La pandemia de COVID-19 está castigando a América Latina aumentando la presión sobre los hospitales y las poblaciones pobres tanto en zonas rurales como urbanas.

Se espera que casi 30 millones de personas más se vean en “situaciones de pobreza” y otros 16 millones en pobreza extrema, como Lebien, quien vive en haití, y sentirse a la deriva al no poder mantener a su familia, especialmente cuando sus dos hijas le dicen que tienen hambre.

Por Christine Aramario

BOGOTÁ, 28 de mayo (AP).- Al menos 14 millones de personas podrían pasar hambre en América Latina debido a la creciente pandemia del coronavirus, que recluye a la gente en su casa, destruye puestos de trabajo y lastra a la economía, según advirtió el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas.

Nuevas previsiones publicadas el miércoles por la noche incluían un brusco aumento en la inseguridad alimentaria. Mientras que en 2019 afectó a 3.4 millones de personas, el número podría ser más de cuatro veces mayor este año en una de las regiones más vulnerables del mundo.

“Estamos entrando una fase muy complicada”, dijo Miguel Barreto, director regional del PMA para América Latina y el Caribe. “Es lo que nosotros hemos llamado la pandemia del hambre”.

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Vecinos que necesitan comida colocaron trozos de tela roja en sus ventanas para alertar a empleados del Ayuntamiento en Bogotá, Colombia. Foto: AP Foto, Fernando Vergara.

En toda la región ya se ve la sombra del hambre. Ciudadanos desesperados incumplen las cuarentenas para salir en busca de dinero y alimento, o cuelgan banderas rojas y blancas desde sus casas para pedir ayuda. Muchos de los hambrientos son trabajadores informales que forman una parte considerable de la fuerza de trabajo latinoamericana, mientras que otros han caído ahora en la pobreza tras perder sus empleos en medio de una crisis económica histórica.

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Un hombre utiliza bolsas de plástico como guantes desechables improvisados para tomar una taza de sopa gratis, en Lima, Perú. Foto: AP Foto, Rodrigo Abd.

“Soy el capitán de la familia”, dijo Dieufete Lebien, de 57 años, obrero de la construcción ahora desempleado en Haití. “Un barco que se hunde”.

Es probable que el número de personas que pasan hambre sea mayor al estimado por la ONU, que sólo contabiliza las cifras de los 11 países donde opera. Por ejemplo, el cálculo no incluye a Venezuela, donde una de cada tres personas pasó hambre el año pasado, según el estudio de la agencia alimentaria en 2019.

La pandemia de COVID-19 está castigando a América Latina. Brasil ya es el segundo país del mundo con más infectados, por detrás de Estados Unidos, y las cifras van subiendo en Perú, Chile, México y otros lugares, aumentando la presión sobre los hospitales y las poblaciones pobres tanto en zonas rurales como urbanas.

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Vecinas con mascarilla sostienen cajas de alimentos distribuidas por el gobierno de Quito, Ecuador. Foto: AP Foto, Dolores Ochoa.

El director ejecutivo de la agencia alimentaria de la ONU, David Beasley, advirtió en abril de que 130 millones de personas podrían verse “empujadas al borde de la inanición” en todo el mundo para finales de 2020. Las nuevas previsiones para América Latina indican que la región se vería especialmente afectada.

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Maria Rita Dias dos Santos, con mascarilla de protección, lleva a su casa comida casera donada por antiguos presos que participan en una organización sin fines de lucro en la favela de Para-Pedro, en Río de Janeiro, Brasil. Foto: AP Foto, Silvia Izquierdo.

En Haití, el hambre podría llegar a más del doble de personas que ahora, pasando de 700 mil a 1.6 millones de afectados. También se espera que la desnutrición se dispare entre los cientos de miles de emigrantes venezolanos que viven en países andinos, así como entre los habitantes de países centroamericanos que ya sufrían una grave sequía.

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Gente con mascarillas de protección para frenar los contagios del coronavirus esperando a recibir una comida gratis en una iglesia del barrio de Cementerio en Caracas, Venezuela. Foto: AP Foto, Ariana Cubillos.

El impacto de ese brusco aumento podría tener implicaciones a largo plazo, desde altos niveles de malnutrición infantil crónica a problemas de seguridad. El PMA pidió a las naciones que amplíen su red de protección social a personas que de forma tradicional no podían optar a recibir ayuda.

Muchos gobiernos y organizaciones internacionales han tomado medidas, proporcionando transferencias de efectivo y entregas de comida, pero enfrentan complicaciones logísticas y económicas.

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Manifestantes reunidas cerca de una barricada en llamas, durante una protesta pidiendo más ayuda alimentaria del gobierno en un vecindario de Santiago de Chile. Foto: AP Foto, Esteban Félix.

Activistas locales como Cristian Perea en Cali, Colombia, dicen que los esfuerzos del gobierno sólo alcanzan a una parte de los necesitados. Hace poco salió a repartir cajas con fruta, arroz, verduras y azúcar a familias que no tienen nada, y se encontró con un niño de 9 años que sólo había tomado un vaso de agua en el último día.

“Se veía que estaba pasando necesidad”, dijo Perea.

Se espera que la economía en América Latina y el Caribe se contraiga un 5.3 por ciento este año, posiblemente un descenso más brusco que durante la Gran Depresión. Esta crisis llega tras siete años de bajo crecimiento, con una media por debajo del 0.5 por ciento.

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El cocinero Walter Ferreira vierte arroz en un estofado en un comedor social en Luque, Paraguay. Foto: AP Foto, Jorge Saenz.

“Podemos entrar en otra década perdida”, dijo Alicia Bárcena jefa de la rama regional económica de la ONU, refiriéndose a la crisis en la década de 1980. América Latina tardó 25 años en recuperar la renta per capita de 1979.

Las economías latinoamericanas están en una situación complicada porque no pueden pedir dinero prestado tan fácilmente como los estados europeos. Están haciendo dolorosos recortes de presupuesto, despidiendo, cerrando embajadas y reduciendo la jornada de los funcionarios públicos.

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Walter Ferreira, a la izquierda, y Laura Dure preparan estofado en un comedor social que alimenta a unas 300 personas cada día en Luque, Paraguay. Foto: AP Foto, Jorge Sáenz.

“Los gobiernos latinoamericanos difícilmente tienen los recursos para financiar sus niveles actuales de gasto”, dijo Sergio Guzmán, director de Colombia Risk Analysis.

Alimenta la Solidaridad, una organización benéfica que gestiona 214 comedores sociales por toda Venezuela, ha visto crecer la demanda desde que entró en vigor la cuarentena nacional a mediados de marzo. El grupo suele servir 14 mil 500 comidas diarias a niños. Ahora, otros 5 mil 300 niños y niñas están en una lista de espera con la esperanza de conseguir comida, pero los suministros son limitados.

“Me duele mucho esta situación”, dijo Roberto Patiño, director de la organización.

En toda la región, se espera que casi 30 millones de personas más se vean en “situaciones de pobreza” y otros 16 millones en pobreza extrema, según las estimaciones de Naciones Unidas.

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Vecinos en fila para recibir alimentos básicos gratuitos ante la escuela primaria de Santa Ana, en Asunción, Paraguay. Foto: AP Foto, Jorge Sáenz.

Entre los nuevos pobres hay gente como Yadira Montenegro, de 38 años. Tiene tres hijos y vive en Bogotá. Hace poco perdió su empleo como guarda de seguridad, y ahora sólo come una vez al día. Su comida suele consistir en sopa de patata o arroz con un huevo frito encima.

Hace dos meses que no ha podido pagar los 173 dólares de arrendamiento para la vivienda familiar. Todos los miembros de la familia recibieron una transferencia de 13 dólares en efectivo, pero eso no duró mucho, señaló.

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Dolores Pena espera a recibir un plato de comida para ella y su familia en un comedor social en Luque, Paraguay. Foto: AP Foto, Jorge Sáenz.

En Haití, Lebien dijo que se siente a la deriva al no poder mantener a su familia, especialmente cuando sus dos hijas le dicen que tienen hambre.

“Vamos a morirnos de hambre por esta enfermedad”, dijo.

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Una mujer con mascarilla y guantes desechables para combatir el coronavirus espera ante un comedor social en la barriada de Petare, en Caracas, Venezuela. Foto: AP Foto, Ariana Cubillos.