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Carlos A. Pérez Ricart

29/03/2022 - 12:04 am

C5 en CdMx y su papel para reducir la violencia

“Un buen sistema de videovigilancia ayuda en muchos sentidos: permite detectar patrones delictivos que de otro modo desconoceríamos, generar información georreferenciada de ilícitos y crear mapas que permitan realizar análisis especiales de la concentración del crimen en la ciudad. Además, son un insumo clave para cualquier investigación ministerial”.

Foto: Carlos Pérez Ricart

La semana pasada escribí sobre la reducción de la violencia en la CdMx. Presenté los datos. Mostré evidencia contundente para afirmar que la inseguridad en la capital del país está en uno de sus puntos más bajos desde que tenemos formas de medirla. Es una gran noticia. No hay lugar a dudas.

Pero ¿por qué?, ¿cómo explicar esta dinámica en un país que continúa siendo profundamente violento?, ¿qué hace que tengamos las cifras más bajas de homicidios y crimen con violencia de la historia de la CdMx?, ¿en dónde comenzar a buscar los porqués?

Con esta columna empiezo una serie de textos que intentarán dar cuenta de este fenómeno. El objetivo es doble: por un lado, intentar ofrecer respuestas respecto a las causas estructurales de la (in)seguridad; por el otro, examinar cómo y de qué manera pueden otras zonas metropolitanas (pienso en Monterrey, Jalisco, León, Puebla o Tijuana) emular lo hecho en la CdMx. No hay que buscar el hilo negro. Basta con hacer las cosas bien.

La primera hipótesis: las labores de inteligencia por las que ha apostado el Gobierno de la CdMx han resultado exitosas para la reducción del crimen. En esto ha sido vital la renovación y apuntalamiento del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la CdMx (C5), un proyecto que en los últimos tres años ha renovado el sistema de videovigilancia por cámaras multisensorial en la ciudad. La semana pasa acudí a sus instalaciones para conocer ver cómo opera.

¿Qué es exactamente el C5? ¿Cuál es su función? Su coordinador, Juan Manuel García Ortegón me lo explicó con detalle. Se trata de la instancia del Gobierno de la capital encargada de captar información que sirva para tomar decisiones en materia médica, de protección civil, transporte, y, por supuesto, seguridad pública. Esto es, el C5 no es parte de la policía; pero ayuda a que la policía tome decisiones inteligentes. Y lo hace bien.

El C5 se creó en 2009 aunque con otro nombre. Con el paso de las administraciones ha cambiado su estructura y nomenclatura. Su función, sin embargo, se mantiene. ¿Han visto esos postes de nueve metros situados en miles de esquinas de la ciudad?

Son los Sistemas Tecnológicos de Videovigilancia (STVs) desde los cuales el C5 monitorea y opera una infraestructura de miles de cámaras en toda la ciudad. Todas están enlazadas a la red del C5 que es operada por decenas de operadores que reciben un promedio de cinco mil llamadas diarias. Muchas de ellas reportan actividades inusuales o personas sospechosas mediante el sistema del 911. Los operadores —quienes tienen frente a ellos entre tres y cuatro monitores con imágenes— se encargan de recibir y canalizar esas llamadas a unas treinta dependencias públicas. No siempre se trata de asuntos de seguridad: a veces el motivo de la llamada está relacionado a emergencias médicas, gatos en la azotea, incendios involuntarios, alcantarillas que no sirven. Las posibilidades son ilimitadas. Las cámaras del C5 y sus sistemas de geolocalización ayudan a los operadores a localizar el incidente y a tomar la mejor decisión en el menor tiempo posible.

El C5 (entonces llamado CAEPCCM) comenzó a operar en 2009 con ocho mil cámaras. Con los años fueron agregando algunas más. La actual administración recibió un sistema con poco más de 15 mil. Muchas sin funcionar, otras muy viejas. En diciembre de 2018 el proyecto se reanudó: se invirtió dinero ahí donde era necesario y se ahorró en donde hacía falta. Eso permitió que tres años después tengamos casi 65 mil cámaras en la ciudad; prácticamente todas funcionando. Además, muchas de ellas ya son cámaras de 360 grados que funcionan las 24 horas al día y que pueden guardar en los servidores hasta 30 días de video. Se trata del sistema de monitoreo más grande de América Latina. La promesa: tener 112 mil cámaras para 2024.

Trece mil de los postes que utiliza el C5 para operar, tienen también botones de auxilio. Tan solo con oprimir el botón verde (normalmente debajo de un rotulo azul) el ciudadano será atendido por un operador en pocos segundos. García Ortegón recomienda probarlo, no tenerle miedo. Se trata de que el ciudadano se familiarice con el sistema, revise su efectividad y el tiempo de respuesta. Yo ya lo hice y me sorprendió la respuesta en pocos segundos. Ahí están los operadores que responden desde el C5. Todos los días del año. Todo el tiempo.[1]

Ahora, la pregunta clave: ¿ha sido el C5 un factor importante en la reducción de la violencia en la ciudad de México? ¿valen la pena los miles de millones de pesos que anualmente gasta el Fobierno de la CdMx en su operación y que suponen uno de los gastos más importantes de la ciudad? Todo apunta a que sí. Un buen sistema de videovigilancia ayuda en muchos sentidos: permite detectar patrones delictivos que de otro modo desconoceríamos, generar información georreferenciada de ilícitos y crear mapas que permitan realizar análisis especiales de la concentración del crimen en la ciudad. Además, son un insumo clave para cualquier investigación ministerial. Tener más información permite generar mejor inteligencia, hacer políticas públicas más específicas y reaccionar más rápido.

El C5 no hace magia. Es tan importante la tecnología como la gente que está detrás de las cámaras. De nada sirve registrar imágenes si el sistema no funciona, si el operador no está preparado técnicamente, si los protocolos de protección de datos no se cumplen o si la investigación ministerial no es pulcra. Además, aunque sabemos que las cámaras sí producen mayor sensación de seguridad entre la población, la evidencia de que prevengan el delito es aún poco clara (por decir lo menos). Faltan estudios, mejores datos, mayor investigación. Aquí aventuro solo una hipótesis, la primera de varias. Seguimos.


[1] El C5 también opera cientos de sensores con lectura automática de placas de vehículos. Esto permite seguir por horas (o incluso días) el trazo de coches vinculados a casos de robos por toda la ciudad. El C5 hace mucho más: opera los altavoces conectados al Sistema de Alerta Sísmica Mexicano, mantiene un programa de emergencias médicas (que resultó muy útil durante la pandemia), mantiene un sistema móvil de respuesta ante eventos especiales (conciertos, manifestaciones) e incluso provee a través de sus STVs la infraestructura que provee wifi gratuito en la ciudad.

Carlos A. Pérez Ricart
Carlos A. Pérez Ricart es Profesor Investigador del CIDE. Es uno de los integrantes de la Comisión para el Acceso a la Verdad y el Esclarecimiento Histórico (COVeH), 1965-1990. Tiene un doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad Libre de Berlín y una licenciatura en Relaciones Internacionales por El Colegio de México. Entre 2017 y 2020 fue docente e investigador posdoctoral en la Universidad de Oxford, Reino Unido.
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