Alicia recuerda sus amores pasados, así como la relación con su padre y abuelo. Para narrar esta historia, la autora juega con una estructura no lineal, cuyos saltos de un tiempo a otro emulan lo inexacto de la memoria. Asimismo, formula un glosario de términos, donde crea un lenguaje propio, poético y reflexivo.

Esta obra de la autora, dramaturga y poeta boliviana Camila Urioste -ganadora del Premio Nacional de Novela 2017- es la segunda entrega de la “Ruta de viaje” por el trabajo de escritoras latinoamericanas. Primera estación: Bolivia.

Por Mario Alberto Medrano

Ciudad de México, 28 de noviembre (SinEmbargo).- Voy a comenzar por recordar los soundtracks que más me han gustado. Pienso, por ejemplo, en el de Trainspotting, que cada cierto tiempo, sobre todo en noches de trago, escucho completo: “Perfect Day”, de Lou Reed; “Lust For Life”, de Iggy Pop y “Mile End”, de Pulp, entre otros. También me viene a la mente todo el drama de Björk en la cinta Dancer in te dark. Y no me puede faltar la creatividad, oscura, tensa, de Sqürl en Only Lovers Left Alive, especialmente “Funnel of Love”. Cada tanto vuelvo a Kill Bill con su breve, creadora de tensión y entrañable “Twisted Nerve”.

Para hablar de Soundtrack (Editorial 3600, 2017), la novela de Camila Urioste (Bolivia, 1980), obra ganadora del Premio Nacional de Novela 2017, es fundamental mencionar el ruido de fondo, aquella atmósfera que se mueve detrás de nosotros mientras vivimos. Como en los filmes, la novela de Camila está acompañada de una playlist, del disco que gira lentamente (guiño a Soda Stereo) y se repite, como un círculo virtuoso, pues al terminar la obra, el lector sabe que el pasaje de salida lo regresa al inicio.

La novela tiene un hilo conductor, en apariencia, simple y sencillo: Alicia, una mujer de treinta y tantos, recuerda sus amores, los perdidos, los olvidados, aquellos insuperados, así como la relación con su padre y su abuelo. Hasta ahí, grosso modo, el fondo de la obra. La gran audacia de Soundtrack es su estructura: por una parte, fragmentaria, pues el flujo de conciencia (a veces lo parece ser) narra desde diversos tiempos; salta del pasado al presente, no es lineal, en suma. Asimismo, Camila decidió que su novela sería un glosario de términos desde los cuales va haciendo la diégesis.

Quiero detenerme en estos dos aspectos. Existe una teoría (puede ser la del tiempo psicológico) que asegura que el tiempo es una flecha que no sigue una ruta lineal, sino que se entrelaza en su propio camino, da vueltas, se retuerce. Esto es justo lo que acontece en la novela de Camila. Alicia, su protagonista, parece no estar interesada en contar una historia con principio ni fin. Inicia con un abandono amoroso y no específica su edad en ese momento (¿lo cual podría representar un posible fin?). Inmediatamente, la autora sitúa al lector en la infancia de Alicia, los nueva años, en la Plaza Abaroa. Así, consecutivamente, Camila lanza “el hilo de Ariadna” por algo muy parecido a un laberinto.

Soundtrack me recuerda algunas obras de la pintura posmodernista o, en literatura, a novelas como Me acuerdo, de Joe Brainard, sobre todo por su arquitectura erosionada en su linealidad. En su aparente sencillez, esta obra de Urioste abre espacios de creatividad literaria, indaga en rincones, ciertas veces, imposibles de prever. Camila entra en un espacio de catarsis, de búsqueda hacia el interior, una anábasis, donde el tiempo (un personaje central) es otro, el de la memoria personal, movida por el sentimiento, en la inexactitud de la memoria.

Glosario. Catálogo de palabras. Museo de pérdidas, muestrario de emociones. Si bien es cierto que la idea de hacer una con la estructura de glosario no es nueva, sí es una experiencia de la palabra por la palabra, de la reinvención de términos, de símbolos. Es irremediable no recordar La insoportable levedad del ser, la tercera parte, “Palabras incomprendidas, donde Milan Kundera experimenta con la creación un pequeño diccionario. Recuerdo, asimismo, Diccionario jázaro, de Milorad Pavic, aunque no de manera tan directa.

Como idea es maravillo. Sin temor a equivocarme, Urioste es capaz de no sólo dejar en idea la creación de un glosario como novela. La posibilidad de llevar la palabra a su mayor calibración mediante la reinvención de su definición misma es una gran empresa. Las posibilidades de que este bosquejo funcione es que a cada sustantivo, verbo, nombre propio, la autora le crea un principio y fin, una historia, central o periférica, los dota de un pasado, un presente y deja su futuro a otra suertes.

Aquí, en este punto, donde la palabra está a fuego, es donde converge la poesía. Poeta, dramaturga y novelista, Urioste hace su propio lenguaje, y casi siempre es poético. Sus frases no se escapan de la reflexión, de una poesía hecha de cavilaciones, y como al poeta le es dado por obligación observar lo que otros no ven, Urioste mira esa cartografía personal y la pone a trabajar bajo las órdenes del lenguaje (poético, reitero).

Soundtrack me recordó a tres obras que leí recientemente. Sí por la voz femenina de quien narra, pero también por la temperatura con que lo hace. Alicia me abre una conexión con la protagonista de Sanguínea, novela de la ecuatoriana Gabriela Ponce, con la mujer que narra en Siberia, la obra de la también ecuatoriana Daniela Alcívar, así como con la niña/adolescente/adulta de Debimos ser felices, de la uruguaya Rafaela Lahore.

Desconozco si Camila conoce a Gabriela, Daniela y Rafaela, pero hay vasos comunicantes, historias que se parecen, acaso porque la realidad que viven es similar, porque el territorio que habitan se asemeja, no lo sé. Confieso que Soundtrack es una novela que me hubiera gustado escribir, tanto por la inventiva como por el tono con que se narra.


Mario Alberto Medrano González es narrador, poeta y periodista. Su poesía formó parte de la antología Después del viento, trece homenajes a Jesús Gardea, en el Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes, Chihuahua. Ganó el Concurso Literario sobre la salud y Cultura de la Prevención 2013, convocado por la Secretaría de Salud. Actualmente es jefe de corrección en el diario Excélsior, donde también es periodista cultural y crítico literario. Colabora en las revistasEste País y Periódico de Poesía de la UNAM. Es autor de libro Nebde (Ediciones del Lirio, 2019).