Gina está convencida que, aunque tiene sobrepeso e hipertensión, el llevar una vida saludable (comer bien, no fumar, no beber en exceso y cuidarse) fue un factor que influyó para que su cuadro de coronavirus no empeorara.

Ciudad de México, 30 de junio (SinEmbargo).- Georgina Gutiérrez Alvarado, de 59 años, imaginaba que su sistema inmunológico era un ejército de paz que se comía al coronavirus alojado en su cuerpo.

Gutiérrez Alvarado es una activista que se contagió de COVID-19 hace poco más de un mes. En entrevista con SinEmbargo compartió que, en los momentos más difíciles de su enfermedad, usaba su imaginación para “echar mano” a sus defensas en el combate al virus que le provocó desde diarrea, cansancio extremo, punzadas en los pulmones y un fuerte dolor en todo el cuerpo.

“Me imaginaba que mi sistema inmunológico era el mejor ejército de paz, el más fuerte, y que se comía al SARS-COV-2. Sí, me imaginaba eso en mi mente. Era la forma en que alimentaba mi ánimo para que lo emocional también luchara junto con mi cuerpo. Tenía que proveer a mi cuerpo de herramientas que me permitieran salir de la enfermedad y no caer en un hospital”, narró.

Para Gina, como prefiere que la llamen, la COVID-19 es una oportunidad para reflexionar sobre el cuidado de nuestra salud como una corresponsabilidad, revisar nuestros hábitos alimenticios y recapacitar sobre nuestro papel en el cuidado del planeta.

Gina destacó que su recamara y cocina fueron los lugares donde “me reconciliaba con mi cuerpo y conmigo misma”. Foto: Especial.

Georgina Gutiérrez trabaja en la lucha contra el VIH/SIDA desde hace 32 años. Actualmente es presidenta de la organización Movimiento Mexicano de Ciudadanía Positiva, A.C, que brinda apoyo a personas que viven con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). Además, es chofer de la plataforma Didi y conduce dos programas de radio en una estación online con enfoque feminista.

La asociación fue una de las afectadas con el recorte de financiamientos a organizaciones de la sociedad civil. Frente a esto, la mayor parte de los integrantes del proyecto tuvieron que buscar un plan b y otros empleos. Gina empezó a trabajar como chófer de plataforma.

La defensora aclaró que la organización sigue en pie y mantiene una red de apoyo entre sus integrantes.

“Aunque ya casi no tenemos actividades, tenemos un grupo de auto-apoyo en WhatsApp, donde se hace monitoreo y también ayudamos con denuncias ante derechos humanos, es decir, metemos quejas sobre desabasto de medicamentos”, explicó.

EL CONTAGIO

Gutiérrez Alvarado siguió con el servicio de traslado cuando entró la Fase 1 de la pandemia en México, incluso un poco en la Fase 2. “Tengo deudas y cosas que pagar. No podía parar”, narró.

La conductora se dio cuenta del riesgo que corría cuando llevó a una nutrióloga al hospital ABC; la pasajera iba hacerse una prueba.

“La muchacha iba muy enferma, creo que ella sí tenía COVID-19. Yo la dejé ahí, pero para mí eso fue un foco amarillo, en ese momento dije: ‘Híjole, sí tengo deudas y tengo que pagarlas, pero muerta tampoco voy a pagar’”, recordó.

A partir de ese momento decidió quedarse en casa y respetar las medidas de aislamiento. “Coincidió que la campaña #Quédateencasa estaba más fuerte, fue en abril”, añadió. Pasaron dos semanas y ella no tuvo ningún síntoma, ni volvió a saber de esa pasajera.

Gina coordinaba el grupo en WhatsApp de personas con VIH y fue así que se percató que muchos pacientes temían acudir al hospital por su tratamiento. Ella seguía en cuarentena, pero se ofreció para ir por sus medicamentos.

“Lo hice porque me dio mucho miedo cuando ellos empezaron a decir, ‘prefiero no tomarme el tratamiento a ir al hospital’”, platicó.

La medicación para VIH no puede interrumpirse por nada, explicó: “Yo no sé si ustedes saben, pero las personas con VIH dicen que las dosis del tratamiento tienen que ser perfectas porque si dejan de tomar una dosis se pueden hacer resistentes a los retrovirales y entonces crece la carga viral”.

La activista empezó a ir a las casas de los integrantes de su red para cambiar sus recetas. La mujer agregó que procuraba ser muy cuidadosa: usaba cubre-bocas N91, utilizaba los googles y si tocaba algo luego se metía al baño para lavarse las manos. “Pues en una de esas que fui al hospital, pues allí (me contagié)”.

Los contagios de COVID-19 siguen creciendo en México. Foto: Pedro Anza, Cuartoscuro.

Gina recuerda claramente el día en que pudo ocurrir el contagio. Fue una jornada en la que tenía que regresar por la tarde para recibir unas recetas. “Ese día, recuerdo, que sí toqué algo, toqué una baranda y me fui a la farmacia”.

La mujer rememoró el momento en que se tocó los ojos. “Los googles se me empañaban y en algún momento los subí para que se desempañaran. La chica de la farmacia me dijo: ‘Señora, póngase los googles, ¿de qué sirve que los traiga?'”.

La defensora sintió un escalofrío en la espalda mientras su mente repasaba en cámara lenta el instante en que se frotó los ojos. “Puta madre. Me agarré los ojos y no me lavé las manos”, pensó en ese momento.

Aunque se preocupó, Gina trató de ser positiva y siguió con los encargos. Hasta un par de días después que presentó tos seca. “Era una tos desconocida. Era una tosecita rara”, describió.

La mujer le comentó su síntoma a su hermano, quien es doctor, y éste le recetó un antiinflamatorio por cinco días. Ella acató la instrucción, pero también buscó otra opinión.

Previamente, a raíz de sus programas de radio, Gina había buscado a un doctor del ISSSTE para solicitarle entrevista, sin embargo, el médico le pidió posponer la conversación porque él había salido positivo a COVID-19.

Cuando Gina tenía la tos contactó a ese doctor, le platicó sus síntomas y algunos detalles, pero le aclaró que ya tomaba los antiinflamatorios. El médico le dijo que de todos modos acudiera al centro COVID-19 y le dio datos de otro médico que la podría atender para la prueba.

“Hice la cita, fui, me atendieron, me metieron un hisopo grande hasta la campanilla y otro por la nariz”, narró.

Pasaron cinco días y efectivamente a ella se le quitó la tos. Pensó que se había tratado de una tos sencilla; pero aún quedaba pendiente el resultado de la prueba de COVID-19. Tres días después a Gina le confirmaron que tenía coronavirus.

“Sentí escalofríos y como taquicardia, pero el doctor me dijo que no tenía muchos efectos secundarios. Me dijo que si me daba fiebre, me tomara el paracetamol y que, a menos que progresara en sintomatología, lo buscara”.

Entre los efectos del contagio le dieron diarreas intensas. “No había dolor, no retortijón, solo la diarrea horrible”, dijo.

La fiebre llegó aproximadamente a los ocho días de contagio. Llamó al doctor que le hizo la prueba para decirle que ya tenía fiebre y el médico le recetó algunos antibióticos.

Durante la enfermedad se experimenta mucho cansancio, platicó. “Los que tratamos o tenemos conocidos con VIH llamamos a ese síntoma “síndrome de cansancio”. Por ejemplo, cuando caminas una cuadra y sientes que corriste un maratón”.

“Yo me sentía fatal, con la fiebre me metía a bañar y se me quitaba. Comencé a hidratarme muy bien”, señaló.

Además del tratamiento que le recetó el doctor, ella decidió recurrir a la medicina homeopática para fortalecer su sistema inmunológico. “No todo lo iba hacer el cuidado y el tratamiento, necesitaba un extra” agregó.

LO MÁS DIFÍCIL

Gina terminó su tratamiento y se fue la fiebre, pero el cansancio extremo seguía, además, experimentaba un pequeño dolor en los pulmones y ese dolor se hacía más fuerte en su cuerpo.

“Sentía como si una bolita pequeña me pegara en los pulmones, en mi caso era un dolor ligero. Mis pulmones nunca me dolieron tan fuerte, como sí me dolió el cuerpo. Sentía el cuerpo amordazado, que ese dolor se acumulaba dentro de mí y que tenía que luchar”, narró.

Gina también reflexionó sobre la vulnerabilidad del ser humano cuando leyó el testimonio de Peter Piot, el experto en ébola y VIH, quien estuvo al borde de la muerte por COVID-19.  “El que estuviera enfermo un hombre que conoce tanto y que le ha dado tanto al mundo me hizo darme cuenta que nuestro cuerpo es igual de vulnerable”, dijo.

Son millones los casos de coronavirus en el mundo. Cientos de miles han muerto. Foto: Orlando Barría, EFE.

LOS MIEDOS

Gina coincide con muchos otros pacientes y enfermos de coronavirus respecto a que el mayor temor es que su condición se agrave, ser hospitalizados y entubados.

“Mi mayor temor era terminar en un hospital y que me entubaran, porque duele, el cuerpo vive un dolor intenso”, dijo.

El apoyo de su familia, que estuvo a su lado aunque fuera a distancia,  el acompañamiento de amigos y la fuerza propia fueron importantes en el proceso de recuperación.

“Tengo que sacar esa resiliencia, esa fortaleza interna que siempre me ha sacado adelante”, se decía Gina a sí misma.

Gina se siente una persona afortunada porque tuvo la suerte de contar con un diagnóstico rápido y una buena atención.

Ella agregó que durante su enfermedad sí tuvo un contratiempo en el proceso de registro vía mensajes SMS. Lo intentó por recomendación del doctor y porque le dijeron que le darían un kit que incluía, entre otras cosas, un termómetro. Ese artículo era lo que más le interesaba porque estaban agotados en las farmacias. Gina platicó que  jamás pudo obtener el citado paquete.

“Hay un contraste en el tema del sistema de salud porque algunas cosas no funcionan, como esto de los apoyos que ofrecen y no funcionan; pero, en cambio, otras cosas sí funcionan, como el doctor que me atendió y estuvo al pendiente, eso es una prueba que hay médicos muy capaces y sensibles”, dijo.

Y añadió: “soy una persona afortunada porque contaba con muchas herramientas que quizá mucha gente no tiene. Gracias a mi trabajo pude contactar rápido a un doctor sensible que me dijo ‘hazte la prueba’, me canalizó al lugar adecuado y no tuve que andar de hospital en hospital”.

Los países ricos se apresuran a hacer pedidos y se plantean serios interrogantes acerca de si las naciones pobres tendrán acceso a vacunas que pueden salvar vidas. Foto: Virginia Mayo, AP.

Gina está recuperada. El 19 de junio recibió los resultados de la segunda prueba en los que salió negativa. “¡Bailo de felicidad!”, expresó. “Claro, como bien me dijo el médico, debo de seguir cuidándome porque no existe la inmunidad”.

Para la activista, la pandemia debe verse como una oportunidad para que toda la gente, no solo los mexicanos, sino que la humanidad entera reflexione.

“La nueva normalidad tiene que sacar lo mejor de nosotros como personas y como seres humanos. No podemos volver a ser los mismos de antes. Tenemos una oportunidad de cambiar el planeta. Yo creo que la humanidad tiene una oportunidad con la COVID-19. Sí, ya está aquí. Y sí, ha costado vidas y sigue costando vidas, pero creo que debemos aprender lo vulnerables que podemos ser”, compartió.