Para comprender la forma en que golpea la COVID-19 a cada persona, es necesario aprender un término: carga viral. Es decir, la cantidad de virus en el cuerpo. Entenderlo podría ayudar a los médicos a predecir el curso de un paciente, distinguiendo a aquellos que pueden necesitar un control de oxígeno sólo una vez al día, por ejemplo, de aquellos que necesitan ser monitoreados más de cerca, según Daniel Griffin, médico de enfermedades infecciosas en la Universidad de Columbia en Nueva York.

Ciudad de México, 29 de diciembre (SinEmbargo).– Uno de los más grandes misterios sin resolver a un año de que se iniciara la pandemia es por qué algunos enfermos de COVID-19, aparentemente muy sanos, sufren y a veces mueren. Y otros parecen recuperarse pronto. ¿Qué determina eso? Sabemos ahora que son muchos los factores que inciden. Pero uno que parece determinante es la carga viral en el cuerpo, dice hoy The New York Times.

A medida que los pacientes de COVID-19 llegan a los hospitales de todo Estados Unidos, dice la premiada periodista Apoorva Mandavilli, los médicos se enfrentan a una pregunta imposible: “¿Qué pacientes en urgencias tienen más probabilidades de deteriorarse rápidamente y cuáles tienen más probabilidades de combatir el virus y recuperarse?”.

Como resultado, “puede haber una manera de ayudar a distinguir estos dos grupos, aunque todavía no se utiliza ampliamente. Docenas de artículos de investigación publicados en los últimos meses encontraron que las personas cuyos cuerpos estaban repletos de coronavirus se enfermaban gravemente con más frecuencia y tenían más probabilidades de morir, en comparación con aquellos que portaban mucho menos virus y tenían más probabilidades de salir relativamente ilesos”.

Esta imagen de microscopio electrónico dada a conocer por el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas muestra una partícula del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 aislada de un paciente, en un laboratorio en Fort Detrick, Maryland.

Esta imagen de microscopio electrónico dada a conocer por el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas muestra una partícula del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 aislada de un paciente, en un laboratorio en Fort Detrick, Maryland. Foto: NIAID/NIH vía AP

Un término que hay que aprender de inmediato es este: carga viral. Es decir, la cantidad de virus en el cuerpo. Entenderlo podría ayudar a los médicos a predecir el curso de un paciente, distinguiendo a aquellos que pueden necesitar un control de oxígeno sólo una vez al día, por ejemplo, de aquellos que necesitan ser monitoreados más de cerca, según Daniel Griffin, médico de enfermedades infecciosas en la Universidad de Columbia en Nueva York.

“La omisión de la carga viral en los resultados de las pruebas fue una oportunidad perdida no sólo para optimizar los recursos clínicos agotados, sino también para comprender mejor la COVID-19”, dijeron los expertos a la periodista. “Analizar la carga viral poco después de la exposición, por ejemplo, podría ayudar a revelar si las personas que mueren a causa de la COVID-19 tienen más probabilidades de tener cargas virales altas al comienzo de sus enfermedades”.

Otro gran dato que revela Apoorva Mandavilli: Un aumento en la carga viral promedio en comunidades enteras podría indicar una epidemia en aumento. “Afortunadamente, los datos sobre la carga viral, o al menos una aproximación de ellos, están fácilmente disponibles, integrados en los resultados de las pruebas que la mayoría de los laboratorios utilizan para diagnosticar una infección por coronavirus”.

CUANDO SOMOS CONTAGIOSOS

En un artículo publicado en The Conversation, apenas en diciembre pasado, Müge Çevik, especialista en virología de la University of St Andrews, cuenta:

“Hace poco me llamó un buen amigo (llamémosle John) para pedirme consejo. Se había levantado con fuertes dolores musculares y una gran sensación de fatiga. Como es natural, temía haber contraído la COVID-19, y llamaba para preguntarme qué debía hacer: seguir yendo al trabajo, hacerse un test lo antes posible o quedarse en casa. No sabía qué hacer porque no tenía otros síntomas como fiebre, tos o dificultades para respirar. Por supuesto que podía tratarse de otro tipo de infección respiratoria, como una gripe o un resfriado común, pero… ¿y si era COVID-19? ¿Qué riesgo había de contagiar a otras personas?”.

Imagen microscópica de partículas del coronavirus suministrada por el Instituto Nacional de Enfermedades Alérgicas e Infecciosas de EU y los Laboratorios Rocky Mountain.

Imagen microscópica de partículas del coronavirus suministrada por el Instituto Nacional de Enfermedades Alérgicas e Infecciosas de EU y los Laboratorios Rocky Mountain. Foto: NIAID-RML vía AP

Para saber en qué momento un enfermo de COVID-19 resulta más contagioso, contó, “‘nuestro equipo de investigadores elaboró un estudio que ha sido publicado recientemente en The Lancet Microbe. Investigamos tres cosas: la carga viral (para medir la variación de la cantidad de virus en el cuerpo durante la enfermedad), la eliminación viral (el periodo de tiempo en que alguien va expulsando el material genético del virus, lo que no implica necesariamente que esa persona sea infecciosa) y el aislamiento del virus vivo (que otorga un mejor indicador de la contagiosidad de una persona dado que se toma al virus vivo, se aísla, se analiza y se comprueba en laboratorio si puede seguir reproduciéndose)”.

“Descubrimos que la carga viral alcanza sus valores más altos en la nariz (que se piensa que es la principal vía de transmisión) y en la garganta durante los primeros momentos de la infección. Concretamente, entre el primer día con síntomas y el último. Y esto ocurre incluso en los pacientes con síntomas leves. Nuestra misión es compartir el conocimiento y enriquecer el debate. También descubrimos que, durante varias semanas, puede detectarse material genético del virus en muestras extraídas de la garganta y en muestras de heces. Pero no se detectó presencia del virus vivo en ninguna muestra recogida nueve días después de que el paciente empezara a manifestar síntomas”, agregó.

Sin embargo, algunas personas, en especial aquellos que ya padecían enfermedades graves o que tenían el sistema inmunológico debilitado (por estar recibiendo quimioterapia, por ejemplo), tenían posibilidades de experimentar procesos de eliminación viral más prolongados. “En cualquier caso, los resultados apuntan a que los infectados con SARS-CoV-2 tienen propensión a resultar contagiosos en el periodo comprendido entre unos pocos días antes de empezar a desarrollar síntomas y los cinco días posteriores. En comparación, la carga viral del SARS alcanza su punto álgido entre 10 y 14 días después de que empiecen los síntomas, y el MERS lo hace en un periodo de entre siete y 10 (hay que tener en cuenta que tanto el SARS como el MERS son enfermedades causadas por un virus que pertenece a la familia de los coronavirus)”.

Esto explica por qué la transmisión de estos dos patógenos fue contenida de forma eficaz a través de la localización y aislamiento inmediato de las personas que manifestaban síntomas, dijo. “Y también explica por qué está siendo tan difícil contener la COVID-19, pues este se expande de forma muy rápida en las fases tempranas de la infección. El rastreo de contactos y las simulaciones muestran, de igual modo, que el nivel máximo de transmisión se da en los cinco primeros días que siguen al comienzo de los síntomas”.

Esta imagen de microscopio cortesía de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos muestra partículas esféricas de coronavirus del primer caso de COVID-19 en Estados Unidos.

Esta imagen de microscopio cortesía de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos muestra partículas esféricas de coronavirus del primer caso de COVID-19 en Estados Unidos. Foto: C.S. Goldsmith, Tamin, CDC vía AP

Un estudio publicado recientemente, el periodo de mayor contagiosidad corresponde a esos cinco días. Otro estudio de rastreo de contactos desarrollado en Reino Unido y Taiwan determinó, de forma análoga, que a la mayoría de las personas les contagiaron la enfermedad en los cinco días posteriores al comienzo de los síntomas por parte del contagiador. La mayor parte de las personas que se hace un test recibe los resultados cuando ya ha superado el periodo de mayor contagiosidad.

“El hecho de que el pico de carga viral se dé al comienzo de la enfermedad apunta a que, para romper la cadena de transmisión, una persona con COVID-19 debería confinarse tan pronto como empiece a manifestarse los síntomas, sin esperar a los resultados de la prueba. John se autoconfinó de forma inmediata y llamó a todas las personas con las que había tenido contacto en los días anteriores. Al día siguiente se levantó con un poco de fiebre. No pudo hacerse la prueba de forma inmediata, ya que tuvo que esperar para conseguir cita, pero obtuvo los resultados al quinto día de empezar los síntomas. Dio positivo de COVID”, contó Müge Çevik.

Por suerte, señaló, John consiguió aislarse durante el periodo en el que resultaba más contagioso y sus contactos hicieron cuarentena de forma inmediata. “John fue afortunado en la medida en que pudo trabajar desde casa y por lo
tanto le siguieron pagando. Pero según un informe publicado en Reino Unido, solo una de cada cinco personas puede permitirse un autoconfinamiento”.