¿Cómo se arma ese mundo, el de cada quien? Foto: Óscar de la Borbolla.

“Desde mi punto de vista” es una expresión hueca que, en la mayoría de los casos, solo pretende relativizar el pensamiento de quien la dice para no parecer dogmático o para evitar un conflicto. Sin embargo, con todo y la acotación, uno piensa eso, cree en eso y, si los demás no fueran tan difíciles, uno lo defendería con extraordinaria vehemencia. “Desde mi punto de vista” es, a lo más, una confesión de hipocresía convenenciera.

Si uno tomara en serio dicha frase se daría cuenta de que habla del mundo en el que está encerrado y de la incapacidad de ver más allá de ese universo portátil donde habita. ¿Cómo se arma ese mundo, el de cada quien? Lo primero que habría que considerar es el hecho de que, por mucho que hayamos viajado, solo hemos recorrido unas cuantas calles de las ciudades adonde hemos estado; que del inconmensurable conocimiento que hay en una buena biblioteca solo nos hemos asomado a unos cuantos libros, y que de la infinidad de personas que conforman la humanidad sólo hemos tratado con unas cuantas. Darnos cuenta de que nuestro punto de vista es el resultado de ese puñado de experiencias que nos ha permitido fraguarnos una idea, tener precisamente ese punto de vista.

Lo segundo son las coordenadas espacio tiempo que nos han tocado, pues no pensaríamos igual si, en vez de ser mexicanos del Siglo XXI, fuéramos austriacos del Siglo XIX o nativos de las tierras que hoy ocupa México, pero en la época de bonanza de los mexicas. Estas coordenadas troquelan lo que llamamos nuestro mundo y nuestro punto de vista: siempre consecuencia de los factores azarosos: dónde estamos y cuándo.

El enunciado “desde mi punto de vista”, entendido a fondo, revela la ignorancia incurable que todos padecemos y, lo más importante, que nuestras opiniones y juicios son meras formas de verbalizar el pequeñísimo mundo en el que estamos atrapados, pues para cada quien El mundo es ese pobre mundo del que no ha salido.

Y no están mejor quienes ni siquiera relativizan su visión presentándola como su punto de vista: los convencidos, los dogmáticos, los intransigentes para quienes no hay más que lo que son capaces de ver, y que aspiran a imponerlo incluso con la fuerza. Estos ni siquiera comprenden que no comprenden, ni siquiera saben que no saben; viven orgullosos con su ceguera, ufanos de su estrechez. Y no merecerían ni ser mencionados, pero como son tantos y tan feroces se han ganado un sitio, al menos, en el miedo, pues dan miedo y no sólo lástima.

Todo esto, por supuesto, es tan sólo mi punto de vista. Un punto de vista nacido en el mundo donde vivo. Un mundo cuyas paredes trato de alejar todos los días para ampliar las fronteras de mi comprensión; pero, como dije antes: sólo unas cuantas calles, sólo unos cuantos libros, sólo unas pocas personas he recorrido, leído y tratado en lo que va de mi vida.

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