Por Sonia Aguilar

Ciudad Juárez (México), 27 ago (dpa) – La alegría se contagia entre los feligreses de la iglesia de Santo Toribio de Ciudad Juárez, donde, además del sacerdote, son cada vez más los que portan una nariz roja de payaso, como muestra de que se han “sacado el corazón del pecho para subirlo al rostro”.
A un kilómetro de la cárcel para adultos de esta localidad del norte de México se ubica el templo, en el que el sacerdote Alberto Meléndez dirige las misas y servicios de una forma muy peculiar: portando la nariz de plástico para transmitir alegría, inspirado en la risoterapia.”Ya no me separo de ella. Empezó como parte de una enseñanza y ahora donde quiera que voy la llevo conmigo”, dijo en entrevista con la agencia dpa.Cuenta que a finales del año pasado empezó a utilizar la nariz en eventos especiales y luego en las misas. Los fieles ya no se sorprenden de que el párroco llegue y oficie el servicio combinándola con la sotana blanca.
“Creo que es algo muy bonito, el padre transmite la alegría, que es tan necesaria. Es algo bueno en medio de esta violencia”, señala Guadalupe Valdez, miembro activo de la iglesia.Para los niños también es toda una experiencia: “Me gusta ver al padre. Él nos quiere decir que está feliz”, dice Evelyn, de 10 años, que cada domingo asiste a las misas, “pues son una forma de acercarse a dios y de que a la gente se nos ablande el corazón”.Ciudad Juárez, situada en la frontera con Estados Unidos, es una de las localidades más golpeadas en los últimos años por la lucha de los cárteles de las drogas. No siempre hay motivos para sonreír.

La aceptación de los fieles no se limita a celebrar el estilo del sacerdote. Muchos de ellos han adoptado la práctica también y llegan a la iglesia con la nariz roja.

“La nariz nos las dio el padre. La usamos porque, como dice él, hay que mostrar que estamos alegres, que nos da gusto servir”, cuenta uno de los casi 70 chicos que, ataviados en pantalón negro, camisa azul y nariz llamativa, se preparan para las confirmaciones.

La primera vez que Meléndez replicó lo aprendido con los grupos de risoterapia fue en una misa dentro de la cárcel.

Su particular forma de predicar le ha abierto puertas, incluso con los presos, especialmente hombres, porque las mujeres se cierran más “para no lastimar y no ser lastimadas”, dice.

“Nuestros hermanos internos están muy necesitados, ellos están abiertos a recibir enseñanza de dios y su amor. Hay muchos que han sido olvidados por sus familiares, están lejos y no reciben visitas, están más receptivos a abrirse”, afirma el sacerdote.

En cambio, lamenta que muchas mujeres que han sido engañadas, maltratadas o han sufrido abusos prefieren no creer en nada y en nadie.

El sacerdote no ha recibido cuestionamientos por parte de sus superiores en la diócesis. No sabe hasta cuándo utilizará la nariz de payaso, pero de lo que está convencido es que lo hará mientras logre llamar la atención para dar un mensaje positivo a la comunidad.