Patricia Mora Herrera era maestra rural. Se levantaba a las 05:30 de la mañana para llegar a dar clase en Tuzamapan de Galeana, en Puebla. Dedicó su vida a la educación. Tenía 43 años la tarde en que la atacaron, asesinaron y abandonaron en un terreno detrás de su casa. 

Hoy su familia teme que los dos acusados por el asesinato sean liberados. “Era una mujer que confiaba, de verdad. Confiaba en las instituciones. Quieren asesinarla otra vez con el carpetazo, el asesinato simbólico. Quieren enterrar su justicia. Están dejando cabos sueltos para que cualquier persona acredita, un abogado de oficio, los libere. Están violando leyes. No nos han dado la carpeta de investigación”, reclama Jacobo Mora Herrera, su hermano. 

Ciudad de México, 29 de diciembre (SinEmbargo).– Patricia Mora Herrera dedicó su vida a la educación. Creía en las instituciones, mismas que hoy no entregan certezas a su familia. Entre aulas, talleres, cursos y estudiantes se condujo hasta la tarde del viernes 10 de noviembre del 2017, fecha en la que fue asesinada y abandonada en un terreno de Zacapoaxtla, Puebla.

“Ya voy a llegar”, escribió la maestra Mora, de 43 años de edad, a su familia, luego de pasar la jornada en un curso de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Eran las 18:00 horas cuando se aproximó a su domicilio –junto al colgado triángular en el que sería localizada sin signos vitales–. Descendió del vehículo de un amigo, identificado como Carlos Blanco Aguilar, frente a las instalaciones de la policía estatal (a 30 metros de su hogar), y desapareció.

“Patricia es madre de dos hijos. Ingeniera industrial. Impartió talleres para jóvenes que buscaban entrar a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), dirigió equipos de ajedrez, equipos de baloncesto, dirigió escoltas. Era una intelectual. Alguien que le costó sudor para pasar su examen de oposición, para ganarse una plaza”, contó su hermano Jacobo Mora Herrera.

A las 18:20 del viernes 20, el círculo cercano de Patricia supo que algo andaba mal.

–¿Tío, no está por allá mi mamá? – preguntó la hija de la víctima a Jacobo, quien no dudó en ponerse en contacto con las autoridades y con la Cruz Roja. No había reportes de choques en carreteras ni en hospitales. La noche y madrugada, entonces, se tornó en búsqueda.

De acuerdo con la Fiscalía General de Puebla, sujetos interceptaron a la profesora, la sometieron para robarle y la llevaron hasta el terreno en el que la asfixiaron.

“En las diligencias desarrolladas consta que los agresores pretendían atacar de forma sexual a la víctima, pero al ver que había fallecido se fueron del lugar. Los dictámenes periciales descartan violación”, detalló la dependencia poblana en un boletín emitido el 22 de noviembre, casi dos semanas después del crimen.

Jacobo Mora Herrera y el escritor Juan Villoro, durante la lectura “Voces en Homenaje a Patricia Mora Herrera. Víctima de feminicidio”. Foto: Cuartoscuro.

ASESINARLA OTRA VEZ

Cerca de las tres de mañana del sábado 11, Jacobo se trasladó hasta el anfiteatro que se encuentra en el panteón municipal. Preguntó a las autoridades si el cuerpo que localizaron miembros del comité vecinal era de su hermana, le notificaron y comenzaron los “insensibles” cuestionamientos: “Aún puedo escuchar a Julio Cruz (identificado como policía judicial) preguntarme a quema ropa: ‘¿por qué crees tú que estaba en cueros?’”, relató Jacobo en una carta pública.

El joven narró que el cuerpo de su hermana estuvo en el anfiteatro, cuya puerta “era sostenida por un palo de escoba”, y que se encontraba sin resguardo hasta que apareció el médico legista (lo cual ocurrió hasta al amanecer). Recordó que le pidieron que consiguiera el material para la necropsia. Así lo hizo y les solicitó que le extrajeran algo de las uñas al cadáver, por si Patricia había tratado de defenderse, obtener algo que pudiera identificar a los responsables.

“Para llevar a cabo una necropsia con perspectiva de género tiene que haber un criminalista, un médico legista y un forense. Pero, ¿qué teníamos? Un médico legista con cuatro estudiantes de preparatoria”, contó el joven a este diario digital.

El 22 de noviembre, la Fiscalía General del Estado gobernado por el panista José Antonio Gali Fayad anunció que había esclarecido el caso: informó la detención de Fernando N. de 37 años de edad y un adolescente de 16 años de edad, acusados de ser los responsables del feminicidio.

La dependencia a cargo de Víctor Antonio Carrancá Bourget destacó que había tenido contacto directo con la familia, pero Jacobo denunció que les han negado el acceso a indagatoria oficial.

“Era una mujer que confiaba, de verdad. Confiaba en las instituciones. Quieren asesinarla otra vez con el carpetazo, el asesinato simbólico. Quieren enterrar su justicia. Están dejando cabos sueltos para que cualquier persona acredita, un abogado de oficio, los libere. Están violando leyes. No nos han dado la carpeta de investigación”, afirmó Jacobo.

Cientos de mujeres participaron en la denominada “Marcha de la Putas”, para exigir a las autoridades alto a los feminicidios y violencia hacia las mujeres así cono la activación de alerta de género en el estado. La manifestación tuvo lugar apenas días después del asesinato de la maestra Patricia. Foto: Cuartoscuro

REGATEO A LA ALERTA DE GÉNERO

Hasta mediados de diciembre en Puebla se habían registrado 99 casos, de acuerdo con el mapa de feminicidios de Periódico Central. El asesinato de Patricia es el número 90 en la lista.

Sólo había pasado una semana del año cuando ocurrió el primer ataque mortal. El 7 de enero, María Antonia Ruiz Bautista, de 43 años, fue degollada y golpeada hasta la muerte. Su novio, un sujeto identificado como Javier Maldonado, confesó el crimen con descaro. “Sí, yo la maté porque me provocó”, dijo el asesino.

El último caso reportado fue el de una mujer sin identificar de aproximadamente 25 años de edad quien fue encontrada sin vida y con marcas de haber sido asfixiada en el fondo de una barranca en la junta auxiliar de Santo Tomas Chautla, municipio de Puebla. Los hechos ocurrieron el pasado 26 de diciembre.

El mecanismo de protección de los derechos humanos de las mujeres Alerta de Género opera en 12 entidades. Puebla no está entre ellas.

Representantes de la sociedad civil, defensores de derechos humanos, funcionarios y empresarios mantienen una disputa porque sean aplicadas las acciones gubernamentales de emergencia para enfrentar y erradicar la violencia feminicida.

El Gobernador Gali Fayad ha dicho que la medida será “bienvenida” en caso de que la Secretaría de Gobernación federal la decrete.

El discurso del mandatario contrasta con la disposición de su Secretario de Gobierno, Diodoro Carrasco, quien ha dicho que “la Alerta de Género no será la varita mágica que acabe automáticamente con la violencia [hacia las mujeres]”. La titular del Instituto Poblano de las Mujeres, Nadia Navarro Acevedo, también se ha pronunciado en el mismo sentido.

Otro de los detractores de la medida es José Antonio Quintana Gómez, presidente local de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), quien sostuvo en días pasados que la activación de la Alerta de Género frenará las inversiones, así como la llegada de turistas a la ciudad de Puebla.

Indignación en Zacapoaxtla por el asesinato de Patricia. Foto: Vía Twitter Ansel Segura @darki2099

En octubre la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) urgió a que la alerta ya sea aplicada en la entidad, grupos civiles como el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio lo han solicitado también e incluso los senadores por Puebla han exhortado al Gobierno federal a tomar la decisión.

La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (Conavim) emitió a fines del mes pasado una serie de recomendaciones para erradicar la violencia en el estado, pero no la alerta. Se tiene previsto que el siguiente año resuelva si se decreta o no.

Mientras, a casi mes y medio del crimen, la familia de Mora enfrenta la violencia estructural a la que estuvo expuesta Patricia no sólo la noche del crimen, sino todos los días en que tenía que sobrevivir con un salario errático, discorde con las distancias que recorría cada mañana para llegar a dar clase. El desamparo institucional se hizo presente, a la par de la gente que se volcó a las calles para protestar.

Las preguntas, hasta la víspera de las fiestas, eran: “¿Cómo pasó algo tan cerca de la base de la policía estatal?”, “¿Cómo es que nadie escuchó?”

Jacobo lamentó que en México se sumen feminicidios diariamente: “Yo soy mi hermana Patricia. A veces le pasan las cosas a la gente que menos se lo merece. Yo quiero convertir a mi hermana en un movimiento humanista, cultural. No solamente para escribir una nota roja o un texto amarillista. No, que se hable de que representaba los ideales de reestructuración de este país. Quiero que sea un cambio social.

“La amo. En cada molécula de mi cuerpo está ella. Está en mí. Está en el cielo de mi mente. Ella es una oración. Estoy luchando por la justicia con mis limitadas posibilidad. No la olvido. Nunca la voy a olvidar, nunca. Para mí es un suplicio todo lo que estamos viviendo. La amaba, la amaba. Se lo dije…”.