¿Tú crees que yo voy a ir al MUAC? Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

¿Tú crees que yo voy a ir al MUAC? Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

Ciudad de México, 30 de abril (SinEmbargo).– Lo primero que uno ve cuando el artista plástico Arturo Rivera abre las puertas de su casa es un ambiente elegante y cuidado con una pulcritud pasmosa.

Hay también una ventana que da a un jardín de piedras y de arbustos, ahora humedecidos por una lluvia tímida que oscurece el aire de La Condesa.

El hombre es frágil. Un manojo de nervios. Viste un traje azul intenso. Gafas rojas. La cabellera rala se rebela contra cualquier intento de prolijidad y cuando la voz emerge de ese torso magro y erecto, parece la de un adolescente.

Los sillones, entre naranja y terracota, son cómodos. A lo lejos, una mesa como de antes, con dos candelabros de plata y velas blancas, defienden el señorío del ambiente.

Este hombre que dedicó toda su vida a la pintura, puliendo un estilo de realismo siniestro y conmovedor, donde la conmoción buscada es precisamente el bajo fondo de una actitud estética irreductible, parece de otra época.

No es viejo. No es joven. Es de otra dimensión inclasificable, un universo donde no existe el tiempo, donde la edad no se dice por pudor, por decoro.

Aunque él lo dice. Como un niño que buscara siempre amor y que sufriera, a los 69 años, como él sufre, “un síndrome de abandono permanente que ya no se me va a curar”.

Y nada de destacar su buen aspecto. Que lo tiene. “Sí, me ves bien, pero tomo muchísimas pastillas al día”, aclara, dispuesto a enumerar las virtudes y defectos de cada uno de los fármacos que consume, entre ellos el Cialis 5, “para el tema sexual, pero que es muy bueno para muchas otras cosas”.

La entrevista con Arturo Rivera es en realidad el retorno de una que no se pudo hacer el día de la granizada. Así que los primeros minutos transcurren entre disculpas y desconfianzas mutuas, que se diluyen en un instante.

Cuando él se relaja, se entrega con plenitud a la charla y ya no hay camino de vuelta. No quieres café ni agua. No quieres que suene el teléfono. No habrá temblor o granizo que te pueda distraer de una magia que el pintor tira al aire como una red de pesca y en la que caerás sin posibilidad ni deseo de escape.

“Ah, pero, ¿cómo?, ¿no te conté?”, pregunta retóricamente. Inútil explicarle que es imposible que me haya contado algo. Es la primera vez que lo veo. Es la primera vez que tengo oportunidad de saber de sus cosas por su voz.

Y no, efectivamente, no me había contado que Consuelo Sáizar le hizo un libro, parecido al que presentó este jueves en Bellas Artes, con mucha de su obra, una larga entrevista y algunos artículos críticos.

Un libro que no sirvió. Donde “el barniz se volvió amarillo” y del que hay 800 ejemplares arrumbados en algún sitio regido por CONACULTA.

Las cosas con el actual jefe de la cultura nacional, Rafael Tovar y de Teresa, parecen ser distintas. Al menos Rivera forma parte de esa gran masa de intelectuales mexicanos que ve en el actual directivo de CONACULTA a un hombre realmente culto, sensible, conocedor y amante profundo de las verdaderas artes.

“Qué cosa. Qué diferencia”, dice moviendo las manos pequeñas, pequeñísimas, mientras advierte, muy sereno, como si no estuviera consciente de lo que dice, que “mañana pensaba hacerme pasar por enfermo, ¿qué te parece?”.

“Mañana” era el jueves, cuando presentó el libro y le dijo al público, sin ningún reparo, que “El Bosco está peor que yo, era más tremendo”.

Arturo Rivera, pintor nacido en 1945, “ha producido un prodigioso torrente aterrador de admirable belleza y perfección; pienso y piensa mucha gente, que es el mayor pintor de su generación; él mismo ha dicho que muchos de sus cuadros aterran, que asustan a los conservadores que se resisten, algunos de ellos, aunque sean notables e interesados personajes que adquieren cuadros para montar en los muros de las habitaciones que habitan”, dijo el poeta Eduardo Lizalde, su gran amigo, en la presentación.

“Cinco décadas aferrado a su pintura como destino y salvación, con vivencias y experiencias extremas, caídas y recaídas, enfrentando un dolor constante que redime en su pintura y haciendo visible lo invisible. Arturo Rivera, de riguroso oficio, se encuentra en la experimentación constante y en la búsqueda afanosa de la forma que le permita alcanzar en cada etapa logros y soluciones renovados”, escribió el galerista Guillermo Sepúlveda.

Lo hizo en el libro que finalmente se publicó gracias a los buenos oficios del grupo regiomontano ALFA, al que Rivera donó uno de sus cuadros para poder solventar la edición y olvidarse definitivamente del fiasco generado por la gestión cultural calderonista.

¿Qué te parece si me reporto enfermo y no voy a la presentación? Foto: CONACULTA

¿Qué te parece si me reporto enfermo y no voy a la presentación? Foto: CONACULTA

Un libro luminoso y oscuro, como luminoso y oscuro es el hombre que ahora firma la primera página. “Quieras o no quieras te lo voy a autografiar”, afirma y uno no sabe si lo hace de gentil o para evitar que su trabajo se comercialice sin su autorización.

Si es así, ni falta que hace. Uno no querrá desprenderse fácilmente de estos rostros que sangran con los ojos cerrados, de estos cuerpos desnudos y de espaldas, de esas calaveras que ya eran calaveras mucho antes de que naciera Damien Hirst.

“No toda la obra de Rivera es aterradora, pues también cuenta con una belleza imponente, marcada por la introspección profunda, que hace a su acervo cada vez más vasto y perfecto, toda vez que sus cuadros incluyen paisajes imponentes, figuras de angelical perfección, así como extraordinarios bodegones”, aclara Lizalde.

Y tiene razón. Porque Arturo es así. Formado en la escuela alemana, es un pintor prolífico y riguroso, con una trayectoria que su amiga, la crítica de arte Avelina Lésper calificó de “orgía de lo despreciable”, porque al fin y al cabo, como ella dice: “la belleza es efímera, el horror, eterno”.

–      ¿Por dónde quieres que empecemos? Ah, ya sé. Te voy a contar que cuando salí de la Academia San Carlos no sabía qué hacer. Por asuntos de matrimonios y otras cosas, dejé la pintura durante cuatro años. Comencé a dedicarme al diseño, hasta que por obra y arte de no sé quién cayó en mis manos un libro de Equipo Crónica, que eran unos neofigurativos europeos de la época. Me gustó porque para mí era pop, yo los llamaba así como a otros muchos. Me gustaba mucho el español Eduardo Arroyo también…al final terminé regresando a la pintura porque me fui a vivir a Nueva York y para poder comer comencé a trabajar en una fábrica de pinturas. Era eso, literal: fabricábamos pinturas y me inventé un Klimt que tuvo mucho éxito. Trabajar ahí me permitía tener pinturas y lienzos a mi antojo. En México el material siempre fue muy caro. Me fue bien en Nueva York, llegué a tener una exposición…de ahí me fui a Alemania, donde considero que encontré quién soy.

En Alemania descubrí quién soy. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

En Alemania descubrí quién soy. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

–      Estudié en el Colegio Alemán. Me han pasado muchas cosas con los alemanes y no tengo una gota de sangre alemana. Siento por ellos un amor / odio constantes. Ahí encontré la unión perfecta entre la forma y el contenido. Supe lo que quería decir y cómo lo iba a decir. En el realismo me gustaron mucho Rembrandt, Van Gogh, tuve muchas etapas en mi pintura, pero siempre me incliné hacia el realismo. No me gustaba para nada la abstracción, que era lo que estaba de moda.

–      Y cuando a su taller llegan los jóvenes, ¿qué les dice? Uno tiene la sensación de que todo está perdido en las artes plásticas…

–      Mira, no está tan mal la cosa. No está tan peor. Muchos dicen que ya no hay pintores y no es ciertos. Hay muchísimos. Se acercan muchos a mí porque tengo una página en Facebook que es de pura pintura (www.facebook.com/pages/Arturo-Rivera). No tienes idea de todo lo que he investigado sobre la pintura y la gran cantidad de realismo del bueno que hay entre los jóvenes pintores. Hay un español que me encanta, Golucho (www.golucho.com), qué técnica, mano…

–      Hay muchos elementos que confluyen en un cuadro realista…desde el punto de vista técnico

–      Sí, lo que me preocupa ahora es la paleta. Hice un cuadro que nunca se va a vender, pero lo hice porque quise. Un cuadro donde lo más negro es gris, que se va degradando hacia lo más claro. La sangre es violeta…

–      Usted maneja mucho la luz y mucho la oscuridad…

–      Son lo mismo, tanto metafórica como físicamente. Donde hay luz hay oscuridad y viceversa. Fíjate que en alemán se dice: “El luna”, “La sol”.

–      ¿Está nervioso por la presentación de su libro en Bellas Artes?

–      Nerviosísimo. Pensaba reportarme enfermo, ¿qué te parece? Voy a llevar anotados los nombres porque se me olvidan, por los nervios. No nací para estar arriba de un escenario. Amo a los poetas porque poseen un don que nunca se me dio. Soy disléxico. Estuve siete años en Nueva York y un año en Londres y hablo el inglés como apache. El alemán se me olvida…

–      ¿Por eso casi no aparece por ningún lado?

–      Por eso y porque me odian mucho. Por ejemplo, ahora con este tema del desnudo masculino (Exposición que se lleva a cabo en el Munal hasta el 15 de junio), hay cuates hasta más jóvenes que yo, pero no estoy. No me incluyen porque estoy en contra de la Uriarte (María Teresa, directora de Cultura de la UNAM, nombrada por José Narro), una dictadora en la universidad, sus museos están llenos de mierda, el Munal ya lo destinaron a los performanceros, unas bombas de las que salían unos pulmones…¿qué mamadas son esas? Ahora que llevé mi libro a la del INBA (María Cristina García Cepeda) y luego se lo llevé a Rafael Tovar y de Teresa, qué diferencia. La del INBA no entiende nada de nada.

–      ¿Siente de verdad que lo odian tanto?

–      Puf. Claro que sí. Piensa nomás en Teresa del Conde, que me puso todos los obstáculos que pudo en el Museo de Arte Moderno, donde llegué a exponer por segunda vez gracias a Rafael Tovar y de Teresa, no por ella.

Mucha gente me odia. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

Mucha gente me odia. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

–      El MUAC también se ha dedicado mucho a las instalaciones…

–      ¿Tú crees que conozco el MUAC? ¿Crees que alguna vez he entrado ahí? Ni loco. Jamás he ido y jamás iré, sólo por el coraje que me da saber que cuando entre me encontraré con una cajita en toda una exposición. Cuando alguien me pregunta, ¿fuiste a ver la Colección Jumex?, le digo: ¿me viste cara de loquey o qué?

–      Jamás ha ido al Soumaya, me imagino…

–      ¡Jamás! Todo ese arte de supermercado, de MACO, es lo que mi amiga Avelina Lésper llama “arte para personas VIP” y el Vip son las siglas de “Video, Instalación y Performance”. Es mi lucha en la Academia San Carlos. ¡Hay que sacar a los videoartistas de la Academia San Carlos! ¿Qué tienen que hacer allí? Que los videoartistas se vayan al cine, los instaladores a Arquitectura, los performanceros al Teatro, van a aprender un poco más, pero no tienen nada que hacer en una carrera de Artes Visuales. No los quitaría del todo, porque son como nazis. Lo de Teresa Margoles y todo eso me parece una verdadera porquería. Nada de eso tiene sentido para mí. Para mí, lo que tiene sentido es el oficio de pintor. La pintura es un lenguaje, se lee, tiene ortografía, gramática; es como la música.

–      ¿Está contento con el libro?

–      Claro, porque además es una venganza para Consuelo Sáizar. Es como decirle: Mira, cabrona, aquí está el libro. No te imaginas lo que era eso. Un libro hecho en las imprentas de los libros de textos. ¡Hija de la chingada! ¿Cuánto te gastaste? ¿1 millón de pesos? Pues mándalo a China, donde son más baratos y salen bien…Por eso no quiero saber nada con el gobierno. A través de mi galerista Guillermo Sepúlveda le propuse al Grupo Alfa de Monterrey dar uno de  mis cuadros a cambio de que me hiciera el libro.

–      ¿Y cómo se siente frente a ese hecho?

–      Y…más o menos. Está bien el libro, pero hay algunas cosas que salieron negras como la chingada. Nadie lo ve, pero yo sí.

LOS 20 CUADRITOS DE AMAR A MARA

Arturo Rivera vive a tres cuadras de la casa donde vivía el poeta argentino Juan Gelman, fallecido a principios de este año. Eran muy amigos. Uno de los últimos proyectos del escritor fue el libro Amar a Mara, dedicado a su mujer, Mara Lamadrid, y para el que Rivera fue convocado. El resultado es una serie de 20 cuadros de 30 por 30 centímetros que Juan no llegó a ver.

“Le habían dicho que sólo le quedaban tres meses de vida, pero vivió apenas 15 días después de ese diagnóstico”, cuenta el pintor, profundamente apenado, mientras muestra los cuadros desde su iPhone y entre los que se encuentra un retrato conmovedor de Gelman, en blanco y negro.

La pintura como destino y salvación. Foto: CONACULTA

La pintura como destino y salvación. Foto: CONACULTA

Arturo Rivera y Eduardo Lizalde, durante la presentación de su libro. Foto: CONACULTA

Arturo Rivera y Eduardo Lizalde, durante la presentación de su libro. Foto: CONACULTA

–      ¿De quién más es amigo? ¿Es amigo de José Luis Cuevas?

–      Mmm…Cuevas me traicionó horrible. Mmm…él está muy mal ahora. Creo que tiene mucho miedo a la muerte, no quiere morir solo, depender de semejante mujer…creo que tiene Síndrome de Estocolmo. Un hombre de tanto talento, a lo que ha llegado. Aunque el músculo esté atrofiado, qué dibujante era Cuevas…

–      ¿Entre él y Juan Soriano?

–      ¡Soriano es la porquería más grande que existe en la vida! Igual que María Izquierdo y Frida Kahlo, que tuvo mucha mano negra de Diego Rivera en sus cuadros. Pero María Izquierdo, ¡qué cosa espantosa! Warhol es una porquería, Rothko…toda la escuela de Nueva York. Porque claro que hay escuela estadounidense de buena pintura, pero no es la que triunfó en el mercado. ¿Viste una cosa que se llama “La burbuja del arte contemporáneo”? Está en YouTube, vela, por favor.

–      ¿Necesitó sentirse querido a lo largo de su carrera?

–      Y sí, fui un antisocial desde chico y siempre sufrí el síndrome del abandono, que a esta edad ya no se va a curar…

–      Con las mujeres nunca fue muy antisocial…

–      (risas) Tienes razón

–      ¿Le han dado muchos problemas las mujeres?

–      ¡Me siguen dando! ¿Sabes cuántos años tiene mi novia? ¡20 años! El otro día le decía a un amigo: ¿qué es eso, es perversión? No pienso hacer el amor con ella, apenas quiero acostarme y sentir su piel fresca, guarecerme, como un regalo de los dioses para un viejo, además, nos llevamos muy bien, porque tengo un alma joven. Me he casado seis veces y he tenido relaciones mucho más importantes que los mismos matrimonios, la mujer que más me ha durado ha sido por siete años.

–      ¿Quiso mucho a sus padres?

–      Mi madre vive todavía, tiene 94 años. Mi padre era demasiado parecido a mí, nunca nos llevamos. Era abogado y abogado fue mi hermano Manuel, que ya murió. Le entregó el título de mi abogado a mi padre y luego se hizo estrella de Televisa. Falleció a los 39 años, en un accidente. Mi otro hermano, Alfredo, murió de una sobredosis. Mi madre me apoyó siempre aunque su favorito era Manuel, que era de sangre ligera, siempre estaba contento, yo siempre fui un torturado, desde pequeño. Lo que puedo decir de mi madre es que siempre fue muy justa con todos sus hijos.

–      ¿Se ha cuidado a lo largo de su vida?

–      Hombre, he sido un bárbaro. No sé si he sido alcohólico total…bueno, sí, estás o no estás embarazada, con el alcohol es igual. Lo dejé a los 25. Tomo un poco de vino y fumo mucha mota. Soy muy moto.

–      ¿Qué vinos le gustan?

–      Los suaves. Los Merlot, por ejemplo. Aunque he decirte que no sé mucho de vinos…

–      ¿Y de qué sabe?

–      Un poco de pintura, nada más. Muchas veces me dicen: – Está volviendo la pintura. Y yo digo: ¿Cuándo se fue? La pintura no ha muerto. La pintura nunca se fue.