La aprobación de las vacunas de Pfizer y Moderna puede suponer una revolución en el tratamiento de otras enfermedades. Para empezar, el hecho de no introducir agentes externos es más seguro, ya que es inviable que las vacunas basadas en ARN se integren en el ADN, lo que podría provocar alguna mutación.

Por Daniel Pérez G.

Ciudad de México, 29 de noviembre (AS México).- Las vacunas pretenden provocar una respuesta inmunitaria ante un agente externo sin permitir que este cause una enfermedad. Históricamente se han utilizado virus atenuados o desactivados, pero las vacunas contra la COVID-19 patentadas por Pfizer y Moderna utilizan ARN mensajero para que las células produzcan copias de la proteína S del SARS-CoV-2 y estas sean reconocidas por el sistema inmune, impidiendo la entrada del patógeno cuando estemos expuestos al contagio, tal y como explica El País.

Una vez creadas las copias de la proteína S, los linfocitos son capaces de acabar con las células infectadas o de generar anticuerpos contra ellas. Ugur Sahin, el médico fundador de BioNTech, compañía que, junto con Pfizer, ha desarrollado un fármaco mediante esta tecnología, ya trató de crear una vacuna contra el cáncer en 2017 utilizando este sistema.

La aprobación de estas vacunas puede suponer una revolución en el tratamiento de otras enfermedades. Para empezar, el hecho de no introducir agentes externos es más seguro, ya que es inviable que las vacunas basadas en ARN se integren en el ADN, lo que podría provocar alguna mutación. Además, la producción de vacunas utilizando ARN mensajero es más barata.

Sin embargo, al ser un tipo de vacunas nuevas, surgen algunos interrogantes, como la duración de la inmunidad. Un investigador del Hospital Clínico de Barcelona, Felipe García, asegura que “con que protejan durante dos o tres años nos permitiría controlar la pandemia”. La duración de la inmunidad será de las últimas preguntas en ser respondidas.

¿QUÉ ES EL ARN Y DE DÓNDE PROVIENE?

El ARN es una molécula tan antigua que existen teorías que la culpan del inicio de la vida en la Tierra hace unos tres mil millones de años. El ARN permite transportar la información genética del ADN fuera del núcleo y, allí, poder producir proteínas. Mientras el ADN almacena esta información genética mediante una combinación de cuatro letras (G, A, T y C), el ARN transcribe su información utilizando otras cuatro letras (G, A, C y U).

Existen varios tipos de ARN: mensajero, que es el que transporta la información genética al exterior del núcleo de las células; de transferencia, que permite ensamblar las proteínas; y ribosómico, que es el que fabrica los lugares donde se crean las proteínas.

En el caso concreto del SARS-CoV-2, los ribosomas descodifican el ARN mensajero inyectado en las vacunas y crean unas proteínas que simulan la espícula del virus, que es una proteína específica con forma de pincho que es capaz de introducir el virus en las células. Una vez producidas el sistema inmune sería capaz de crear una respuesta contra ellas y recordarla tanto tiempo como la vacuna asegure la inmunidad.

El problema derivado del ARN es su fácil desintegración. El organismo presenta unas proteínas que tienen como cometido eliminar los ARN extraños. Esto explica la necesidad de conservar estos fármacos a temperaturas mínimas para evitar que la vacuna pierda su efecto.

CONSERVACIÓN

La necesidad de conservar las vacunas a bajas temperaturas supone un reto en la distribución de los productos. De hecho, Moderna ha asegurado que su vacuna es capaz de conservar su eficacia almacenada un mes en una nevera. Por su parte, Curevac, cuya vacuna, ya adquirida por la Unión Europea, se encuentra en la última fase de pruebas, ha ampliado este plazo a tres meses. Sahin, ante la preocupación generalizada por la necesidad de conservar la vacuna de Pfizer a unos -80 grados, ha reconocido que BioNTech está trabajando para que su vacuna pueda ser conservada a temperatura ambiente.

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