La muerte de cuna no es una enfermedad, sino un síndrome y, en la mayoría de los caos, es ocasionado por la posición del niño al dormir, según un estudio del Instituto de Neurobiología (INb) de la UNAM.
De acuerdo con los estudios, un individuo normal reacciona ante la hipoxia con la generación de un ritmo respiratorio particular llamado boqueo, pero algunos bebés no pueden realizar dicha reacción por lo que se asfixian.
“En términos llanos, [la muerte de cuna] es el deceso de un recién nacido, comúnmente durante el sueño, que no puede ser explicado clínicamente por una autopsia, ni por un análisis del sitio donde ocurre”, señaló José Fernando Peña Ortega, investigador del Departamento de Neurobiología del Desarrollo y Neurofisiología, del Instituto de Neurobiología (INb) de la UNAM, campus Juriquilla.
“Si bien no se conoce exactamente cuáles son las causas, hoy sabemos que está asociado a la incapacidad de los bebés para reaccionar ante la hipoxia (falta de oxígeno)”, explicó el investigador.
Los especialistas indican que la mayoría de las muertes de cuna también conocido como muerte prematura ocurren durante el primer mes de vida, y hasta el sexto. Entre los factores de riesgo se encuentran la hipertermia (aumento de la temperatura), el nacimiento prematuro y la exposición al humo del tabaco y a los opiáceos.
“Los hijos de madres fumadoras o que estuvieron expuestos al humo del tabaco durante su gestación o en los primeros meses de vida, pueden ser víctimas”, indicó Peña Ortega.
Por otro lado, al contrario de lo que se piensa, inhalantes, alcohol, café, miel de abeja, o malnutrición materna, no tienen una relación fuerte con este síndrome, aclaró.
Asimismo, señaló que la efectividad de los detectores de movimiento que se colocan en las cunas para saber si los bebés dejan de moverse, no son cien por ciento confiables pues hay muchos infantes y personas adultos se quedan quietos durante el sueño.
“En ciertas fases del sueño no hay movimiento; incluso, la respiración se detiene por algunos segundos y eso es normal, pero como el organismo humano tiene la capacidad de detectar la falta de oxígeno, si ocurre echa a andar mecanismos que permiten recuperarla”, señaló el investigador.
Así, todo parece indicar que una medida eficaz para prevenir la muerte súbita del lactante es acomodarlo boca arriba a la hora de dormir. “Con esta sencilla medida, impulsada mediante una campaña publicitaria, se redujo a la mitad la incidencia en Estados Unidos en la década de los 80”, comentó.
Neuronas marcapaso
Ante la dificultad de precisar la etiología de este síndrome, Peña Ortega y sus colaboradores decidieron estudiar la capacidad de roedores recién nacidos para responder a la hipoxia con el boqueo.
“Tratamos de entender cuáles son los mecanismos neuronales involucrados en la generación de este ritmo respiratorio y así explicar por qué disminuye en algunos neonatos; asimismo, buscamos estrategias que permitan favorecer su generación”, abundó.
Actualmente, el catedrático y su equipo estudian en ratones recién nacidos la muerte prematura así como la capacidad de boqueo. Para ello, analizan las neuronas que originan los ritmos respiratorios en los roedores.
Tras casi una década de estudio, Peña Ortega y sus colaboradores podrían estar encontrando una solución al síndrome de muerte prematura. Los investigadores han identificado un grupo de neuronas especiales denominadas marcapaso (por su parecido con las fibras marcapaso del corazón), que pueden ser resistentes a la hipoxia y responsables de generar, por sí mismas, los boqueos.
Los investigadores concluyeron que la actividad de estas células depende de ciertas sustancias del cerebro conocidas como neuromoduladores, una de ellas es la serotonina. “Si se bloquea la acción de ésta última en los receptores de las neuronas marcapaso, la actividad disminuye y ya no se producen los boqueos”, apuntó Peña.
Según registros clínicos, la incidencia de muerte de cuna es mayor entre el sexo masculino. Pruebas de laboratorio con roedores indicaron que las hembras tienen mayor capacidad para resistir la hipoxia que los machos, con una similitud de casi uno a uno de lo que se ve en humanos. Muy pronto, estudiaremos esos mecanismos para saber cómo ayudar a los bebés varones, finalizó.




