Sus compañeros lo apodan “Kalusha”. Tiene 12 años y su estilo de juego lo convierte en miniestrella de Chivas. Sus padres lo cuidan como un tesoro. Un error, un pequeño descuido, y su carrera puede terminar.  

Ciudad de México, 29 de junio (SinEmbargo).– Es junio de 2013. El periodista Juan Pablo Meneses se adelanta seis años y escribe sobre un pequeño de 12 años al que apodan “Kalusha”, como el futbolista zambiano que vino a México para jugar con el América en los noventas.

“Kalusha”, de 12 años, “es volante ofensivo de perfil zurdo, y tiene arrojo, desparpajo, baile, ritmo, fuerza, amagues, gambetas, gol, velocidad, entrega, temperamento, ganas. Pero también tiene un representante, una orden del club para que no dé entrevistas, un trato de miniestrella, prohibición de jugar fuera de las Chivas y un futuro marcado de cerca por todos los entrenadores de las divisiones inferiores, lo que en México se denomina las fuerzas básicas del club”, describe Meneses en el libro Niños futbolistas: Una crónica extrema sobre el negocio del futbol.

El pequeño, hijo de madre mexicana y padre camerunés, “se ha convertido en la nueva joya infantil del popular equipo mexicano las Chivas de Guadalajara”, de acuerdo con la investigación del periodista chileno.

En las fotografías, describe Meneses, se ve a “Kalusha” con una playera rojiblanca. El periodista no lo sabe, pero está escribiendo sobre un joven que terminará siendo noticia nacional, y no precisamente por sus goles.  “Kalusha” se llama Joao Maleck.

Los padres del futbolista de 12 años “saben que una torcedura de tobillo, una pisada en falso, un accidente doméstico, cualquier hecho fortuito puede dejarlo fuera de la carrera y lejos de la fortuna, igual como pasa con los purasangres”, señala Meneses en El tesoro, capítulo de Niños futbolistas.

Los representantes de “Kalusha” creen que “cualquier desconocido, cualquiera que quiera entrevistarlo o hablar con él, es potencialmente un espía de clubes europeos. Todos saben que Maleck tiene pasaporte francés, porque su padre, Jean Maleck, jugó en Francia. En esta industria, un latinoamericano con pasaporte europeo avanza varias casillas en el tablero”, detalla el autor de Equipaje de mano, La vida de una vaca, Sexo y poder, Crónicas argentinas y Hotel España.

Juan Pablo Meneses corta el relato sobre Maleck. No hay más detalles. La próxima vez que se escriba sobre el futbolista será por una tragedia.

Portada de Niños futbolistas. Foto: Yussel Dardón.

Es junio de 2019. Joao Maleck, de 20 años, pisa el acelerador de un Ford Mustang blanco en Zapopan, Jalisco. Está a punto de provocar un accidente que cobrará dos vidas.

Una mujer y un hombre, pareja de recién casados que viaja en un Chevrolet Aveo, son impactados en el cruce la avenida Tepeyac y la calle Playa de Hornos, en el municipio jalisciense. Ambos pierden la vida. Maleck es detenido.

Joao, el pequeño que era tratado como estrella en las Chivas de Guadalajara, alcanzó el sueño de los jóvenes futbolistas mexicanos: llegar a Europa. En la temporada 2017–2018, jugó con el Oporto B, en Portugal, país que ha visto nacer a figuras como Cristiano Ronaldo y Figo. Allá, a casi 9 mil kilómetros de distancia de Jalisco, tuvo discretas participaciones.

Un juez de Jalisco le dictó, el 25 de junio de 2019, seis meses de prisión preventiva justificada para que continúe su proceso en México, informaron autoridades. Los videos del momento del choque se viralizaron en redes sociales. En estos se ve al Ford Mustang blanco sin control.

En el momento en que se deja de escribir este texto, Joao Maleck, “Kalusha”, se encuentra en el Penal de Puente Grande, mismo lugar del que se fugó Joaquín Archivaldo Guzmán Loera en enero de 2001.

Durante varias semanas, Juan Pablo Meneses realizó gestiones para entrevistarse con “Kalusha”. No lo logró. “Lo cuidan demasiado. No pude conseguir la entrevista. No quieren hablar”, le dijo Jesús Hernández, reportero de Milenio. Su voz no pudo incluirse en Niños futbolistas, “una pieza periodística que honra al oficio y que deja en los lectores la huella que constituye el rastro de las grandes historias humanas”, de acuerdo con Juan Cruz, integrante de El País.