Nueva novela del autor de Guadalajara. Foto: Facebook

Nueva novela del autor de Guadalajara. Foto: Facebook

Ciudad de México, 29 noviembre (SinEmbargo).- Todos debemos ocupar nuestro lugar en la fila. Que ni se nos ocurra pasar al de adelante, olvidar al de atrás. La vida puede ser una verdadera lata en un país donde la ley es quimera para el incauto y Biblia de hierro para el poderoso, pero lo peor es cuando la vida se convierte en muerte despiadada, allí donde buscabas cobijo, amor tierno.

La Negra, antiheroína que protagoniza la nueva novela del escritor mexicano Antonio Ortuño, La fila india (Océano) pone su triste vida en juego por la osadía de querer superar el lugar que le ha tocado en la hilera y por la aspiración de ser querida por el más corrupto y feroz de los hombres.

Un informe de ciega que lacera: ella es la única que no ve lo que el lector casi atisba desde la primera página.

La traición que la pone al borde del abismo es sólo un aspecto de los tantos y tenebrosos que despliega una novela concentrada y precisa que como pieza de relojería cuenta los 10 segundos que faltan para que la bomba explote en Santa Rita, un pueblo siempre en obras al que llegan los inmigrantes centroamericanos como paso en su aventura hacia el sueño americano.

Agentes policiales, polleros, tratantes de personas, torturadores agazapados en la piel de un hombre que la observa desde la ventana de enfrente…personajes siniestros con que La Negra interactúa y que la hacen comprender, casi demasiado tarde, que vivimos en una tierra de cómplices, donde casi todos somos responsables de lo que pasa, algo que jamás admitiríamos, por supuesto.

Ortuño, que ostenta una pulsión narrativa magistral en este libro, enjuicia en La fila india con rigor implacable a sus compatriotas. El “ser mexicano” no está bueno, no es motivo de orgullo si no nos pasa nada cuando, por ejemplo, nos enteramos que aparecieron 72 inmigrantes centroamericanos asesinados en una fosa común.

Probablemente, el mayor valor de La fila india, una historia apasionante que nos mantiene en vilo hasta el final, sea el compromiso del narrador, quien en su descenso al infierno elige “mojarse” y expresar la ira y la decepción con un vértigo contagio que nos insta a rebelarnos. Allí radica la esperanza, la única, que se permite el autor: en su lector.

–          Tal vez te hubiera ido mejor con La fila india si lo contabas desde un narco, mitificándolo…

–          (risas) Sí, creo que sí. La verdad es que siempre he querido escribir alguna historia que me saque de trabajar, pero a la hora de la hora no puedo.

–          Leyendo La fila india pensé en que a los ciudadanos de a pie no nos quedan más que las instituciones, aunque sean corruptas, aunque sean tremendas…

–          El asunto es que nos tenemos que apañar con eso y a veces funciona. A veces la policía detiene al malo, a veces la salud pública te cura, pero al fin todo es una ruleta…

–          Tal vez si existe un lugar correcto desde donde narrar lo que sucede, sea este, desde aquello que llamamos “instituciones oficiales”.

–          Pensé mucho en eso antes de iniciar la novela, buscando desandar el propio automatismo, creando una protagonista que está a contrapelo del divismo exacerbado de los narradores de novelas

–          La inclusión de un niño en la historia estimula la pregunta de qué tipo de sociedad queremos dejar a los que vendrán…

–          Hay un tipo de literatura  que se hace desde la perspectiva de Mad Max: todo está podrido y nos damos de balazos, pero en realidad lo que uno quiere no es morirse sino saber cómo diablos sobrevivir a este horror.

–          La voz de los biempensantes en tu novela es la voz que muchos mexicanos no estarían dispuestos a admitir que tienen, pero la tienen

–          Claro, es una voz terriblemente mexicana, pero es off the record. Es lo que dicen los mexicanos cuando no están mirando a la cámara. Es lo que lees en los foros de Internet, de esos anónimos que nunca dan la cara, toda esa basura racista y clasista que se vuelca en las redes sociales cuando México juega con Costa Rica, por ejemplo.

–          Te metiste tanto en la piel y en los huesos de La Negra, que al hacerlo también te cargaste a todo tu género masculino; no hay hombre que se salve en tu historia

–          Fue un trabajo arduo y me ayudó mucho ser jurado del Premio Sor Juana de Novela, lo que implica haber leído más de 100 historias escritas por mujeres. Crecí en una familia de mujeres, en casa tengo a mi mujer y mis dos hijas. El único ser masculino en mi entorno es mi pez betta. Escribí La fila india pensando siempre en que la narradora fuera verosímil y no fue fácil. Lo fácil para mí hubiera sido escribirla desde la perspectiva masculina puesto que soy hombre.

Foto: Especial

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–          Tanto La Negra, como Vidal y el resto de los personajes son tipos comunes con los que nos topamos a diario

–          Parte de lo que me pasa a mí con mucha de la narrativa actual es que el acento en lo extraordinario esconde el hecho de que probablemente lo más interesante se encuentra en la calle y creo que para eso me han ayudado mucho el oficio periodístico y ciertas lecturas.

–          El resentimiento del profesor, el ex marido de La Negra, parece ser descrito como un tinte nacional

–          Creo que sí. Si pudiéramos detectar el temperamento base de un mexicano, suponiendo que existiera tal entropía, lo que encontraríamos sería el resentimiento. Junta a dos mexicanos y se pondrán a hablar mal de un tercero y a quejarse de todo aunque les vaya bien. Es casi una ley newtoniana. Es probable además que hasta Slim se queje cuando se le va un millón, aunque le queden mil en la cuenta. Por supuesto, esto con todos los matices del mundo. No es una novela de tesis ni creo haber descubierto el hilo negro, sólo he tratado de reflejar esa característica tan extendida en el discurso social y personal de mucha gente en México.

El autor nacido en 1976, retratado por Moramay Kuri. Foto: Facebook

El autor nacido en 1976, retratado por Moramay Kuri. Foto: Facebook

–          Parece ser que el matiz está dado en las mujeres y que ese carácter resulta estrictamente masculino…

–          Recuerdo haber leído un artículo polémico como todos los que escribe Martin Amis en donde criticaba el fanatismo de los musulmanes y trataba de rastrear esa masculinidad feroz en la historia de derrotas en distintas guerras y batallas. Sentía cuando lo leía que no hablaba de los árabes, sino de los mexicanos. La épica mexicana es una épica negativa, de batallas perdidas, el héroe muere desastrosamente o se convierte después en un dictador. Es una especie de vía en donde todo termina siempre para peor y que explica en cierta medida la ambición de un país que siempre está a punto de ser la gran cosa que nunca termina de cuajar. Eso está atado al carácter masculino del mexicano.

–          El tema de los inmigrantes, tan actual, esa manera de buscar el paraíso en la tierra y el alto precio que se paga por ello, es central en tu novela

–          Creo que la sociedad mexicana, como muchas, es bastante incapaz de lidiar con la migración, pese a que sea una sociedad, insisto como muchas, para la que la migración es un elemento fundamental. Partiendo por supuesto del hecho que hemos expulsado a unos cuantos millones de personas a los Estados Unidos al que se le adosa un discurso de victimismo, que contrasta con la paradoja terrible y grotesca por la que somos incapaces de entender la migración centroamericana a partir de nuestro propio ejemplo.