No se había visto una sequía de esta magnitud en 30 años; la falta de agua ha ocasionado que el 80 por ciento de la actividad se encuentre paralizada.

Por Manuel López

Villahermosa (México), 28 may (EFE).- La zona de Los Ríos del suroriental estado mexicano de Tabasco padece la peor sequía de los últimos 30 años, causando una paralización de 80 por ciento en la actividad agrícola y fuertes pérdidas para la ganadería.

El río más caudaloso de México, el Usumacinta, registra niveles históricamente bajos, mientras en Balancán y Tenosique, municipios fronterizos con Guatemala, el panorama árido se extiende sobre la planicie sobre cultivos y matando de hambre y sed al hato ganadero que supera las 390 mil cabezas.

La tierra cuarteada es visible en grandes extensiones, con cultivos de sorgo y maíz que permanecen de pie, pero sin vida, y tampoco hay pesca por el secamiento de los ríos.

En los ranchos, los jagüeyes -pozos profundos de agua- están llenos de lodo, y cerca de ellos abundan las reses muertas y moribundas.

Balancán, uno de los municipios que integran la zona de Los Ríos, las autoridades atribuyen el saldo a la ausencia de lluvias.

“Aunque traguen pastura, silo o caña ¿con qué agua se lo tragan? Hay ranchos donde han muerto cerca de 400 reses y tampoco tenemos activado el seguro catastrófico porque las autoridades no han detonado los censos y trámites”
Foto: Marco Polo Guzmán Hernández /Cuartoscuro

“Esta sequía no se había dado en 30 años. En la ganadería la situación está canija (difícil) por falta de forraje para salvar al ganado, pero la agricultura está peor: no puedes sembrar nada sin agua, todo se muere, al grado que el 80 por ciento de la actividad se encuentra paralizada”, dijo a Efe Roxana Tress, directora de Desarrollo Municipal en Balancán.

No solo la naturaleza tiene contra la pared a campesinos y ganaderos. A ello se suma el camino burocrático de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), que por reestructuración interna no otorga permisos para pozos profundos que ayudarían atenuar el fenómeno.

“Si vamos y perforamos, la Conagua nos multa y sanciona porque, aunque somos autoridades, no podemos tener bajo control el usufructo del agua”, lamentó la funcionaria local.

En el municipio vecino de Tenosique operó un ingenio azucarero y su producción fue aprovechada por el Gobierno de Tabasco, que compró cerca de 90 mil toneladas de caña para mitigar el hambre del hato ganadero.

“¡Nos urge el agua! Con la caña frenamos el hambre, pero la sed ¿cómo?”, puntualizó Tress.

Para Alfonso Gómez, presidente de la Unión Ganadera en Los Ríos, el panorama climatológico es “crítico” y “ya no hay comida” en Balancán, un municipio rico en ganadería donde los registros de lluvias se han mantenido en 1,600 milímetros cúbicos desde 2016.

“Aunque traguen pastura, silo o caña ¿con qué agua se lo tragan? Hay ranchos donde han muerto cerca de 400 reses y tampoco tenemos activado el seguro catastrófico porque las autoridades no han detonado los censos y trámites”, dijo a Efe el dirigente ganadero, quien ya perdió siete animales.

La Conagua advirtió desde 2016 sobre los efectos de una sequía prolongada como consecuencia de la ausencia de precipitaciones, pero todo indica que no se tomaron previsiones.

“No es de sorprendernos (…), no es un fenómeno que haya salido de la noche a la mañana. Conagua desde el 2016 informó oportunamente a las autoridades para que tomaran sus medidas preventivas”, señaló Gerardo Alarcón, jefe del Centro de Previsión Meteorológica de ese organismo.

De acuerdo con la dependencia federal, Tabasco enfrenta un fenómeno climatológico del que no se tiene registro histórico si se toma en cuenta que el promedio anual de lluvias es de 2 mil 400 milímetros “frente al déficit significativo” de 1,600 reportados en los últimos tres años.

“En la cuenca Grijalva-Usumacinta no hay en nuestra biblioteca digital estos registros climatológicos continuos”, recalcó.

Los cauces de cinco ríos en Tabasco, las represas del Alto Grijalva y la cuenca del Grijalva, presentan valores históricos mínimos desde hace tres años por déficit de precipitaciones.