala Avelar.

Otro testigo protegido, identificado como José, relató también que en el interrogatorio estuvieron, entre otros, Manuel Bartlett, quien incluso le hizo varias preguntas.

“DON NETO”, CON UN PIE AFUERA

Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”, de 86 años de edad, padece 19 afectaciones a su salud y continúa recluido en el penal de máxima seguridad en Puente Grande, Jalisco, según ha informado su familia. Foto: Especial

Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”, de 86 años de edad, padece 19 afectaciones a su salud y continúa recluido en el penal de máxima seguridad en Puente Grande, Jalisco, según ha informado su familia. Foto: Especial

El pasado 22 de julio, la Secretaría de Gobernación (Segob) dio un plazo de tres días para que el narcotraficante Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”, socio de Rafael Caro Quintero, sea trasladado del penal de máxima seguridad de Puente Grande a su casa en el Estado de México, donde concluirá su sentencia.

La orden de la Segob se da luego de que un tribunal unitario autorizara la prisión domiciliaria en una finca del Estado de México para el hombre de 86 años, sentenciado a 40 años de prisión por homicidio, de los cuales ha purgado ya 31.

En el oficio DGPC/413/2016 la dependencia federal ordena el traslado en un plazo de tres días hábiles, una vez que el Comisionado del OADPRS, Guerrero Durán, sea notificado de esta orden, lo cual no ocurrió hasta el viernes pasado, según Yoanna Fonseca, hija de “Don Neto”, quien acusó al funcionario de retrasar el traslado del narcotraficante.

De no cumplir la resolución del tribunal, Guerrero Durán podría recibir una multa de 100 días de salario mínimo y otras sanciones penales y administrativas, de acuerdo con el oficio.

Desde la liberación de Rafael Caro Quintero –hace casi tres años– ya se había especulado acerca de la posible liberación de Ernesto Fonseca Carrillo.

No sólo Rafael Caro Quintero: Ernesto Fonseca Carrillo, conocido en el mundo del hampa de los 1980 como “Don Neto”, también habría quedado libre este día”. Así se lo dijo al diario mexicano Milenio José Luis Guízar, abogado en ese entonces de Ernesto Fonseca.

El abogado dijo que los familiares del narcotraficante le informaron que ya estaba libre y por cuestiones de salud lo trasladaban a la Ciudad de México.

Hoy, esa predicción sobre Fonseca Carrillo –quien es también tío de Amado Carrillo Fuentes, conocido como “El Señor de Los Cielos”– parece estar ya cerca.

En tanto, “Don Neto”, de 86 años de edad, padece 19 afectaciones a su salud y continúa recluido en el penal de máxima seguridad en Puente Grande, según ha informado su familia. Sin embargo, en las próximas horas podría salir del centro penitenciario en el que ha pasado ya tres décadas.