Lo extremo de mis canciones se da en la exhalación de mis demonios interiores, dice. Foto: Universal Music

Lo extremo de mis canciones se da en la exhalación de mis demonios interiores, dice. Foto: Universal Music

Ciudad de México, 28 de febrero (SinEmbargo).- Juan Cirerol es originario de Mexicali y su voz trae la aspereza y la desesperación repentina de la cultura de fronteras. Es algo más que un borracho solitario cantando en una cantina de mala muerte, pero no lo dudemos, muchas veces suena como el borracho solitario que canta en la cantina de mala muerte donde acertamos pasar sin aviso ni previsiones.

Un norteño de ley del que los norteños de ley desconfían un poco trayendo la crudeza de una composición instintiva y salvaje en canciones donde habla de su adicción a las drogas y de qué lindo sería ir a un supermarket para poder comprar una vida “para ti y para mí”, como canta en la tremenda “Piso de piedra”.

“Cuando se trata de subir a un escenario Juan es único: la gente espera ver cómo expulsa demonios frente a un público al que hipnotiza con esa extraordinaria energía de la que hace gala”; dice el consabido boletín de prensa, ahora que el mexicalense de 27 años se ha hecho merecedor del interés de Universal Music.

Tiempo difícil para el cantautor. Se podrá comprar mejores drogas y beber alcoholes de los más finos, pero ¿perderá por ello autenticidad, fuerza, aspereza? Abridor de León Larregui durante la gira por México y Latinoamérica; de Bunbury y Calamaro en el Foro Sol y del nuevo y reconocido cantautor británico Jake Bugg, Juan ha sido reconocido por artistas de géneros dispares, entre ellos el mismísimo baluarte de la música ranchera Pepe Aguilar, quien ha reconocido su talento.

Todo Fine es el disco con el que este artista definido como una mezcla de Johnny Cash y Ramón Ayala con un toque de Rockdrigo González, que se autodenomina un punk aficionado al folk que lee a Charlie Bukowski, entra a las grandes ligas del disco, esperanzado y medio distante, como sumido en su propio viaje, sin dar mucha importancia al ruido que despierta alrededor.

El primer disco de Juan Cirerol con Universal Music. Foto: Universal Music

El primer disco de Juan Cirerol con Universal Music. Foto: Universal Music

Ahora se ha trasladado a vivir al DF. Ni loco en La Condesa o en La Roma, dice en entrevista con SinEmbargo. Él prefiere vivir mejor y gastar menos en un departamento que antes era depósito y recuperó como vivienda en Iztacalco. Así es Juanito.

VENIR A HACERLA

–Y te has venido al DF…

–Bueno, sí, uno llega a esta ciudad en cierto modo “a hacerla”, a tener éxito, supongo

–¿Cómo dirías que es tu tierra, tu cultura?

–Mi cultura es áspera y tiene lo suyo, hay cosas bonitas.

–¿Llevas a Mexicali en tus canciones?

–Sí, podría decir que sí, es un lugar que me inspira mucho, más que la tierra o la gente me inspira el aire de Mexicali.

–¿Son extremas tus canciones como es extremo el lugar donde naciste?

–Un poco, quizás. Lo extremo de mis canciones se da en la exhalación de mis demonios interiores, que es en lo que consiste lo que hago.

–¿Qué clase de demonios?

–Unos muy satánicos. Aunque no se diferencian de los demonios que cada uno lleva en su mente. Lo que pasa es que hablo de esos demonios con letras que podrían ser catalogadas de radicales. La verdad es que en lo único que pienso es en hacer música de la forma más decente posible.

Todo Fine con Juan Cirerol, el artista de Mexicali. Foto: Universal Music

Todo Fine con Juan Cirerol, el artista de Mexicali. Foto: Universal Music

–Cuéntame tu historia con las canciones

–Comencé a cantar cuando tenía 15 años con grupos de punk rock y tecno punk y todas esas cosas raras. Hacíamos giras a California, pero no salía mucha lana. Fue como a los 20 que quise empezar a componer temas que fueran más ad hoc con la gente de allá y lo único que se me ocurrió fue hacer corridos. Me daba mucha flojera cantar corridos de otras personas, así que hice los míos. Así fue como inicié cantando en las taquerías, para poder sacar básicamente la lana de las cervezas y de las anfetaminas y poder drogarme todo el día.

–¿Había músicos en tu familia?

–No, así que fue una sorpresa para ellos más que para mí. Mis tías son buenas para la guitarra, pero no se dedicaron profesionalmente a la música. Aunque los miembros de mi familia no me caen nada bien, nunca estuve muy unido a ellos. El punto es que comencé haciendo esto mientras fumaba muchas cosas, me podía fumar hasta un tenis si se presentaba la ocasión. Fue entonces que anduve de vago y me separé de todo lo que conocía.

–¿Y cuándo fue que la música comenzó a darte algo más que para comprarte anfetaminas y cerveza?

–Hace poco, realmente. En el 2013 es cuando vi que podía pagar una renta y a los 21 años empecé a ganar un poco de dinero, ya me creía como Rockefeller con unos cuantos miles en la mano…

–Se van muy pronto, igual

–Sí, se van muy pronto. El comienzo de mi carrera profesional fue difícil y rápido a la vez.

–¿Y qué le diste a la gente de Universal Music, anfetaminas y cervezas para que te contrataran?

–(risas) Sí, algo de eso hubo. No, mentira. La verdad es que hacía rato que me buscaban, me llegaban rumores de eso y yo trataba de no hacerles caso. Estaba abarcando mucho la escena independiente y se hablaba demasiado de mí. Mi manager, que es mi compadre y socio, fue el que me informó que Universal Music me andaba buscando. Como todo buen patán dije muchas veces “no quiero”, hasta que me di cuenta de que tenía una oportunidad para seguir madurando y dedicándome a la música no sólo con anfetaminas y cerveza. Pero al principio estaba renuente y pasé por una gran depresión antes de firmar con la disquera.

–Hay un duro proceso antes de profesionalizarse…

–Sí, no tienes ni idea. Se te vienen a la mente un montón de cosas, sobre todo porque uno no está preparado para ser responsable. Y no por el hecho de ser perezoso, sino porque te vienen un montón de responsabilidades grandísimas que te hacen pensar que a lo mejor está bien quedarse con lo que uno ya tiene y terminar la carrera así como la empezaste.

–Decía Ximena Sariñana que cuando alguien invierte en ti, tienes que aceptar que ese alguien tenga voz y voto en tu carrera…

–Pero yo no tengo la vitalidad que tiene Ximena Sariñana

–Aunque eres más joven que ella

–(risas) Para lo que yo soy bueno es para entregar la música que hago y viendo las cosas de formas muy honestas, yo trabajo para el patrón de turno. Esa es la neta.

Una manera instintiva y salvaje de componer canciones muy originales. Foto: Universal Music

Una manera instintiva y salvaje de componer canciones muy originales. Foto: Universal Music

–¿Esta manera tan áspera de cantar de dónde sale?

–De tener dos cojones en la garganta.

–¿Y cómo salen las canciones?

–¡Bonitas! Agarro la guitarra, soy zurdo, agarro el cuaderno, percibo una tonada, la escribo…creo que las mejores canciones son las que he escrito de un sopetón. Le tengo tanto amor a mi música y le tengo tanta confianza que puedo exponerla a cualquier crítico con el mismo amor y sin sentirme mal si luego me dicen que está fea o algo así. La verdad es que la música es para crearla y luego dejarla ir.

–¿En tu música está tu autoestima?

–Sí, por supuesto. A mí me engalana mi música, me hace ser feliz y libre.

–¿Qué es Todo Fine?

Todo Fine es decir: está todo tranquilo, no me molestes. Es lo que le digo a la vida. Todo está tranquilo, lo único que hay que hacer es respirar y permanecer al ciento por ciento.