No hay que tenerle miedo a la verdad. Foto: Sugeyry Romina Gándara, SinEmbargo.

De que la pandemia del coronavirus es una grave amenaza para toda la humanidad, no hay la menor duda. Y no me refiero solo a la crisis sanitaria que se ha expandido geográficamente en casi todos los países y dejado una estela de muerte creciente en la mayoría de ellos.

El tema nodal hoy es otro diferente pero no menos delicado: el de la crisis de la economía mundial, que organismos internacionales financieros como la Organización de Mundial de Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) advierten “será tan mala o peor que la crisis mundial de 2008” y generará una cuantiosa pérdida de empleos y altos niveles de pobreza y desintegración social, ya no solo en los países en proceso de desarrollo, sino también en los mas poderosos económica y financieramente.

Tan es así que la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos estima que la economía de esta potencia “entraría en recesión el próximo año. El Banco de América fue mas allá. Señaló que la economía estadounidense colapsará en el segundo semestre de 2020, con un retroceso de 12 por ciento, el PIB se contraerá al 0.8 por ciento durante este año y la cifra de desempleo podría llegar a un millón de trabajos perdidos.

Desde mi punto de vista, se queda corto en lo que se refiere al rubro del desempleo. En Estados Unidos ya hay 3.3 millones de despidos por la pandemia del coronavirus. Las estrictas medidas adoptadas hace unas semanas por Trump para frenar la pandemia no dieron resultado en materia de sanidad –la cifra de infectados y muertos sigue al alza–, pero si afectaron el mercado laboral a tal grado que en tan solo cinco días (del 14 al 21 de marzo), se generó una ola de despidos que puso fin “al más prolongado auge del empleo en la historia de Estados Unidos”, como lo anunció la agencia Reuters, el jueves de la semana pasada.

Ello no solo obligó a Trump a tomar medidas extraordinarias y al Congreso a preparar un paquete de estímulo por una cantidad de dos billones de dólares para que el Departamento del Trabajo atendiera las solicitudes de beneficios por desempleo.

No es casual que el Presidente Donald Trump, en respuesta a lo ocurrido, haya optado por suspender la cuarentena de “sana distancia social” y reactivar la actividad productiva, no obstante que EU ya superó a China e Italia en la cifra de contagiados e incrementó el número de personas muertas.

Me llamó mucho la atención que la calificadora estadounidense Moody’s en esos mismos días no haya dicho nada respecto a la reactivación económica y laborar que anunció Trump, pero si cuestionado al Gobierno mexicano por no “limitar la propagación del virus con acciones mas contundentes para abordar el problema de la pandemia, como Perú y Chile”, los cuales “declararon estados de emergencia, limitando el trabajo en personas a negocios esenciales solamente”.

Me quedó claro que la calificadora estadounidense referida es notoriamente vocera de la oligarquía financiera y sus medios de comunicación, los cuales están sumamente enojados con el Presidente de la República porque en vez de destinar los 400 mil millones de pesos con que cuenta el erario público para hacer frente a la crisis y crear un nuevo Fobaproa para financiar a las grandes empresas privadas y condonarles impuestos, el Presidente optó por invertirlos en los programas de bienestar social, así como también para solventar la caída del precio del petróleo, generada por la disputa de los hidrocarburos entre Rusia y Arabia Saudita.

A los oligarcas, gobernadores, partidos opositores y calificadoras financieras se les pararon los “pelos de punta” y recibieron un “golpe al hígado” cuando el Presidente explicó que ese dinero se invertirá en adelantar cuatro meses la pensión de los adultos mayores y se ejercerán 25 mil millones de pesos para otorgar un millón de créditos a pequeños comerciantes, taxistas y comercios de combustibles, entre otros, para solventar la crisis económica.

Es justo la Jornada Nacional de Sana Distancia que se ha puesto en marcha por el Gobierno de la República lo que tiene furibundos a los oligarcas financieros y a su calificadora Moody’s la cual, si bien reconoció que “el enfoque del gobierno podría ser menos perjudicial para la demanda interna, con un consumo menos afectado como resultado” insistió en que se “corre el riesgo de provocar un shock sanitario y económico mas prolongado (…) que afectaría a todos los sectores económicos durante un período más largo de tiempo”. (Textual)

No entienden la oligarquía y sus compinches que la mitad de la población en México vive en condiciones de pobreza; que no cuentan con seguridad social ni laboral alguna porque no tienen empleos formales y que no pueden estar encerrados y hacinados en sus precarias viviendas por la sencilla razón que “viven al día”.

En este deplorable contexto, a esos millones de mexicanos, no les queda de otra que la de “rifársela, venga lo que venga”. Tan es así que ya muchos de ellos han dejado en claro que prefieren morir contagiados por el COVID-19 que por hambre.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador busca, en la medida de lo posible, superar la grave crisis sanitaria que más afecta precisamente a ellos tanto en México como en otras latitudes.

De ello da cuenta su participación en la Cumbre Virtual de Líderes del G20, integrada por Arabia Saudita, que la encabeza, Alemania, Argentina, Austria, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica, Turquía y una representación de la Unión Europea.

De inicio pidió a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que tomara el control del comercio de medicamentos ante la pandemia del coronavirus COVID-19, para evitar el acaparamiento de los países con más recursos económicos y el manejo lucrativo que afecta a las economías menores.

Hizo hincapié en que era esencial la intervención de los pueblos, no solo la de sus gobernantes, porque para enfrentar esta crisis de salud se requiere de la participación de la familia que señaló “es la institución de seguridad social más importante”.

Señaló que era necesario dar atención a las microempresas y a la economía informal, ya que son los que se ven más afectados en toda crisis económica, como la que está en curso.

Y, finalmente, convocó a las grandes potencias a que pacten una tregua y ayuden para que no haya un cierre de fronteras o políticas arancelarias unilaterales y que no se afecten las economías con el precio del petróleo.

Se que muchos habrán de decir que las propuestas de AMLO referidas son “recomendaciones absurdas” y/o “populistas” como las califican sus adversarios políticos y oligarcas, a los cuales les comparto –con todo respeto, como dice el Presidente— una parte de dos artículos publicados el jueves 26 de Marzo en La Jornada: “México ante el COVID-19; ¿Polarización o Colaboración?”, publicado por Mario Patrón y el de “Economía Moral ¿extravagancia?”, de Manuel Pérez Rocha, el cual rememora un pasaje del maestro Alejandro Nadal que vale la pena reflexionar.

Va el primero: “El poder público y el poder privado no pueden solos ante las dimensiones y complejidad de la actual emergencia y, por ello, necesitan colaborar entre sí y convocar y sumar conjuntamente la voluntad ciudadana para disminuir los efectos negativos de la contingencia”.

El segundo. “El deterioro de los servicios de salud y la educación en la mayoría de los países desarrollados es un hecho bien documentado. Finalmente, todo se acompaña de un proceso destructivo en todas las dimensiones del medio ambiente, lo que es hoy una amenaza para toda la humanidad”.

Espero que lo lean. No hay que tenerle miedo a la verdad.