El beso del mar. Pintura de Tomás Calvillo Unna.

Orar
sin palabras,
dejar que el viento nocturno
descifre el camino

Nosotros

Es el mar que se escucha

Nosotros

El agua estremecida en su oscuridad

Son los sueños dispersos
las máscaras despojadas de sus gestos
el silente estar de las almas

Nosotros

En la tertulia de los astros
sus inmensas distancias…

Este enigma que nos oculta
al despertar del azoro

Nosotros

Pretendemos seguir ignorando

La proporción matemática
La geométrica danza
La infinita sagacidad
del instinto
al perdurar
en este saberse ya
desnudos de los sentidos

Ligera certeza de habitar el misterio
e gnorar día día
su candente presencia

Nosotros

Todavía intenténtamos conjugar
las horas que se suman y restan
pretendiendo el dominio ajeno
que solo nos aleja

Nosotros

ignorando lo que somos
dejamos de escuchar;
esa suerte echada cada madrugada

las palabras sueltas
que en el corazón resuenan
sin que logremos saber
de que trata todo esto

Carajo
la vida cierta
y su eminente desaparición.