El silencio también puede ser una herramienta para experimentar y percibir el mundo que nos rodea. El silencio es nuestro, publicado en 2013 bajo la editorial Artes de México, es prueba de esto. Este ensayo fotográfico revierte la noción del silencio como pernicioso y lo convierte en un instrumento para retratar la resiliencia femenina.

Por Sandra Gómez

Ciudad de México, 30 de agosto (SinEmbargo).- Crecí en un hogar ruidoso. Con risas de niñas, el siseo de la olla exprés, el martilleo de mi abuelo y los ladridos de los perros cada que una bicicleta doblaba la cuadra. Mi vida siempre ha tenido música de fondo: la manguera de mi vecina por las mañanas, la señora que vende flores por las tardes y los grillos por las noches. En consecuencia, el silencio nunca fue un espacio seguro para mí. El silencio implicaba el abandono y, sobre todo, la soledad. Janet Frame afirma que: “le tememos al silencio porque es transparente: como agua cristalina que revela todos los obstáculos —lo usado, lo muerto, lo ahogado; el silencio revela nuestras palabras y pensamientos desechados, y cuando la gente mira de cerca al silencio, a veces se enfrenta a sus propios reflejos, a sus sombras magnificadas en las profundidades, y eso les asusta”. Sin embargo, el silencio también puede ser una herramienta para experimentar y percibir el mundo que nos rodea. El silencio es nuestro, publicado en 2013 bajo la editorial Artes de México, es prueba de esto. Este ensayo fotográfico revierte la noción del silencio como pernicioso y lo convierte en un instrumento para retratar la resiliencia femenina.

En El silencio es nuestro, a través de la lente de Francisco Kochen y los textos de Lydia Cacho, se rompe con las ideas preestablecidas tanto del silencio como del ruido a través de la conjunción de ambos fenómenos. Foto: Artes de México

Habitamos espacios inmersos de ruidos constantes, mucho más en esta temporada insólita en la que estamos reaprendiendo a vivir en un nuevo esquema que contradice nuestras prácticas anteriores. El ruido de la lluvia, el de las notificaciones del teléfono y el de nuestras propias voces en las reuniones de Zoom nos aquejan en todo momento, pero ¿qué pasa cuando todos esos sonidos cesan y sólo queda el silencio? El silencio es un vacío, un agujero, un cuerpo diáfano que se destroza con el lenguaje. Acabar con el silencio es, entonces, un acto disruptivo. En El silencio es nuestro, a través de la lente de Francisco Kochen y los textos de Lydia Cacho, se rompe con las ideas preestablecidas tanto del silencio como del ruido a través de la conjunción de ambos fenómenos. De esta forma, Kochen emprende su aventura como “admirador vital de la belleza” de la mano de Cacho, quien construye historias basándose en retratos de mujeres habitantes de todo el mundo. En este texto, la autora y el fotógrafo guían a la lectora a través de un viaje por el descubrimiento de la diversidad de los cuerpos femeninos y su belleza.

Este ensayo fotográfico revierte la noción del silencio como pernicioso y lo convierte en un instrumento para retratar la resiliencia femenina. Foto: Artes de México

No es un secreto que, con frecuencia, el cuerpo femenino ha sido percibido como un lugar geográfico. Esta noción involucra de manera directa una relación con el acto de conquista; es decir, el ver el cuerpo de una mujer como territorio inevitablemente abre la puerta a las ideas de conquista y dominio territorial. El silencio es nuestro se opone a esta idea y retrata los cuerpos de las mujeres como espacios geográficos de los que ellas mismas son dueñas. Cuerpos inconquistables, impenetrables e indescifrables. A través de la creación de personajes ficticios basados en las fotografías de Kochen, Cacho denuncia las injusticias que vienen de la mano del ser mujer y, a su vez, se asegura de retratar diferentes perspectivas sobre la experiencia femenina, ya que el ensayo está compuesto por fotografías de mujeres provenientes de diversas localidades. Ambos autores evocan voces e imágenes por medio de la descripción y el retrato de numerosas vidas ajenas que únicamente comparten una característica entre ellas: el ser mujer en tiempos de resistencia.

El uso de la fotografía en blanco y negro de Kochen vuelve a este texto uno perpetuo. Foto: Artes de México

El uso de la fotografía en blanco y negro de Kochen vuelve a este texto uno perpetuo: podemos ver, en los rostros y cuerpos de estas mujeres, el reflejo de cientos de mujeres que han experimentado el mismo “mal de ojo, mal de amores y mal de vida” que nosotras mismas. Por otro lado, Lydia Cacho juega el papel de mujer intérprete al contrastar las imágenes con su prosa imaginativa. El silencio es nuestro es una invitación a cuestionar y analizar nuestras percepciones del silencio y el rol que éste ha jugado en la historia de la mujer. Por ende, los autores aluden a la idea del silencio como un arma de doble filo que permite, en este texto, narrar las diversas vivencias de mujeres alrededor de todo el mundo.

Primera campaña Artes de México. Foto: Artes de México

Consigue el libro El silencio es nuestro a través del siguiente enlace: https://catalogo.artesdemexico.com/productos/el-silencio-es-nuestro/