“¡Otra vez tarde! La misma pinche rutina de siempre. ¡Ahora sí, voy a renunciar a este maldito trabajo!”, dice el hombre. Aún no se ha dado cuenta que ahí, en el andén del Metro Niños Héroes, ocurre algo extraño. 

Ciudad Juárez, Chihuahua, 29 de mayo (SinEmbargo).– 23:30 horas. El hombre camina por el andén del Metro Niños Héroes, en la Ciudad de México. Espera por el convoy, pero nota algo raro: el tiempo se ha detenido, la gente se ha esfumado…

“Juraría que hace rato había más gente en el andén, eso sí está raro. Nunca me había pasado, quedarme solo en el Metro. Otra vez esa extraña sensación de que alguien me está viendo. ¿Por qué tengo esa idea?”, cuestiona.

El protagonista observa las vías del Metro y piensa que si se deja caer, podría encontrar en la muerte lo que nunca ha tenido en la vida. ¿Lo hará? Puedes descubrirlo en La mala hora, novela gráfica de Logan Wayne y Ric Velasco.

En entrevista para SinEmbargo, Logan Wayne habla sobre La mala hora y de la importancia que tiene formar parte de una editorial independiente.

Portada de La mala hora.

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–Cuéntanos sobre La mala hora.

La mala hora es una historia que saqué en el 2017. La escribí para participar en Pixelatl en ese año. No quedó seleccionada. La dibujó Ric Velasco. La trabajé después y quedó como está. Es una historia de la Ciudad de México. A las 23:30 horas, un hombre ya cansado, ya listo para irse a su casa, se mete al Metro Niños Héroes y ahí espera el convoy para irse. El Metro no pasa y no pasa. Entonces el protagonista consulta su reloj y siguen siendo las mismas 23:30 horas. Es cuando se da cuenta que no hay gente en el andén. No hay policías, no hay nada. Así le empiezan a pasar cosas muy raras en el Metro. Si queremos pensar que es una historia de terror, puede funcionar como una historia de terror, pero si queremos ir más allá, todo se deriva de El mito de Sísifo, de Albert Camus, donde se plantea que el problema más importante que tiene que resolver el ser humano es decidir suicidarse o no. La obra, La mala hora, no hace apología del suicidio, sin embargo, es para todos aquellos que en algún momento estuvimos lo suficientemente tristes, deprimidos, vacíos y pensamos en esa posibilidad, pero queremos seguir viviendo. A mí me costó trabajo. No quería tratar de manera insensible un tema tan delicado como es el suicidio. No quería que nadie se pudiera sentir agredido. Traté de que la novela no fuera un pasquín de autoayuda. Es para darte cuenta de todo lo que tienes, de todo lo que hiciste y pues con eso construir una vida que queremos vivir.

–¿Por qué elegir de escenario al Metro de la Ciudad de México?

–Un día me quedé totalmente solo en el Metro y me dio mucho miedo. Estaba yo leyendo y volteé y no había nadie. Me asomé y no había nadie. La historia original era nada más de terror y ya, nada más, pero ya después, mezclándolo con la parte filosófica, me pareció muy importante el escenario del Metro porque ahí deambulan muchísimas almas, muchísimas depresiones juntas, muchísimas esperanzas juntas. Me pareció un escenario propicio para este tipo de análisis, de reflexiones. Muchas veces vas en el Metro y, aunque venga lleno, te sientes solo.

–En el principio de la novela hay un espacio en blanco. Invitas al lector a llenarlo.

–Así es. En algún momento de nuestras vidas, todos tenemos un vacío adentro. Nos deprimimos, no nos encontramos, creemos que la vida no tiene sentido, y de eso trata la obra de Albert Camus. Muchas veces responsabilizamos a los padres, a los maestros, al Gobierno, de que la vida no sea la que queremos, pero en el momento en que nosotros decidimos llenar ese vacío, comenzamos a entender la vida. Muchas veces la vida es incomprensible, pero no es por los demás, sino porque nosotros no nos hemos sentado a reflexionar en que el tiempo que tenemos aquí es corto y que nosotros podemos, si lo decidimos, transformarlo. Ese cuadro blanco cumple con eso: llénalo con algo.

–Háblanos sobre la Editorial Perro Muerto.

–La Editorial Perro Muerto soy yo. La fundé en 2014. En 2012, dije que iba a ser un cómic, pensé que no era difícil. Escribí una historia y busqué a alguien que la dibujara. Hablé con Martín Avilés, un alumno de Sixto Valencia Burgos, creador del personaje Memín Pinguín. Le dije que me recomendara a alguien y él dijo que él lo hacía. ‘Me avisas cuando esté’’, dije. ‘No, me estás pasando una historia, pero tú me tienes que decir qué va en la página uno, qué dicen los personajes, cómo están acomodados, cómo están vestidos’, me contestó. ‘¿No lo haces tú eso?, le dije. ‘No, eso lo hace el escritor’. En es momento me di cuenta que sí estaba bien difícil. No tenía ni idea. En ese momento yo tomé una decisión y me puse a estudiar narrativa gráfica, literatura… En 2014 saqué mi primera página de cómic, es decir, casi dos años después. Desde entonces he publicado 10 número de Lazarus, 3 novelas gráficas, 2 novelas en prosa. Al principio me ayudó Guadalupe Escobedo, a quien mando un saludo. Pero luego se bajó del barco. Pensé que yo solo no iba a poder, pero cómo no. Ahorita la editorial está muy sólida. Está produciendo mucho. Estamos yendo a eventos como este, la Feria del Libro de la Frontera. En algún momento del año pasado platiqué con Héctor Germán Santarriaga sobre la posibilidad de trabajar juntos, pero no queríamos que Editorial Perro Muerto y Nostromo Ediciones dejaran de existir. Creamos un sello nuevo: Pura Pinche Fortaleza Cómics, el cual nos permite colaborar en muchas cosas. Ahora eso hacemos. Optimizamos recursos y tiempo. Los dos sellos se fortalecieron. Ahora producimos más, vendemos más.

Héctor Germán Santarriaga y Logan Wayne en la Feria del Libro de la Frontera. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

–¿Qué importancia tiene publicar de manera independiente?

–Uno como autor sueña que una editorial grande te contrate, te descubra, te invite, te entreviste, viajes. Uno al principio quiere eso, y si no te ubicas en tu realidad, pues te deprimes porque nadie te llamará en la vida. Yo no sabía escribir hace cinco años y aún me falta aprender mucho en ese oficio, sin embargo, hay mucha gente a la que le gusta mi obra. Sé que no soy el rock and roll, pero tengo muchas áreas de oportunidad todavía. La independencia es una decisión que tuve que tomar: ¿cómo le iba a dar salida a mis cosas? Hay muchos autores que esperan apoyos, pero esos apoyos nunca van a llegar. El autor muchas veces tiene que hacer su trabajo en términos de escritura, de dibujo. Sí, pero eso ya no alcanza. Si no tienes una noción administrativa, una noción financiera, una noción de costos y ventas, pues ahí se va a quedar [guardado] tu dibujo chingón. Entonces tú, como autor independiente, tienes que prepararte para que tu argumento para vender no sea “somos mexicanos, ayúdanos’’. Tienes que trabajar y estudiar para que tu trabajo compita con todo lo que hay. Tienes que ser un autor responsable. Tienes que administrar tiempo y dinero. Debes administrar el esfuerzo.

La parte del autor independiente también tiene que ver con el ego. Tu ego, si no está bien trabajado… Te puedes ofender porque compran un cómic que no es tuyo. La independencia tiene que ver con la parte emocional. Tienes que estar preparado para compartir. A veces te va a ir bien a ti, pero también trabaja para que le vaya bien al otro. Así se hace industria. En México no hay industria del cómic por eso: “si no me compran a mí, entonces me siento mal”. La independencia es una responsabilidad muy importante. El autor debe comprometerse. Tienes que usar la independencia para producir. De nada sirve que hoy vengas aquí, ganes mil pesos y te los gastes en una chelas. Por ahí hay un término: anarquismo. Mucha gente cree que el anarquismo es ir a pintar paredes. No, anarquismo es que nadie te revise para que puedas hacer bien las cosas, que tú mismo te gobiernes.

–La mala hora no es tu más reciente novela.

–Además de hacer novela gráfica, hago novela en prosa. Mi última novela en prosa es Tecolutla Makes Me Happy, novela que arranca el 1 septiembre del 2002, durante el segundo informe de Vicente Fox. Alguien muy enojado hace estallar el Congreso de la Unión con diputados y senadores adentro. Si a la gente le gusta el rock, la acción, le puede encantar. Mi última novela es Monk, niños, fantasmas y jazz, la cual es una historia que hice pensando en los niños, pero al final me he dado cuenta que muchos adultos la adoran, pues les da mucha nostalgia. Esos son mis dos novelas más recientes. En Pura Pinche Fortaleza cómics sacamos Niño terror, que es el primer proyecto que sacamos en conjunto. Son cómics de miedo para niños punketos. Tuvimos que hacer una definición de niño punketo. Fuimos cuidadosos para no ser moralinos. Tratamos mucho de no subestimar al niño. Queremos que el libro sea un link entre el adulto y el niño. Ahorita yo estoy escribiendo un par de novelas en prosa, una de terror, una de amor, y una nueva novela gráfica, Condesa, que tiene que ver con el temblor del 2017. Estamos trabajando mucho. No hay otra forma de hacer las cosas. Hay que tomar buenas decisiones y rodearte de gente que te aporta. Para mí fue una gran decisión unirme con Héctor Germán Santarriaga en esta aventura y ahí vamos avanzando.

–La pregunta cliché: ¿por qué la máscara?

–Tengo cuatro razones y las cuatro son verdaderas. Les comparto una: el ego. Desde hace 10 años estoy trabajando con el ego. Hace algunos años, por algunas situaciones, yo tenía un ego muy desmesurado y lesionaba mis relaciones personales. Era el ‘yo, yo, yo’. No estaba chido. Llevo trabajándolo y lo he podido administrar. No se trata de erradicar el ego, sino de usarlo para lo que es. La máscara me sirve para eso. Llega alguien y me pide una foto o una firma, y eso hace que te infles. Ahora yo salgo de aquí, me quito la máscara y sigo siendo el mismo de siempre. Eso me gusta. Así no pierdo el piso. Me gusta esta doble identidad que causa misterio en la gente que viene. Muchos me preguntan que por qué no pongo mi nombre o por qué no muestro mi cara en las entrevistas. Ya no lo necesito. Mi ego ya no necesita de esas cosas. Estoy conforme con que el personaje se lleve todo. Yo duermo tranquilo.