Foto: Instituto de Ciencias Fotónicas

Ciudad de México, 28 de feb (SinEmbargo).- ¿Por qué no energizamos nuestros aparatos con baterías pequeñas, rápidas y biodegradables, en lugar de hacerlo con las ya tradicionales de corta duración y lenta carga? Si no se conocen otras alternativas a las habituales pilas, la respuesta es difícil. En cambio, si se presenta una alternativa que proporcione todas las ventajas ya mencionadas, las esperanzas son muchas e incluso puede revolucionar la manera en la que administramos la energía.

La gran cantidad de investigaciones que se realizan en todo el mundo para descubrir las propiedades del grafeno está convirtiendo a este material en el más prometedor para desarrollar nuevas tecnologías en diversos sectores. Sin embargo, la más reciente noticia es producto de una investigación de un grupo de científicos que el grafeno es capaz de convertir la luz en electricidad y sacar el máximo provecho de la energía solar.

El estudio realizado en conjunto por investigadores del Instituto de Ciencias Fotónicas de Castelldefels (ICFO en Barcelona), del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), del Instituto de Investigación de Polímeros del Max Planc en Alemania y de investigadores de la empresa Graphenea afirma que el grafeno es capaz de convertir cada fotón que absorbe en múltiples electrones que pueden conducir corriente eléctrica, según publicó la revista Nature Phisycs.

“Hay muchos grupos en todo el mundo que investigan las propiedades del grafeno en general, especialmente para utilizarlo en tecnologías de energía solar y para optoelectrónica.”, declara Frank Koppens, jefe del grupo de investigadores del ICFO, quien afirma que la tecnología basada en grafeno permite absorber la energía del sol con pérdidas mucho menores que en la actualidad, además de que puede utilizarse esta capacidad de conversión en cualquier producto que use luz para producir electricidad, como por ejemplo detectores lumínicos.

El grafeno es un material extraordinario desde el punto de vista científico. Obtenido a partir del grafito, es una lámina sumamente delgada compuesta de carbono, de sólo un átomo de grosor. Es transparente, flexible, resistente, conduce la electricidad mucho mejor que el cobre y es entre 100 y 300 veces más resistente que el acero. Por si fuera poco, la obtención del grafeno hizo merecedores del Nobel de Física en 2010 a los científicos Andre Geim y Konstantin Novoselov.

El grafeno, en teoría, es el sustituto ideal del silicio, ya que permite crear microprocesadores 500 veces más pequeños y 10 veces más rápidos que los de este material tradicional.

Durante los últimos dos años se ha hablado mucho sobre la manera en la que el grafeno podría transformar la electrónica en el futuro, sobre todo si se llegan a desarrollar a partir de este material supercapacitores que puedan ser capaces de cargar un aparato 100 veces más rápido que las baterías que actualmente utilizamos y con la misma capacidad de almacenamiento.

De igual manera, la incorporación del grafeno a la electrónica de consumo podría ser revolucionario si se logra aplicar exitosamente a la fabricación de pantallas y procesadores.

Las esperanzas de muchos están puestas en estas posibilidades y la Comisión Europea dio a conocer a principios de este año que uno de los ganadores del concurso sobre Tecnologías Futuras y Emergentes (FET, por sus siglas en inglés) es un proyecto que investigará las posibilidades del grafeno y recibirá anualmente mil millones de euros (aproximadamente 16 mil 800 millones de pesos) para su desarrollo.

La iniciativa, encabezada por el profesor Jari Kinaret, de la Chalmers University de Suecia, reúne a más de 100 grupos de investigación y a 136 académicos, y trabajará en este proyecto durante 10 años, mismos en los que buscarán situar a Europa a la cabeza de los estudios referentes al descubrimiento de las posibilidades de este material revolucionario.