Los poemas de Aziz circularon por años en internet; aún hoy, escarbando en Tumblr y Facebook, puedes encontrar textos inéditos. En el 2018, el autor fronterizo publicó su primer libro, amasado y horneado por La Panadería Editorial; 25 poemas de todas formas y colores.

Los poemas, divididos en cinco partes (“La bataca trae un feel”, “Aquí va esta maroma”, “Mi tristeza es humana”, “Acá todo quiere encandilar” y “Poemas grandes y peludos”) se presentan en verso libre, y fueron compuestos para leerse en voz alta, pues el autor busca rescatar las dimensiones orales de la poesía.

Por José Vargas

Ciudad Juárez, Chihuahua, 28de marzo (JuaritosLiterario).- Asistir a congresos, como ponente o asistente, ha perdido valor y se ha convertido en turismo académico; sobre todo los organizados por y para estudiantes. No obstante, ahí encontré esperanza del futuro de las letras en México, conocí a personas que sé que algún día serán referentes en la literatura nacional: Nicté Toxqui, Ilse Daniela Campos, Antonio Miguel Ortíz (Miguel Guerra) y Aziz Córdova.

Sobre este último quiero platicarles. Nació en Agua Prieta, Sonora, en 1995, aunque se mueve constantemente entre la ciudad fronteriza y la capital del estado, Hermosillo. Del joven escritor aún conocemos poco. Todavía no aparecen tesis de posgrado sobre su vida y obra, pero en Facebook tiene más de “40 likes para un poema”; tampoco identificamos quiénes fueron sus influencias y a qué talleres asistió.

Sin embargo, sabemos lo siguiente: que parece un gigante, no de los tenebrosos, sino de aquellos tan adorables que apenas lo ves quieres abrazar; que pocas veces peina su cabello dorado, que recorrió Baja California con un suéter amarillo y en cada parte que pisó dejó buenos recuerdos; y que cuando conversa muestra un tono de voz mantequilloso, pero cuando recita sus poemas se convierte en dragón y sus palabras se vuelven gruesas, roncas, como hechas de una brasa que nunca deja de arder.

«Tijuana, octubre de 2017

Dentro de un túnel al que se ingresa por la calle Revolución abundan, en espacios de 3×3 m., locales de comida rápida, vegana y antojitos, también de ropa, nueva y usada, baratijas chinas y casas de cambio. Ahí mismo, aunque parezca extraño, existe una bodega donde se recita poesía. Me sorprendió la cantidad de gente que intentaba acercarse lo más posible a la puerta y conseguir, a la primera posibilidad, un pequeño lugar desde el cual escuchar lo que se estaba leyendo. Un par de chicos conversaban frente a mí. El del mohawk verde bandera y chaqueta de cuero le decía a su compañero, vestido con chinos azul marino, zapatos cafés con un dragón en el empeine y jersey de las chivas: “¿Ya sigues a Aziz, wey? Te vas a cagar.” “¿Aziz? ¿Es un nombre? Qué raro.” ¿Por qué el muchacho rojiblanco se iba a cagar?

A empujones logré colarme en el reducido lugar con piso de cemento, paredes y techo blanco, del que cuelga un foco de cuarenta watts. Pegadas en los muros y de pie, se encontraban unas veinticinco personas; sentadas o hincadas, había otras cincuenta, más todas las que permanecía afuera esperando un hueco. En el centro del recinto, se encontraba una enorme persona con pantalones caqui, camisa de cuadros cafés y un suéter amarillo con capucha. Debajo de esta se encontraba una cabeza cuyos cabellos dorados dejaban ver unos ojos serenos y una boca que cuando se abre revive muertos. Apenas comenzó a hablar, la bocina y el micrófono que sostenía con su mano derecha dejaron de ser necesarios. Su voz nos silenció a todos. Se me erizó la piel. Todos estábamos hechizados. Cuando Aziz recitó los primeros versos de “What does feel being in love feel like” sentí que entendía lo que quería decir, pues Aziz había encontrado las palabras para expresar cómo se siente mi generación. Porque solo él, ahí en esa bodega en medio de un túnel dentro del corazón de Tijuana, pudo expresarle al mundo el sentir de los ahí presentes cuando amamos y nos aman: “like a cucaracha crawling on your back”.»

Los poemas de Aziz circularon por años en internet; aún hoy, escarbando por Tumblr, Facebook o Youtube, encuentro textos que no conocía. En el 2018 decidió publicar su primer libro titulado Como siempre llego tarde (o me vengo muy pronto). Tuve que viajar hasta Hermosillo para conseguir una copia, aunque, por desgracia, no encontré al autor en la ciudad.

El poemario fue “amasado y horneado” por La Panadería Editorial y se imprimió en los talleres gráficos de la Librería Hypathia. Un total de veinticinco poemas de todas formas y colores se divide en cinco partes: “La bataca trae un feel”, “Aquí va esta maroma”, “Mi tristeza es humana”, “Acá todo quiere encandilar” y “Poemas grandes y peludos”, más un “Prólogo coral” en el que diversas personas, entre amigos, conocidos y anónimos, escriben sobre Aziz y su forma de ser y hacer.

No redacto esto para juzgar lo bueno o malo del poemario, eso se lo dejo, como dice Aziz, “a los ángeles bonitos de títulos perfumados y maletín pretensioso”. Escribo porque quisiera que todos conocieran este libro y al autor y que, allá donde lo vean, le den un abrazo de mi parte y un sincero agradecimiento. Podría decir que los poemas se presentan en verso libre, que fueron compuestos entre 2014 y 2017 para leerse en voz alta, y que buscan rescatar las dimensiones orales de la poesía, pero ese tipo de análisis no me interesa por el momento.

Más bien me importa que sepan que al leer “Qué será de ti al otro lado del mundo” será inevitable pensar en aquel amigo o pareja imposible cuya ausencia física continua doliendo; que en “Todos somos ollitas quebradas” aparecen esas personas fantasmas que buscamos en las demás; y que en “Que nadie se calle” se encuentra un manifiesto de resistencia y rebeldía tan sincero que los libros de Camus parecen innecesarios. Creerán que exagero, quizá sí, tal vez mi sincera escritura le dé asco a quien sí será recordado, pero ¿acaso no es esta la mejor forma de expresar y difundir las maravillas de las letras?

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