Entre el oleaje de periodismo falto de carácter y de humanidad, hay pequeños espacios a los cuales aferrarse. Un ejemplo: A la orilla del río, este desierto, de Marco Antonio López Romero, libro recientemente galardonado con el Premio Chihuahua 2019 de Periodismo.

La publicación deja en claro desde qué trinchera se escribe en cuanto se lee la primera parte de seis, quizá la más dura. En la crónica es muy fácil caer en el morbo, en hacer de los hechos un espectáculo, pero justo ahí resalta la sensibilidad del autor.

Por César Graciano 

Ciudad Juárez, Chihuahua, 28 de diciembre (JuaritosLiterario).- Textos sobre Ciudad Juárez hay muchísimos, sobre todo periodísticos, incluso de personas que jamás han pisado esta frontera. Podríamos llenar y llenar estantes con libros sobre la violencia, el narcotráfico y el feminicidio. ¿Qué queda por contar en una ciudad explotada por todos los medios y exhibida como la maquila de la maldad universal? Aún restan las historias que nadie cuenta: las de las víctimas.

Es relativamente sencillo hablar de la violencia de una ciudad que siempre ha sido el epicentro del caos fronterizo, casi desde su fundación. Después de tantos años de historia, cuando llega la guerra contra el narco y esta zona se convierte en el “laboratorio de nuestro futuro”, como lo describió Charles Bowden, fue muy fácil para cientos de periodistas y escritores mostrar el Juárez que todos tenían en la cabeza: la construcción del miedo universal reunido en “la ciudad más peligrosa del mundo”.

No digo que mientan, no digo que no mataran, que no me tocara ver la sangre de varios, quizá de muchos, pegada al cemento de cientos de lugares. Mostrar la violencia por la violencia resulta un trabajo sencillo, pero detenerse en las víctimas, no de los crímenes sino del sistema, es realmente complejo.

No muchos reporteros se interesan a fondo por su trabajo. Las condiciones laborales en los medios de comunicación empujan muchas veces a que el esfuerzo sea mínimo. Pero entre ese oleaje de periodismo falto de carácter y de humanidad, hay pequeños espacios a los cuales aferrarse. Un ejemplo: A la orilla del río, este desierto, de Marco Antonio López Romero.

Este libro fue el primer ganador del Premio Voces al Sol en la categoría de crónica, convocado por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez; y recientemente, galardonado con el Premio Chihuahua 2019 de Periodismo.

La publicación deja en claro desde qué trinchera se escribe en cuanto se lee la primera parte, quizá la más dura de seis que componen el conjunto. En las primeras cuatro crónicas era tan fácil caer en el morbo, en hacer de los hechos un espectáculo, pero justo ahí se muestra esa otra cara: el periodismo más humano.

Retratar de cuerpo completo la adolescencia criminal es un reto amplio y arduo. En esta parte inaugural encontramos el texto toral del libro. En “Carta a Clemente”, hallamos lo que podría ser el conjunto de las intenciones de López Romero: un estilo completamente definido por lo literario: hablarle de tú al personaje principal de la crónica a modo de carta. Además, ahí habita no solo un relato bien planteado y una historia estremecedora, sino que podemos ver las mejores armas del reporteo al servicio de un texto completamente dignificante, raro en la prensa juarense, raro incluso en el ejercicio periodístico a nivel nacional.

Si bien no todas las crónicas siguen ese estilo tan interesante de “Carta a Clemente”, ya que incluso algunas caen en la forma más plana del periodismo, en todas encontramos una buena investigación cimentada en datos, hechos, estadísticas y todos los recursos que el oficio informativo tiene a la mano.

En A la orilla del río, este desierto podemos encontrar los principales problemas de la frontera: el narcotráfico (un viaje por Las Varas, un pueblo del Municipio de Madera, la puerta a la Sierra Madre Occidental); el feminicidio (un breve recuento de los años de lucha por la justicia); la violencia sistémica contra las mujeres (cómo María Guadalupe pasa de ser la víctima a ser victimario, a ojos de la justicia); la migración (una descripción del trabajo de los “coyotes”).

Crónica tras crónica, Marco va humanizando la línea fronteriza, poniéndole un nombre y un rostro a quienes en estos años de violencia han sido las personas más vulneradas: adolescentes y niños, mujeres, periodistas, indígenas y migrantes. Ahí radica la importancia de A la orilla del río, este desierto: recuperar un poco de la dignidad perdida por medio del periodismo.

El 21 de noviembre se entregó el Premio Chihuahua a la Vanguardia en Artes y Ciencias. Algunos medios resaltaron la imagen en la que Marco le da la mano al gobernador, Javier Corral, quien otorgó el premio: López Romero trae puesta una camisa blanca con el rostro de Miroslava Breach (sobre quien hay una crónica en el libro), corresponsal de La Jornada y el periódico Norte de Ciudad Juárez, a manera de protesta por el carpetazo que se le dio al caso relacionado con su asesinato. Luego, en la foto oficial de los ganadores, no sale Marco, y por ende tampoco Miroslava.

Poco importa, al final del día, una presea o salir en la foto cuando el trabajo que se presenta va más allá que el apretón de cortesía con el presídium y sonreír para la fotografía. Si lo que se hace termina por reencontrar el rostro de los humanos olvidados en esta frontera explotada por todos, mostrar la dignidad que esta guerra nos ha hecho perder, qué puede importar todo lo demás.