Este Día Nacional del Maíz, cereal con 64 tipos en México incluyendo 59 razas nativas, desde las comunidades campesinas y la Secretaría de Agricultura se llamó a defender las formas tradicionales y milenarias de producción de alimentos frente al uso de transgénicos y agroquímicos tóxicos que devastan la salud, el agua y el suelo.

Ciudad de México, 29 de septiembre (SinEmbargo).– Cada 29 de septiembre, como hoy, familias campesinas, sobre todo en el centro del país, colocan en las puertas de sus casas cruces con flores naranja y festejan en sus milpas la cosecha de los primeros elotes.

En este Día Nacional del Maíz, productores y organizaciones recordaron la urgencia de seguir defendiendo la producción de semillas y alimentos por parte de las comunidades campesinas e indígenas frente a los monopolios de empresas transnacionales como Monsanto y Syngenta que promueven el uso de agroquímicos tóxicos, como el glifosato y semillas transgénicas que dañan la salud humana, el agua, la tierra, los polinizadores, la agrobiodiversidad y, también, a las variedades de maíz en México que este martes se celebran como el cacahuacintle, el palomero, el colorado, el olotón, el pepitilla, entre otros regalos del país al mundo, junto con el chile, el amaranto, el frijol…

“El maíz está en todo México y todo México es lugar de origen, los cuales debemos defender. Alimentan al país, pero los maíces están siendo desplazados por otros cultivos comerciales. En Tlaxcala estamos perdiendo dos variedades, el arrocillo y el palomero, que por cuestiones económicas muchos campesinos los han hecho a un ladito por la introducción de los maíces híbridos y la amenaza de los transgénicos”, dijo el productor Pánfilo Hernández durante un evento virtual organizado por la Secretaría de Agricultura (Sader).

En América Latina hay 220 tipos de maíz y en México 64, de los cuales 59 son razas de maíces nativas que forman parte de nuestras culturas, de nuestras raíces, de nuestras cocinas, de nuestra cosmogonía, de nuestra diversidad biocultural y tradiciones, enfatizó el colectivo Sin Maíz no Hay País, impulsado por más de 300 comunidades campesinas e indígenas.

“Los bienes comunes como el agua, los bosques, las selvas, el suelo, las semillas nativas -entre ellas la del maíz- están en riesgo de ser privatizados a través del uso de transgénicos, ser contaminados y agotados. Ante eso, es necesario garantizar nuestros derechos humanos a la alimentación sana y suficiente, a la salud, a la biodiversidad y a un ambiente sano”, alertó la organización. “Celebremos la diversidad de nuestros maíces y la diversidad de las cocinas tradicionales mexicanas, celebremos a la milpa como una forma de producir alimentos, pero también como una forma de entretejernos y de hacer país. Celebremos a las diferentes culturas presentes en México”.

De la Sierra Negra de Puebla. Foto: Sin Maíz no hay País/Guadalupe Bolaños.

Desde el sur de Yucatán, Pepe Roger May compartió que ellos se basan en las fases lunares. Esperan a la luna llena para doblar la milpa y hacer la cosecha, porque los granos ya están maduros. “El maíz es una herencia de nuestros abuelos, por lo tanto nos toca cuidarla. Tenemos esa gran tarea de seguir conservándolo”, afirmó.

La organización Sin Maíz No hay País manifestó su rechazo a la reforma de la Ley Federal de Variedades Vegetales propuesta en la Cámara de Diputados que, como ha denunciado durante meses, despojaría a las comunidades campesinas e indígenas de sus semillas, una herencia cultural milenaria. También dice no a los alimentos ultraprocesados que dañan la salud de la población mexicana. En contraste, demanda la soberanía y autosuficiencia alimentaria, el fomento y producción de maíces nativos y a la multiplicidad de milpas en manos campesinas, transición a la agroecología y alternativas amigables con el medio ambiente, además de un impulso a los alimentos sanos, nutritivos y culturalmente adecuados.

En la misma línea, la organización ambientalista Greenpeace México reiteró su exigencia al Gobierno federal de prohibir el uso de Organismos Genéticamente Modificados (OGM/Transgénicos) y de agroquímicos tóxicos como el glifosato, porque afectan de manera grave la enorme diversidad del maíz nativo, contaminan el agua y el suelo e implican un serio riesgo para la salud humana.

“Las grandes empresas transnacionales que promueven el uso de OGM y del herbicida glifosato no solo ponen en riesgo la salud humana, sino el medio ambiente en su conjunto y con ello la herencia ancestral que implican el maíz, el chile, la calabaza y otros cultivos, así como el sistema de milpas, que los pueblos originarios han conservado durante miles de años”, expuso.

Viridiana Lázaro Lembrino, especialista en Agricultura y Cambio Climático de Greenpeace México, recordó la importancia de avanzar hacia una producción ecológica, que preserve la biodiversidad y la agrobiodiversidad mexicana forjada por manos campesinas desde hace milenios, para darnos oportunidad a gozar de un medio ambiente sano y de una alimentación saludable, local y natural.

Por eso, indicó que es urgente la publicación del decreto presidencial para la prohibición de transgénicos y glifosato, para proteger la integridad de México como Centro de Origen del maíz y numerosos cultivos, entre ellos el chile, el frijol, la calabaza, la vainilla, el algodón, el aguacate, el amaranto, el chayote y el maguey.

En México existen por lo menos 700 formas de comer maíz. Foto: Sin Maíz no Hay País/Karla G. Hernández-Aguilar.

MAÍZ, ELEMENTO CENTRAL DE LA ALIMENTACIÓN

El Secretario de Agricultura, Víctor Villalobos Arámbula (recién recuperado de la COVID-19), recordó que el maíz, nacido en Mesoamérica hace unos 10 mil años y domesticado en pueblos indígenas del valle de Teotihucán, Puebla, y de Oaxaca, es el cereal con mayor volumen en el mundo (2 mil millones de toneladas), incluso por arriba del trigo.

“El maíz es el elemento central de la seguridad alimentaria de México y lo es también para muchos países del mundo. Tortillas, tacos, totopos, tlayudas, chilaquiles, quesadillas, panuchos, chalupas, gorditas, tamales, tlacoyos, palomitas, esquites, pozoles, pinole, atoles… híjole, ya me dio hambre”, enlistó Villalobos. “En México existen por lo menos 700 formas de comer maíz. El maíz blanco y amarillo son los más conocidos, pero tenemos morados, rojos, azules, duros, blandos, dulces, harinados, opacos. Abundante diversidad paralela a la gran diversidad biocultural de nuestros pueblos”.

Este año se producirán alrededor de 29 millones de toneladas de maíz, adelantó el Secretario, provenientes de todos los estados de la República, principalmente de productores de pequeña y mediana escala.

Cultivo en San Matías Atzala, Puebla. Foto: Sin Maíz no Hay País/Carolina Gamboa.

Campesinos en Puebla. Foto: Sin Maíz no Hay País/Guadalupe Bolaños.

El subsecretario de Autosuficiencia Alimentaria, Víctor Suárez Carrera, agregó que donde hay más diversidad lingüística, donde hay más diversidad de tradiciones y de fiestas, es donde hay más variedad de maíces.

“Hoy es más que una celebración, es un espacio para generar propuestas para la protección de la agricultura tradicional, del sistema milpa, de nuestras semillas criollas, nuestro patrimonio biocultural. Es un momento para revalorar las formas en que producimos nuestros alimentos y la forma en como comemos y cómo nos nutrimos”, afirmó Suárez, quien formó parte del colectivo Sin Maíz no Hay País, y –a diferencia de la omisión de Villalobos– recriminó la insistencia de proyectos de siembra transgénica que, “si le diéramos entrada erosionaría nuestra riqueza genética de maíz”.

José Sarukhán Kermez, coordinador general de la Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de la Biodiversidad (Conabio), detalló que no hay ningún otro cultivo que se haya diferenciado tanto de la planta de la que se originó (teocintle) como el maíz.

“Los campesinos de México producen suficiente maíz (2.9 millones de toneladas) para alimentar potencialmente a 54.7 millones de personas. Pero no ocurre porque no hay los medios de movilidad para que vayan de municipios superavitarios a deficitarios. Pero lo más importante es que los mexicanos llevan el experimento de selección más grande del mundo; cada año seleccionan la semilla que sembrarán de 5 mil millones de plantas. Cada año siembran 4.6 millones de hectáreas en todos los climas”, destacó.