“¿Cambiaremos tras el trágico martes 19 de septiembre de 2017?”. Foto: Jesús Robles Maloof,
@roblesmaloof

Y aquí sigues.
Donde la tierra se abre y la gente se junta.

Juan Villoro.

Días de miedo y tragedia, días de puño en alto, días de empatía y solidaridad, días de indignación y organización. Los días en que ocupamos las calles fuera de nuestros autos y frente a pedazos de concreto nos reconocimos unas o otros como iguales. Así recordaré el septiembre de 2017.

En esta ciudad no volveremos a ser normales porque ahora sabemos de lo que somos capaces, escribía el viernes tras atestiguar la movilización social alrededor del sismo. “Ya sabían, pero se les había olvidado” respondía mi admirada Rossana Reguillo, maestra emérita del ITESO en Guadalajara. Alguien más comentó que lo mismo se decía tras los terremotos del 57 y del 85, pero no sucedió del todo.

No vivía en el 57, pero en 1985 sí y creo que esta ciudad se transformó de raíz. Una sociedad que se percibe responsable de su destino, un aprecio por la libertad,espacios de mayor respeto por los derechos de las mujeres, el respeto por la diversidad, numerosas formas de organización e identidad urbanas y mejores reflejos ante la injusticia y la corrupción han sido el legado del 85 sin que ello signifique que se cumplan totalmente.

¿Cambiaremos tras el trágico martes 19 de septiembre de 2017? Quizá nadie lo duda pero la duración y profundidad de ese cambio, aún está por verse. Los pronósticos acertados en ciencias sociales no existen y sin hacerle al adivino creo que hay algunas constantes en nuestra historia social reciente.

1. Los puntos de quiebre que cambian radicalmente las condiciones injustas sobre las que nuestra sociedad se asienta no existen o no han sucedido aún. Esto es cierto aún para momentos tan convulsos como la revolución mexicana de 1917, que aunque cambió de fondo las formas de propiedad y permitió un fundamental cambio social, como proceso que desató fuerzas sociales en todas direcciones, con los años permitió que autoritarismo fuera la regla de la política mexicana, al grado que los mismos gobiernos “revolucionarios” siguen festejando la expropiación petrolera que ellos mismos desbarataron entregando nuestros recursos al apetito privado y transnacional.

Ciertamente ni los movimientos obreros de los 50, el movimiento estudiantil del 68, el sismo del 85, el levantamiento zapatista del 94, las conquistas de los derechos de las mujeres desde 1990 y los movimientos de víctimas contra la violencia de Estado y criminal de los años recientes han cambiado de un día a otro la realidad. ¿Pero no han transformado nuestra sociedad? Por supuesto que lo han hecho.

2. Las luchas y hechos históricos transformadores no operan en un espacio social y político vacío y sin oposición. Tendencias contrarias se despliegan por igual en nuestra sociedad no solo como reacción del status quo, sino como avance del autoritarismo y la desigualdad. Así la represión s los movimientos obreros, magisteriales y estudiantiles de los 50 y 60, la desaparición forzada de líderes sociales que se extiende por décadas, el clientelismo como respuesta al sismo del 85, la privatización y depredación de los recursos naturales y bienes de la nación, el control corrupto de los medios de comunicación, el uso corrupto de las instituciones y el presupuesto público, así como la violencia de Estado generalizada han puesto en juego fuerzas sociales contrarias de gran poder frente la construcción de una nación más justa y democrática.

Si las sociedades en la historia no han cambiado de un día a otro, no solo se debe a la apatía o al paso del tiempo. Se debe en gran parte a las fuerzas contrarias que son impulsadas desde el poder.

De forma resumida podemos decir que los cambios que las luchas sociales han sembrado han cambiado a buena parte de nuestra sociedad, uno a otro movimiento fortalecen las capacidades y refrescan las ideas de libertad en un proceso dinámico no solo por el hecho que las generaciones cambian y olvidan, sino por las tendencias tan poderosas que en sentido contrario se encargan de sembrar la desesperanza, la apatía y la idea que el cambio es imposible o requiere tanto esfuerzo que nos desanima y nada dice que las fuerzas de transformación triunfarán sobre el autoritarismo. Ojalá esto fuera una película con final feliz.

La importancia de comprender lo anterior es fundamental porque estás tendencias no se despliegan en lo abstracto o por momentos. Todos los días miden fuerzas en forma de mensajes publicitarios, promesas de gobierno, campañas de miedo y dádivas electorales por un lado y por otro en formas tan sencillas y poderosas como ser solidario ante alguna persona que es agredida en la calle, en mostrar interés y discutir no solo lo que pasa en esta ciudad, sino el país, en denunciar cada acto de corrupción.

Entiendo si el título de este artículo les parece demasiado. Es cierto. No soy yo quien tenga todas las respuestas pero a manera de borrador para discutirse, propongo algunas actitudes básicas para seguir soñando en un país humano y más justo.

1. Involucrarse a mediano y largo plazo para reparar los efectos del sismo. debemos dar seguimiento a las tareas de rescate y reconstrucción. Pensar más allá de nuestra ciudad y cerciorarnos que las comunidades de Chiapas, Morelos, Oaxaca y Puebla tengan el mismo grado de atención que esta ciudad. No quitar el dedo del renglón en cuanto a los recursos de los partidos y propaganda del gobierno sean redirigidos a la reconstrucción. Que los casos de corrupción sean documentados y castigados efectivamente, para que nadie más se atreva a construir un edificio endeble y fuera de norma. A prepararnos mejor técnica, social e institucionalmente. Acompañar a las familias que perdieron todo hasta que tengan nueva vivienda. Exigir cuentas sobre los recursos públicos usados en la reconstrucción..

2. Creer el cambio que sienta cimientos porque construye todos los días. Dado que el cambio no vendrá de un día a otro, este podrá darse si la empatía y solidaridad ante el dolor ajeno se mantiene en buena forma, pasado el sismo. No se trata de abandonar nuestras actividades y ser rescatistas de tiempo completo. Creo que se necesita hacer mejor lo que hacemos como actividad cotidiana pero involucrarnos en lo que sucede más allá de las puertas de nuestros autos y casas. Buscando organizaciones, actividades o acciones que transformen acertivamente nuestro entorno. Sino existen pues habría que crearlas.

3. Reconocernos como una sociedad poderosa y poner a los gobiernos en su lugar. Los límites de la acción social aún no los conocemos. Si la respuesta ante el sismo nos sorprendió por su extensión y voluntad, aún está por verse lo que somos capaces de cambiar. Así debemos abandonar la idea que un partido, gobierno o caudillo cambiará las cosas mágicamente. El poder está de nuestro lado, lo que no está peleado con el hecho de exigir que los gobiernos hagan las tareas para las que les pagamos. Y esas tareas están en la Constitución y las leyes. Quién robe en vez de gobernar, no solo debe ser removido sino procesado. Quien no rinda cuentas no debe tener oportunidad de gobernar y quizá quienes gobiernen adecuadamente pueden tener otra oportunidad.

4. Impulsar una sociedad basada en la igualdad de derechos. El lugar que las mujeres conquistaron estos días, con pico y pala, en prímera línea de rescate y a lo largo de todas las responsabilidades de la cadena de solidaridad que emergió, nos obliga a todas y todos a reconocer, colaborar y trabajar para que no exista una regla familiar, laboral o pública que no brinde igualdad de derechos. Este es quizá uno de los cambios más poderosos que se gestó en tan solo unos días.

5. Recuperar y transmitir las historias de este sismo. Esta actitud tiene una gran relevancia. Primero porque hará justicia a las miles de acciones de amor y justicia que presenciamos. Desde aquella bolsa de arroz de un viejo humilde y cariñoso, los miles de rescatistas con voluntad que con voluntad y coraje ganaron el derecho a rescatar a sus semejantes, en ocasiones frente a la oposición de la autoridad, la joven sorda que tomó una pala, los perros y perras que detectaron la vida bajo el concreto, el puño en alto, la solidaridad internacional de los grupos de rescate y miles más, la pluma y el alma de Juan Villoro, Transmitirlas es importante porque así como la sociedad olvida, también es capaz de recordar y reforzar con ello sus mejores valores.

¿Mantendremos el impulso que la tierra nos dio? ¿Qué opinan?

Termino recuperando una frase de Octavio Paz de un texto más vigente que nunca: “El temblor sacudió a México, y entre las ruinas apareció la verdadera cara de nuestro pueblo: ¿la vieron los que están arriba?”.