En México, la cifra de personas desaparecidas en 2019 creció al menos un 30 por ciento con respecto a la última cifra oficial, que era de 40 mil personas desaparecidas, de acuerdo con declaraciones que han realizado funcionarios federales en fechas recientes.

“La desaparición en México es claramente una crisis de graves violaciones a los derechos humanos… los números que tenemos ponen a México en uno de los países que tiene mayor número de personas desaparecidas”, expuso la titular de la Comisión Nacional de Búsqueda, Karla Quintana Osuna.

Ciudad de México, 29 de diciembre (SinEmbargo).– Miles de familiares de personas desaparecidas llegan a otro año más con la ausencia de sus seres queridos. Madres de mujeres y hombres desaparecidos compartieron que las fechas decembrinas y de fin de año son momentos difíciles, pero la búsqueda y la esperanza de encontrarlos las mantiene en pie.

En México, la cifra de personas desaparecidas creció este 2019 al menos un 30 por ciento con respecto a la última cifra oficial que se tenía: 40 mil personas desaparecidas, de acuerdo con declaraciones que han realizado funcionarios federales en fechas recientes. Según el cálculo realizado con base a la última cifra oficial de 40 mil desaparecidos y estimaciones dadas por los funcionarios, con el crecimiento de 30 por ciento el número de personas desaparecidas en México ascendería al menos a 52 mil. Sin embargo, las cifras confirmadas se revelarán en los siguientes días.

“La desaparición en México es claramente una crisis de graves violaciones a los derechos humanos… los números que tenemos ponen a México en uno de los países que tiene mayor número de personas desaparecidas”, expuso en días pasados la titular de la Comisión Nacional de Búsqueda, Karla Quintana Osuna.

TRES NAVIDADES SIN PAME

“Ojalá que una madre nunca pasara por lo que yo paso con la desaparición de Pame. Ojalá que no lo vivieran. Que ellas fueran libres, porque las tuvimos para ser libres. Van tres navidades sin ella y es un dolor que no cabe en el universo”, dijo la señora Mary Velázquez, madre de Guadalupe Pamela Gallardo Volante, joven desaparecida en noviembre de 2017 en la Ciudad de México.

La joven tenía 23 años de edad cuando fue vista por última vez el 4 de noviembre de 2017 en el festival de música electrónica Soultech al que asistió con su novio; el concierto se realizó en el kilómetro 13.5 de la autopista Ajusco-Picacho, en la Alcaldía de Tlalpan, en la Ciudad de México. Desde entonces, no se ha vuelto a saber más de la joven.

A más de dos años de su ausencia, la familia sigue sin tener ningún rastro de la chica y las investigaciones no parecen avanzar, señaló la madre.

“Seguimos con impunidad en este país, siguen desapareciendo nuestras hijas, nuestra niñez, es un año muy difícil para nosotros, es uno de los años más difíciles para nosotros, porque las familias estamos en espera para este sistema, vivimos en una espera, vivimos en un sistema de impunidad”, dijo.

La madre también lamentó que aún y con la crisis de personas desaparecidas que atraviesa el país, falta empatía de sociedad y autoridades, y se revictimiza a las chicas desaparecidas.

“En este proceso seguimos con mucho dolor, mucho coraje, mucha tristeza de ver que el Presidente, [Andrés Manuel López Obrador] y muchas veces la misma sociedad, no busca a nuestras hijas desaparecidas, porque –según ellos– ellas quisieron irse-. La misma sociedad, como el Gobierno federal, como las Fiscalías anti secuestros nada más nos tienen en pendiente”, destacó la madre.

Pamela Gallardo Volante tiene 23 años de edad. Es dinámica y alegre. Trabajaba como mesera mientras se tomaba un tiempo en lo que decidía si estudiaba leyes o criminología. Foto: Especial

Pamela desapareció después de ir un festival de música en el Ajusco junto con su novio. El 4 de noviembre de 2017, Pamela concluyó temprano su jornada laboral en el restaurante Javier, ubicado en la Alcaldía Gustavo A. Madero. Luego regresó a casa para alistarse y salió alrededor las 17:30 horas junto con su novio Jesús hacía el evento de música electrónica.

Como no era la primera vez que Pamela acudía a este tipo de eventos, la familia no la esperó ese mismo día, pues desde hace tres años la joven asistía a festivales que duraban al menos 24 horas y retornaba al día siguiente, entre las cinco y siete de la tarde.

Mary Velázquez destacó que las familias de personas desaparecidas sufren y se mantienen en una incertidumbre constante.

“Todo nos cuesta como familia, y no nada más a quien privan de la libertad, a quien asesinan, sino las familias directas, como madres, padres, hermanos, al no tenerlas, porque no cerramos el ciclo ni abrirnos otro ciclo, ese es el suspenso en el que nos tienen las autoridades. Vivimos todos los días todas las noches, 24 horas en un llanto, pero un llanto de silencio porque tenemos que pararnos para darles vida a los que tenemos en vida, a los otros hijos que tenemos”.

Un día después de la desaparición, María –madre de Pamela– trató de comunicarse con ella, pero su celular estaba apagado. Llamaron al novio, enviaron mensajes y cerca de las seis de la tarde, Jesús respondió a uno de los WhatsApp enviados e informó que ya estaban por retornar. Cayó la noche y Pamela no regresó a casa.

La mamá insistió con el novio por la madrugada, fue entonces que él le informó que habían peleado y no sabía dónde estaba ella.

El lunes 6 de noviembre, Esteban Gallardo –hermano de Pamela– acudió a interponer la denuncia en la Delegación Tlalpan y en la Gustavo A. Madero, sin embargo en el Centro de Atención a Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA) le indicaron que debía de esperar 36 horas.

El novio declaró ante el Ministerio Público, el 11 de noviembre de 2017, que discutió con Pamela entre las 2 y 3 de la tarde del domingo. Que después ella se formó en la fila para tomar uno de los camiones que ofrecía el evento, que él se movió para ir a buscar una silla y a partir de entonces le perdió el rastro.

La familia de Pamela no confía en la declaración del joven, quien indicó que el mensaje que le envió a la madre de Pamela fue alrededor de las tres de la tarde pero que por la red llegó cerca de las seis de la tarde, ha platicado Esteban hermano de Pamela.

Desde entonces han realizado búsquedas en la zona desaparición, pero no hay rastros de la chica.

“A nosotros de nada nos ha servido que se haya abierto la Comisión local de búsqueda en Ciudad de México. A seis meses no tienen ni un recinto a donde recibirnos y ellos sus búsqueda son nada más en Semefos, cárceles, donde desapareció, sin tener un tipo de protocolo para buscarla, porque como tal no lo tienen. No saben rastrear, no hay gente que tenga como esa especialidad para hacer la búsqueda den el Ajusco”, denunció la madre.

LA AUSENCIA DE SAMUEL

Para Alicia Juárez Domínguez no hay Navidad y mucho menos una celebración de Año Nuevo; esta última fecha, particularmente, es más dolorosa puesto que era el preludio al cumpleaños de su hijo Samuel Salinas Juárez, jovencito que fue plagiado junto con dos adultos cuando viajaban por una brecha en San Juan Parangaricutiro, Michoacán, el martes 30 de enero de 2018.

“El Año Nuevo para mí es terrible, por el hecho que antes teníamos doble festejo cuando él estaba aquí. Festejábamos año nuevo y su cumpleaños y ahora, por eso mismo para mí es puro dolor puro sufrimiento. El hecho que mi hijo no esté, para mí estas fechas se me terminaron”, narra la madre del joven que estaría por cumplir apenas su mayoría de edad.

A Samuel le decían de cariño “El Chino”, tenía 16 años, era el menor de cuatro hijos y vivía con su familia en el pueblo San Pedro Las Playas en Acapulco, Guerrero. El jovencito tenía un fuerte gusto por las motocicletas y quería aprender mecánica. Soñaba con algún día poner su propio taller para que su mamá ya no tuviera que trabajar; sin embargo, está por cumplirse dos años de su privación de la libertad-

“La ausencia de un hijo no es fácil, no es nada agradable, sobre todo estas fechas. Son dos años sin él, dos navidades, este Año Nuevo él estaría cumpliendo su mayoría de edad: 18 años apenas, me lo arrebataron muy chiquito, muy pequeñito: 16 años tenía cuando se lo llevaron”, comentó la madre en entrevista con SinEmbargo.

Alicia explicó que a finales de 2016 se mudó al pueblo un joven mecánico llamado Ismael y su familia. Eran originarios de San Juan Nuevo, Michoacán, pero se trasladaron a Guerrero porque tenían parientes en Acapulco. Ismael puso un taller de motos.

Samuel tenía 16 años cuando fue plagiado. Foto: Especial

Samuel terminó la secundaria, pero antes de concluir el nivel básico de educación empezó a ir al taller de Ismael para aprender el oficio. Ismael y su esposa se hicieron amigos de la madre y hermanos de Samuel; sin embargo, a finales 2017, la joven familia decidió retornar a Michoacán, contó Alicia.

“Cuando ellos deciden regresar a su pueblo, mi hijo se quedó a medias [en el aprendizaje del taller de motos]. Yo hice buena amistad con ese muchacho [Ismael]. Posteriormente, Israel pidió permiso a la madre para que Samuel fuera con él a San Juan Nuevo, Michoacán, a trabajar en un taller más grande donde él trabajaba.

Alicia dio permiso a su hijo para ir a Michoacán y el joven se mudó el 27 de noviembre de 2017 para trabajar en el mismo taller donde laboraba Ismael; Sin embargo, a mediados de enero de 2018 el dueño del taller se accidentó, se fracturó y tuvo que cerrar el negocio, por lo que Samuel e Ismael se quedaron sin empleo.

Posteriormente a Ismael le ofrecieron un trabajo para hacer viajes de San Juan Nuevo a Durango. “Iba a llevar plantas a Durango y regresaba con abono”, detalló Alicia. Un día Ismael invitó a Samuel a acudir a uno de los traslados, agregó Alicia.

El 29 de enero fue la última vez que Alicia tuvo contacto con su hijo. Samuel e Ismael se encontraban en Durango y al día siguiente regresaban a Uruapan, Michoacán.

Según ha platicado la madre, ambos iban de regreso, pero se le ponchó a una llanta al camión, en un lugar llamado Capácuaro, cerca de Uruapan, Michoacán, que era su destino. Los jóvenes llamaron al dueño del camión, Jesús M, y le pidieron que fuera a auxiliarlos. El propietario del torton y su esposa se dirigieron a Capácuaro para cambiar el neumático. “El dueño llegó con ellos, repararon la llanta y siguieron la marcha”, agregó la entrevista.

Ismael y Samuel iban a bordo del camión y detrás de ellos, en su camioneta, iban Jesús y su esposa.

“Me dijeron [una testigo] que avanzaron quizá un kilómetro, pero en la carretera había un trayecto donde no dejaban pasar a los camiones pesados y tuvieron que tomar una brecha”, narró Alicia.

Un grupo de hombres armados interceptaron y detuvieron al camión y la camioneta cuando cruzaban por la brecha. Samuel, Ismael, el dueño del camión y su esposa fueron privados de la libertad.

“Se los llevaron y desde ese momento hasta la fecha no sé nada más de ellos”, comentó Alicia.

El camión que manejaban las víctimas fue localizado un mes después: estaba en un corralón del pueblo porque presuntamente lo hallaron abandonado, pero dentro del automotor no encontraron o buscaron mayores rastros de los desaparecidos.

A la fecha, Alicia no ha tenido ningún rastro de su hijo, y la búsqueda no avanza. Además, debido a sus bajos recursos, compartió la madre, es difícil realizar la búsqueda diaria.

Alicia detallo que para la madre de un desaparecido se complica con lo demás hijos, quienes le recomiendan disfrutar con ellos las fechas de fin de año, y no encerrarse en el dolor, sin embargo, la madre destaca que no es posible, porque le falta un pedazo de ella.

“No hay un día que no le llore a mi hijo. Hace un año, el primero de enero ellos, le cantamos las mañanitas, y todo como si él estuviera, pero para mí es dolor porque espero su llamada, y lo busco entre la gente y no está”.

PRIMER NAVIDAD SIN SU HIJA Y NIETO

María Esther Arroyo se mantiene firme y en pie. Tiene la esperanza de encontrar pronto a su hija Leidy Lucero Morales, desaparecida junto con su bebé de tres meses de edad. Esta es la primera Navidad y Año Nuevo que pasará con el dolor de tener a familiares desaparecidos.

“Es una gran tristeza saber que este es el primer año que no estoy junto a mi hija y a mi nieto”, platicó la madre en entrevista.

Leidy Lucero Morales Arroyo, de 20 años, y su bebé de tres meses de edad, desaparecieron el pasado 9 de marzo en Atotonilco de Tula, en el estado de Hidalgo. María Esther Arroyo, madre de la joven, asegura que Lucero y el infante fueron privados de la libertad y sospecha de su ex yerno.

María Esther destacó que es lamentable que como ella hay miles de personas que sufren la desaparición de un ser querido y que tengan que llegar a fin de año sin tener rastro de ellos.

“Es lamentable vivir esta situación. Es un dolor muy grande. Yo como madre día con día pienso en ella y en el bebé y le pido a Dios que muy pronto tenga respuesta alguna de mi hija y mi nieto”, añadió.

El 7 de marzo fue la última vez que María vio a su hija; esa noche conversaron un rato, se dieron las buenas noches y cada una ingresó a sus departamentos respectivamente.

Dos semanas antes de la desaparición de Leidy Lucero se había separado de su pareja por violento. Foto: Especial

Dos semanas antes, Leidy Lucero se había separado de su pareja porque en su relación había agresiones constantes y violencia doméstica. La joven madre se mudó a un departamento pequeño enfrente de la casa de su mamá –inmueble que tenía rota una ventana a raíz de un altercado que tuvo Leidy con su ex pareja.

El 8 de marzo, María notó que la puerta del cuarto de su hija estaba entreabierta y eso la preocupó. De inmediato ingresó al inmueble para buscarla y observó que en el interior todo estaba desordenado; las pertenencias de Lucero y el bebé se encontraban esparcidas en la zona, pero la madre y el niño no.

“Se la llevaron hasta sin sus tenis que usaba a diario. No se llevó nada de las cosas del bebé, la leche, los pañales el biberón, todo lo del niño estaba ahí”, recordó la mamá.

El hule que tenía la ventana del cuarto estaba desecho por un navajazo. Mary presume que así fue como ingresaron y se llevaron a la madre e hijo.

Esther de inmediato sospechó de la ex pareja de Lucero y sin dudarlo fue directo a su casa, ubicada a unas cuantas calles del domicilio de las mujeres.

El ex novio –el cual Esther emitió su nombre por procesos legal– salía de su vivienda con una mochila justo en el momento en que María llegó para cuestionarlo. Estaba nervioso, recordó la mujer, pero negó saber de la joven.

Esther Arroyo optó por ir al Ministerio Público en Atotonilco de Tula a interponer la denuncia y para que levantar la Alerta Amber.

Los primeros días, dijo, obtuvo un buen trato por los agentes y el personal de la agencia Fiscalía en Atotonilco de Tula, Hidalgo, pero la situación cambió con el paso de los días y principalmente cuando su ex yerno fue llamado para ser interrogado.

El bebé de Leidy, aún no estaba registrado oficialmente: tiene tres meses de edad. Foto: Especial-.

María Esther destacó que también solicitó una orden de cateo y una investigación exhaustiva al ex esposo de su hija, pero afirmó que las autoridades no le hicieron caso. Agregó que hasta la fecha, el caso no avanza, y sólo ha recibido largas y ha sido revictimizada.

“Hasta la fecha no me han dado ninguna respuesta sobre la investigación de mi hija, que, porque ahorita no era conveniente, y que probablemente ahora después que regresen de vacaciones me iban a dar información, pero solo me traen a vuelta y vuelta. De hecho, la licenciada de Fiscalía ya ni siquiera me contesta las llamadas ni mensajes ni nada”, platicó.

La madre de Leidy Lucero pide ayuda para localizar a su hija y nieto y que las autoridades realicen su trabajo-

“Que las autoridades por medio de todo esto que nos apoyen y que estén conciertes de que somos seres humanos y sentimos el dolor muy grande como padres de familia de lo que estamos viviendo. Que nos ayuden a que regresen”, puntualizó.