“Buddy” fue el primer perro en dar positivo a la COVID-19 en Estados Unidos y falleció el pasado 11 de julio; su muerte deja en evidencia que aún se desconocen los efectos que el virus SARS-CoV-2 puede tener en los animales, aunque las autoridades señalan que el perro pudo llegar a padecer de linfoma.

Los Ángeles, Estados Unidos, 30 de julio (La Opinión).- “Buddy“, el primer perro que dio positivo por coronavirus en Estados Unidos, murió el pasado 11 de julio. Su fallecimiento pone de relieve lo poco que se sabe aún de los efectos de la enfermedad COVID-19 en los animales.

Según dos veterinarios de National Geographic que revisaron el historial médico de “Buddy”, el perro de la familia Mahoney probablemente tenía linfoma, un tipo de cáncer. Esta enfermedad explicaría los síntomas que sufrió justo antes de su muerte, aunque no está claro si el cáncer los hizo más susceptible a contagiarse con coronavirus o si fue sólo una coincidencia.

La identidad de “Buddy”, los detalles de su caso y su muerte no eran información pública. El Departamento de Agricultura estadounidense reveló a principios de junio en un comunicado de prensa su ubicación general (Staten Island, Nueva York), su probable fuente de transmisión (un dueño que había dado positivo por COVID) y su estado (se esperaba recuperación). En general, no hay muchos datos públicos de animales contagiados.

La experiencia de la familia Mahoney en los dos meses y medio que pasaron desde que “Buddy” empezó con problemas de respiración hasta que murió fueron de confusión y sufrimiento, según la citada cadena. Prácticamente no hay información sobre cómo manejar la enfermedad en una mascota ya que hay pocas en el mundo diagnosticadas con COVID-19. En Estados Unidos son menos de 25 frente a más de cuatro millones de personas.

“Le dices a la gente que tu perro dio positivo y te miran como [si tuvieras] 10 cabezas”, dijo Allison Mahoney. “[‘Buddy’] fue el amor de nuestras vidas… Él trajo alegría a todos. No puedo entenderlo”.

Los Mahoney dicen que están frustrados porque los expertos en salud no investigaron más de cerca las posibles conexiones entre COVID y los problemas de salud de su mascota. Robert Mahoney, el marido de Allison, asegura que los funcionarios de salud veterinaria que estaban a cargo del caso nunca pidieron más pruebas, aunque él mismo les preguntó.

El Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York le dijo a National Geographic que no quiso extraer más sangre al perro porque tenía una anemia severa. Además, según la agencia, los resultados indicaban que había pocas probabilidades de que “Buddy” estuviera transmitiendo el virus. La última vez que lo evaluaron fue el 20 de mayo, casi dos meses antes de su muerte.

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