Para las comunidades purépechas de Michoacán, la animeecheri kúinchekua no es una celebración a la muerte, sino a la vida continuada. Uno de los elementos que distingue a esta celebración, son los grandes altares que se montan en los panteones o en las casas de los habitantes de las comunidades. Se trata de una construcción simbólica donde se colocan diversos elementos, con el objetivo de rendir tributo a los difuntos.

Ciudad de México, 30 de octubre (SinEmbargo).- El Día de Muertos es una tradición que representa a México en el mundo y existen estados del país que realizan esta celebración en grande, entre ello está Michoacán. Para las comunidades purépechas que habitan en diversas regiones de la entidad, esta celebración es conocida como animeecheri kúinchekua (fiesta de las ánimas).

Para dicha población indígena esta costumbre no es una celebración a la muerte, sino a la vida continuada o si se prefiere la “otra vida” y la oportunidad de coincidir en un día, encontrarse y convivir los de este mundo, con los del otro.

Este “encuentro” entre los que ya no están, pero regresan un día al año a convivir con su familia, es el motivo de reunión de las familias a comer junto al que “regresa”, ofrecerle lo mejor que se tiene, también los objetos que entran en juego para la ocasión, la flor, la comida, los cohétes, el pan, el adorno mismo.

Los purépechas afirman que cuando alguien muere, su cuerpo se sepulta, pero su alma sigue viviendo y va a reunirse con sus seres queridos que fallecieron antes, con los dioses y desde esa otra vida puede “regresar” a ésta, para convivir otra vez con su pueblo y con los suyos.

Uno de los elementos que distingue a esta celebración, son los grandes altares que se montan en los panteones o en las casas de los habitantes de las comunidades. Se trata de una construcción simbólica donde se colocan diversos elementos, con el objetivo de rendir tributo a los difuntos.

Las dimensiones y complejidad de los altares varían de acuerdo a las familias. Foto: Cortesía

La elaboración del altar, sus dimensiones y complejidad es tan variada como el gusto de los parientes a quienes corresponde su elaboración, también se toma en cuenta si es el primer año o si ya es un altar pequeño y sin fiesta, sólo para seguir ofrendando a las ánimas de familia.

Algunos de los elementos que no pueden faltar en los altares de muertos son:

-Papel picado: representa la alegría del Día de Muertos
-Retrato: se suele colocar en la parte más alta del altar y sugiere al familiar (es) a quienes se dedica el altar.
-Flor de cempasúchil: simbolizan la guía a los espíritus en este mundo.
-Sal: Es el elemento de la purificación, sirve para que el alma no se corrompa en su viaje.
-Cruz de ceniza: este sirve para purificar el espíritu del muerto de sus culpas pendientes.
-Velas y veladoras: sirven de guía para que las ánimas puedan llegar a sus antiguos lugares y alumbrar el regreso a su morada
-Copal e incienso: Suele utilizarse para alejar a los malos espíritus y purificar el ambiente.
-Agua: Simboliza la pureza del alma, y sirve para que el alma mitigue su sed.
-Comida: se colocan los alimentos que más disfrutaba el difunto en vida, ello para deleitar al alma en su visita.
-Pan de muerto: este alimento posee otro sentido, tiene la forma del ánima que se espera, se coloca junto al altar o tumba donde el ánima cuando llega lo come y al mismo tiempo lo impregna de su esencia.
-Arco: Formado de fruta y flor de cempasúchil representa la entrada al inframundo.
-Mariposas: La llegada de las mariposas monarca a México coincide con la celebración del Día de Muertos; por esa razón hay una leyenda que cuenta que estas mariposas son en realidad las almas de los fieles difuntos que regresan para celebrar con los vivos.

Debido a la relevancia que cobra esta tradición en México, en 2003 fue declarada por la UNESCO como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.