Me gustaría decir que no, pero la verdad es que sí: da exactamente lo mismo quién llegue pues nunca un Gabinete había tenido tan poca relevancia. Foto: Victoria Valtierra, Cuartoscuro.

Vienen cambios en el Gabinete, pero ¿a quién le importa?, ¿qué más da quién será el nuevo Secretario de Seguridad Pública si las decisiones de seguridad las toman los generales en las regiones militares o en el mejor de los casos en la mesa de seguridad previa a la mañanera? ¿Saldrán del Gabinete Jorge Alcocer, el Secretario de Salud y la Ministra en retiro Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación? Da exactamente lo mismo: el primero nunca ha sido Secretario, las decisiones de salud se toman en otro lado y la segunda es, dicho por sus compañeros de Gabinete, la encargada de relaciones públicas del Gobierno. Ana Guevara deja la Comisión Nacional del Deporte; da igual, hoy por hoy es solo un cascarón sin presupuesto.

Un beca Bienestar a quien sepa el nombre del Secretario de Comunicaciones y Transportes, una de las de Construyendo el Futuro a quien recuerde el apellido del Secretario Agricultura y dos cachitos de la próxima rifa del avión presidencial –si ahí está el avión por qué no volverlo a rifar– a quien sea capaz de citar una declaración, toma de posición o acción trascendente de la Secretaria de Medio Ambiente (la tercera en dos años). Nunca los cambios en un Gabinete del Gobierno federal habían sido tan poco trascendentes porque nunca habíamos tenidos un Gabinete tan intrascendente.

El estilo personal de gobernar del Presidente sol implica que ninguno de los secretarios planeta que están en su campo gravitacional tenga brillo propio y que aquel que se salga de su órbita se vaya por la tangente. En este estilo radial unos ven autoritarismo exacerbado, otros ven orden; donde unos acusan servilismo los colaboradores del Presidente lo que celebran el liderazgo. El tema no es si es mejor o peor tener un Gabinete más o menos protagónico o con figuras fuertes y personajes con independencia de criterio en las carteras que manejan, sino la ineficiencia gubernamental que ha implicado esta forma de ejercicio del poder. Lo realmente trágico del Gobierno de López Obrador es la incapacidad estructural que tiene para que las cosas sucedan, para que el Poder Ejecutivo, ejecute. La mezcla de desconfianza a lo que huela o venga de gobiernos anteriores, señalado todo como neoliberal sin distinciones ni cortapisas, con los recortes presupuestales de una malentendida austeridad ha dejado a muchas de las dependencias en niveles de inoperancia.

¿Da entonces igual quiénes se vayan y quiénes llegue a las diferentes carteras? Me gustaría decir que no, pero la verdad es que sí: da exactamente lo mismo quién llegue pues nunca un Gabinete había tenido tan poca relevancia. No se trata solo un asunto de concentración de poder en unas solas manos, lo que está en juego son las intituciones del Gobierno federal. El hombre orquesta, por mejor que sea, nunca podrá ejecutar todos los instrumentos. Si no tenemos buenos solistas el número de partituras que se pueden ejecutar se reduce sustancialmente.