Mafalda llegó a España cinco años antes de que muriera Franco y, al igual que sucedió en Argentina, esta niña de seis años fue el espejo de una juventud progresista. En plena dictadura franquista, se obligó a los editores a marcar los dibujos de Quino como “para adultos”, con una franja en la portada.

Por José Antonio Luna

Ciudad de México, 27 de julio (ElDiario).- “¿Vos qué opinás del amor, Manolito?”, pregunta Susanita a su amigo, a lo que este contesta: “¿Del amor a qué?”. Bastan pocas palabras de Mafalda para conseguir el objetivo habitual de sus viñetas: cuestionar el orden de las cosas y no aceptarlas tal y como son sólo porque siempre han sido así. Por ejemplo, replantear el significado del amor, que no tiene que ser romántico, atormentado ni estar vinculado a una pareja.

Para Mafalda, enamorarse significa hablar de amistad, empatía o incluso de aquellos pequeños gustos personales, como ser fan de los Beatles o de la lectura, que en definitiva terminan confeccionando cómo somos en nuestro conjunto.

También puede ser lo contrario: el egoísmo o los celos, sentimientos a menudo representados a través de los padres de la popular niña. Es lo que se puede apreciar en El amor según Mafalda, un libro publicado por la editorial Lumen que recopila una serie de tiras del personaje con motivo de los 50 años de su llegada a España.

Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, nació en Mendoza, Argentina, en 1932. Hijo de padres malagueños y republicanos, creció en un ambiente que siempre le alentó a la reflexión sobre la autoridad, su naturaleza y las razones de la injusticia. Todo comenzó como un encargo publicitario en 1962 para la marca de electrodomésticos Mansfield. Le pusieron varios requisitos: crear una tira cómica al estilo de Charlie Brown, protagonizada por una familia y cuyos nombres comenzaran por la letra M, en alusión a la empresa.

No obstante, el nacimiento oficial de Mafalda (fuera de todo acuerdo comercial) fue el 29 de septiembre de 1964 en la revista argentina Primera Plana, donde empezó a aparecer con cierta regularidad y a convertirse en todo un fenómeno humorístico dentro del país.

“Con Quino se inicia el gran volcán de la inteligencia en el humor gráfico argentino”, afirmaba Miguel Rep, humorista gráfico, en el documental Buscando a Quino, que narra la historia del creador de Mafalda a través de la última entrevista que concedió en 2018.

Habría que esperar hasta 1970 para su llegada a España de mano de Esther Tusquets y de la editorial Lumen. Llegó en un momento adecuado: cinco años antes de que muriera Franco. Al igual que sucedió en Argentina, Mafalda fue el espejo de una juventud progresista preocupada por el futuro más allá de la dictadura franquista. De hecho, como recoge la BBC, durante los años de dictadura obligaron a los editores a colocar una franja en la portada de Mafalda etiquetándola como obra “para adultos”.

Los personajes de Quino también han sido malinterpretados para representar ideas políticas totalmente opuestas. Es lo que ocurrió cuando comenzaron a venderse pegatinas de Mafalda o Snoopy como si pertenecieran a la Falange.

“En la época de los 80 estos símbolos eran utilizados por cierta derecha en torno al barrio de Salamanca, Madrid. Ponían estas figuras con banderas españolas, pero con el escudo de Franco”, contaba a este periódico el periodista Carlos García Santa Cecilia sobre una historia publicada por él que fue portada de El País el 10 de abril de 1985. Como aparece en el texto, Quino manifestó entonces estar “profundamente molesto” por esto, ya que sus personajes “están a favor de la democracia y son, desde luego, antifascistas”.

Quino, al igual que sus obras, también se nacionalizó en España. El 5 de enero de 1990, como recoge el periódico El País, el dibujante juró sobre la Constitución española tras años queriendo ser español de forma oficial. “¿Y a esta edad se le ocurre a usted hacerse español?”, le preguntaron, a lo que este contestó: “No, se me había ocurrido antes, pero es que entonces estaba Franco”.

La influencia de Mafalda ha demostrado en numerosas ocasiones ir más allá de sus viñetas. Y, a pesar de cumplir 50 años de su llegada a España, los trazos y el sarcasmo de Quino siguen presentando una vigencia inigualable.

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