Retrato de mi madre con perros revela a Daniel Rodríguez Barrón “como uno de los más singulares escritores del panorama mexicano actual, capaz de conjugar el horror de la imagen apocalíptica con la belleza simple de la vida”. En entrevista con SinEmbargo, el autor habla sobre el miedo y el futuro. 

Ciudad de México, 27 de julio (SinEmbargo).– Tener miedo hace que busques soluciones extremas, como militarizar el país, dice Daniel Rodríguez Barrón, periodista y escritor mexicano.

A Rodríguez Barrón dice que Retrato de mi madre con perros, su novela, es respuesta al miedo que ha sentido en el México de hoy, el México violento.

“Jacobo está pensando todo el tiempo que alguien va a tocar la puerta y se lo llevará a una cárcel, a un crematorio, a golpearlo, a secuestrarlo. Creo que esta novela quiere hablar de cómo los de a pie vivimos la violencia. ¿Cómo nos cambia la violencia? Comenzamos a protegernos. Mandamos el mensaje de que vamos para la casa. Tomas prevenciones que no se tomaban antes. Ni mis padres tomaban esas prevenciones y no se sentían angustiados. Ahora debo estar comunicándome con mis seres queridos con cierta regularidad”, señala el autor.

Retrato de mi madre con perros revela a Daniel Rodríguez Barrón “como uno de los más singulares escritores del panorama mexicano actual, capaz de conjugar el horror de la imagen apocalíptica con la belleza simple de la vida”, de acuerdo con Grupo Planeta.

En entrevista con SinEmbargo, Daniel Rodríguez habla sobre sus personajes y la oscuridad de un México que arroja a jóvenes desde grúas.

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–¿Cómo hacemos una buena entrevista? Tú has entrevistado a muchas personas.

–Depende. Si vas a entrevistar e un escritor, debes leer el libro. Hay que preguntarse qué quiso decir el escritor. No importan las aventuras del personaje, sino lo que quiso decir el escritor. ¿Qué fue lo que él pensaba cuando estaba escribiendo? ¿Lo logró? Esa sería una buena pregunta. Luego tratar de sacarle la nota. Tú lo sabes.

–Cuéntanos un poco sobre Jacobo Flores, el protagonista de Retrato de mi madre con perros.

–Jacobo es un hombre como casi todos los hombres en mis novelas, en mis textos. Es un hombre que ya no se siente a gusto. No sabe qué lugar le corresponde a su sociedad. Estamos en el 2070 y ya no sabe si es el bueno, si es el malo. Lo que quiere es regresar al lugar en el que se siente protegido. ¿Dónde te sientes más protegido? Pues con tu madre. Lo que él quiere… ya no se siente bien con su trabajo, con su físico, se siente mal consigo mismo. No se siente bien con su sexo. Entonces decide volver al origen: el mundo confortable de la madre. ¿Quién es Jacobo? Es un hombre divido, herido. Es alguien que ya no se siente cómodo con nada. Busca el martirio.

–En la novela plateas un futuro terrible. ¿Qué tan lejos estamos?

–No tan lejos. No me fui demasiado lejos. Llego al 2070. Es muy cerca. Lo mandé al futuro porque me daba la oportunidad de extremar ciertas situaciones. Una época en la que el Internet nos controlara por completo; que todo lo hiciéramos con las redes; que estuviéramos vigilados más de lo que estamos ahora. La distopía ya la estamos viviendo ahora. Si tú ves a tu alrededor, puedes ver cosas increíbles. Podemos ver asesinatos en tiempo real. Como lo que pasó el otro día, la muchacha que arrojaron de una grúa. Eso no es normal. La distopía es sólo subrayar esas cosas. Estamos muy cerca. Podría decirte que vivimos en una distopía, pero no nos damos cuenta o nos conviene darnos cuenta. Creo que ya estamos en esa distopía. Todos los días nos dicen del cambio climático, del aumento del calor… Eso no ocurría en otros momentos de la historia.

–¿Llegaremos al 2070?

–Creo que todavía llegaremos a un poquito más, pero no mucho más. Comienza a desplazarse gente… El problema de la migración un día será por el cambio climático. Habrá países en los que no se podrá vivir. En mi distopía inventé que hay excedentes, humanos que sobran, y el mundo busca liquidarlos. ¿Quiénes son? Los que están inconformes, los que no siguen las reglas del sistema. En mi distopía hay gente que tienes que descartar. Se inventan una peste para hacerlo.

–Cuéntanos sobre la madre de Jacobo.

–Es aterradora y tierna, como todas las madres. Es una madre monstruo y una madre nutricia. Es una virgen. Lo que yo planteo es que Jacobo se da cuenta que desconocemos a nuestros padres. Los conocemos sólo como nuestros padres, como si no tuvieran una vida privada y los padres tienen una vida privada, deseos propios, esperanzas propias que no reconocemos. Quisiéramos que nuestros padres no tuvieran otro centro más que el de nuestra propia existencia. Lo que sucede con este personaje, la madre, es que le hace saber a Jacobo que es una mujer completa, que tiene profesión, deseos, que vive conforme a esos deseos. Es una madre incómoda. Es una madre que quiere refugiarse y los brazos que lo reciben son los brazos castrantes. Es el juego de Edipo. Hago muchas referencias al teatro. Son madres que no se deciden por aniquilar al hijo, pero tampoco por echarlos al vuelo. Es una actriz, una mala actriz. El hijo la venera.

–Eres alguien que ha ganó premios. Eres dramaturgo, periodista, documentalista. ¿Quién eres hoy?

–El narrador. No porque no quiera ser los otros, sino porque fueron las circunstancias. No se vive de escribir novelas. Entonces tienes que ejercer el periodismo, las clases, el guión. Son trabajos alimenticios, sin que eso sea denigrante. Viví gracias a ellos. Me gustaría pensarme como el narrador. Ese es el que quiero ser. No sé si lo conseguiré.

–¿Qué obstáculos has encontrado?

–Los obstáculos naturales. No me la he pasado mal. Mi primera novela se tardó mucho tiempo en publicarse. No encontraba editor. Hallé un editor en una editorial independiente, que no llegaba a todos lados. Pero esa primera novela, La soledad de los animales, tuvo bastante repercusión. Se hicieron notas y entrevistas. Es difícil escribir y el proceso es largo. Pueden pasar años. Naturalmente no vives de eso. Tienes que trabajar en otras cosas. Por eso son importantes las becas, aunque ahora salen con que son fifís y quieren vivir del Estado.

–¿Qué opinas del México gobernado por Andrés Manuel López Obrador?

–Qué complicado. Aún es difícil verlo. Sólo han pasado seis meses. Puedo hablar de cultura, que es donde a mí me toca: creo que estamos muy mal. Se están recortando recursos. Las alarmas se están prendiendo. Gente que votó por él pensaba que la cultura sería uno de sus caballos de batalla. Sólo puedo hablar de la parte que me toca: la cultura. Hacen falta muchos recursos, y él los está retirando.

–Diario ocurren casos como el de la chica de la grúa. ¿Cómo has vivido ese México?

–Con mucho miedo. Esta novela es mi respuesta a ese miedo. Jacobo vive con miedo. Jacobo está pensando todo el tiempo que alguien va a tocar la puerta y se lo llevará a una cárcel, a un crematorio, a golpearlo, a secuestrarlo. Creo que esta novela quiere hablar de cómo los de a pie vivimos la violencia. ¿Cómo nos cambia la violencia? Comenzamos a protegernos. Mandamos el mensaje de que vamos para la casa. Tomas prevenciones que no se tomaban antes. Ni mis padres tomaban esas prevenciones y no se sentían angustiados. Ahora debo estar comunicándome con mis seres queridos con cierta regularidad. Eso es propicio para los gobiernos autoritarios, no digo que este lo sea. Tener miedo hace que busques soluciones extremas, como militarizar el país.