La producción de leche afecta al ambiente, es una de las causas de la crisis climática, gasta cantidades exorbitantes de agua, conlleva un gran sufrimiento animal y a quienes lucran con ella no les importa tu bienestar o el de tu familia, solo su propio beneficio económico. Foto: LIBERUM.

¿Todavía la tienes en tu refrigerador? ¿Qué es lo que piensas que sabes de ella?

¿Que es el único alimento con calcio? ¿Que las vacas que la producen son una raza especial que la da todo el tiempo? ¿Que viven en un campo en donde son ordeñadas por un granjero? ¿Recuerdas dónde aprendiste esto?

Seguramente de la publicidad, que hasta hace unas décadas era la fuente de sabiduría popular. Qué bueno que los tiempos han cambiado. Ya sabemos que la producción de leche de vaca es uno de los principales actores en la crisis climática y en la emisión de gases de efecto invernadero. También es una actividad que gasta agua a pasos agigantados.

¡Imagínate! La producción animal gasta más de 2.422 MIL MILLONES de metros cúbicos de agua al año —cada metro cúbico equivale mil litros—. Un tercio de este total está relacionado con la vacas utilizadas como carne y otro 19 por ciento pertenece a las que son explotadas por su leche (Mekonnen y Hoekstra, 2010). Estas cifras duelen, sobre todo considerando que son 2.100 millones de personas en el mundo, la mayoría en situaciones de pobreza extrema, las que no tienen acceso al agua potable (ONU).

La industria de la leche es monstruosa y cruel en todos los sentidos. Si bien tiempo atrás muchos pensaban que existía un tipo de vaca que producía leche de la nada, ahora ya sabemos  que las hembras de estos animales necesitan embarazarse una y otra vez para producir las enormes cantidades que estamos consumiendo. Y que cada una de esas veces sus hijos les son arrebatados mientras ellas gritan desesperadas y persiguen al trabajador que se los quitó.

Quienes viven de la explotación de las vacas son una minoría poderosa, pero minoría a fin de cuentas. Hace unas semanas un partido político publicaba en su página de Facebook lo que consideraban un logro: ¡habían prohibido que se les llamara “leches” a las bebidas vegetales en sus empaques! Y para acompañar la noticia, una ilustración de un envase con la leyenda “Almendritas con agua”… Bien por ellos, pero las bebidas vegetales no ostentan la palabra “leche” en sus envases. Son los consumidores que las llaman así, lo han hecho durante años. Además, no son tontos y se los hicieron saber.

Fue muy grato ver los cuestionamientos bastante legítimos del público que comentaba: ¿En eso se gastan su sueldo pagado con nuestros impuestos? ¿En verdad creían que quienes compran leches vegetales no saben la diferencia entre una y otra? Si se trataba de decir la verdad, ¿iban a agregar la cantidad de agua gastada para producir leche o la crueldad animal que conllevaba? ¿Por qué estaban ocupando su tiempo en asuntos como estos cuando al país lo está azotando una crisis sanitaria y económica que, por cierto, ocurrió por hacinar animales? No pudieron hacer otra cosa que borrar la publicación. Pero la ciudadanía y los votantes, igual que el internet, no olvidan.

La prueba está en el enorme crecimiento que están teniendo las leches vegetales comerciales en el mercado. Además, en esta pandemia la gente redescubrió un nuevo amor y necesidad por cocinar en casa y se dio cuenta de que podía elaborar estas bebidas en minutos: leche de avena, de coco, de soya, de almendra ¡en minutos! No es ningún secreto que hay muchas fuentes vegetales de calcio: lo encontramos en las naranjas, en el ajonjolí y en las leguminosas que forman parte de la dieta tradicional mexicana. Indudablemente no necesitamos leche de vaca para estar saludables.

Si no sabías nada de esto, ya conoces la verdad: la producción de leche afecta al ambiente, es una de las causas de la crisis climática, gasta cantidades exorbitantes de agua, conlleva un gran sufrimiento animal y a quienes lucran con ella no les importa tu bienestar o el de tu familia, solo su propio beneficio económico. Ciudadanos como tú están retomando los espacios que la industria utilizó para engañarnos todos estos años y los están haciendo suyos. Ya no dejamos nuestro conocimiento y elecciones de consumo en manos de unos cuantos.

Ahora que lo sabes, ¿aún seguirás tomando leche?