Cuando Andrés Manuel López Obrador asumió la Presidencia de México, incluso desde la campaña, el tema más preocupante para los analistas era la economía. Había incertidumbre sobre si se presentarían devaluaciones en el tipo de cambio, si habría más deuda o si la inflación se elevaría, lo que no ocurrió en este 2019, al contrario: el peso es de las monedas mejor posicionadas, no hay volatilidad en los precios de alimentos y la balanza comercial ha presentado superávits. 

Sin embargo, fue un año presidencial lleno de claroscuros económicos que iniciaron en 2018 con la cancelación del NAIM en Texcoco y se agravaron con algunas políticas públicas (rescate de Pemex y CFE) cuestionables, la polémica renuncia de su Secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, y la caída en el PIB que llevó a México a una “recesión técnica”. Los analistas esperan que los errores se corrijan en 2020.

Ciudad de México, 30 de noviembre (SinEmbargo).– Un año ha pasado desde que Andrés Manuel López Obrador asumió la presidencia y en el ámbito económico hay poco que festejar, consideran analistas. Por un lado reconocen avances en indicadores como la inflación, tipo de cambio, IPC y balanza comercial, pero su promesa de llevar a México a crecer al 4 por ciento este 2019 la incumplió y en su lugar la economía mexicana entró en una “recesión técnica” al ligar dos trimestres consecutivos a la baja.

Si bien la economía mexicana ha sido parte de una inercia de desaceleración, estancamiento y recesión a nivel mundial, analistas consideran que la austeridad al gasto público y la falta de inversión contribuyeron a que este 2019 el Producto Interno Bruto (PIB) tuviera un nulo desempeño con cifras muy cercanas a cero.

“Cuando llega López Obrador y hay una austeridad en el gasto público es un golpe muy fuerte para la economía mexicana desde el lado de la demanda. Nunca habíamos visto recortes de esta magnitud, o sea puede haber buenas razones para la austeridad, pero no ha ayudado en el contexto de desaceleración que venía México”, consideró Marcelo Delajara, director del Programa de Crecimiento Económico en el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).

En la imagen, el Presidente Andrés Manuel López Obrador y el Secretario de Hacienda, Arturo Herrera. Foto: Cuartoscuro.

Aunque para los analistas este bajo desempeño de la economía mexicana enciende las alarmas para el año 2020, empresarios como Carlos Slim (izquierda) y Carlos Salazar (derecha) consideran que no es tan importante porque este 2019 no hubo deuda, no hay déficit y se sentaron las bases. Foto: Cuartoscuro.

En la misma tónica opinó Carlos Salazar Lomelí, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), quien señaló que discutir el tema del crecimiento era ocioso. “No creo que sea importante eso y además eso no cambia la vida de los mexicanos, si creces poquito o bajas poquito. Lo importante es lo que viene y el anuncio de hoy es muy ambicioso […] hay capacidad de financiamiento”, sostuvo.

Abraham Vergara, especialista financiero y director de la Maestría en Finanzas Internacionales de la Universidad Akali, no concuerda con la opinión de los empresarios porque todos los indicadores económicos, como el PIB, afectan directamente a los mexicanos, especialmente a los más pobres.

“Para la gente común los indicadores económicos son importantes, por ejemplo, si el país no crece no hay oportunidades de trabajo. Estamos en una economía con estancamiento y las inversiones anunciadas no van a mejorar rápidamente la situación, por lo menos en el primer semestre de 2020 vamos a tener dificultades económicas y eso para la gente común le afecta en empleo, sueldos y canasta básica”, señaló.

Para Marcelo Delajara, del CEEY, los indicadores son importantes porque son síntomas de la economía, pero no es lo único importante:

“Hay que entender bien la naturaleza de los indicadores y de lo que están diciendo. Los indicadores han ido mal, ha habido nulo crecimiento, las señales del mercado laboral son de empeoramiento y eso hay que tomárselo en serio, pero eso se debe a una caída en el gasto público y una caída en la inversión. Si logramos revertir eso con el plan de infraestructura y si el Gobierno logra gastar menos en el futuro eso se puede resolver rápidamente, es decir no es que los indicadores no sean importantes, pero también hay que entender la naturaleza transitoria de esta situación”.

LO NEGATIVO

Cuando López Obrador asumió la Presidencia de México, incluso desde la campaña, el tema más preocupante para los analistas era la economía, había incertidumbre sobre si se presentarían devaluaciones en el tipo de cambio, si se iban a expropiar empresas o si la inflación se dispararía, lo que no ocurrió en este primer año, al contrario.

Sin embargo, el aspecto más negativo es sin duda el crecimiento económico, aunque no es el único. En la lista se enumeran temas relacionados como la falta de inversiones, el desempleo y la informalidad.

“Es fundamental lograr el crecimiento de la economía, se necesita el esfuerzo de todos, no se podría hacer sólo con la participación del sector público (…) Nuestro propósito es crecer en el sexenio, en promedio, 4 por ciento anual, el doble de lo que se creció en el periodo neoliberal”, dijo el Presidente en julio de 2018 en un mensaje a medios al término de una reunión privada con el Consejo Mexicano de Negocios.

Unos meses después el objetivo ya era inalcanzable, por lo que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) recortó en septiembre su pronóstico del crecimiento para este año a un rango de entre 0.6-1.2 por ciento, lejos del 2 por ciento que preveía antes.

De acuerdo con un análisis de Banco Base, el estancamiento económico empezó en el último trimestre de 2018, provocado muy probablemente por la incertidumbre generada por la cancelación del Muevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco, las iniciativas de la actual legislatura y el desabasto de gasolina a inicios de 2019.

También como causas del estancamiento económico, agrega el reporte de Banco Base, se destacan la contracción de la minería, lo cual se debe a motivos estructurales y la caída de la construcción, ante un menor gasto público.

“El Presidente dijo que en su primer año México se iba a crecer 4 por ciento y generó expectativas. Como académico yo lo reprobaría en el tema económico. Se dice que el primer año del nuevo gobierno presenta cierta incertidumbre económica, sin embargo ahorita estamos a punto de entrar en una recesión y hacia tiempo que no sucedía eso, ni con (Vicente) Fox, ni con (Felipe) Calderón ni con (Enrique) Peña”, destacó el analista Abraham Vergara. “Creo que en materia económica no se cumplieron con las expectativas en este primer año”.

Para Marcelo Delajara, del CEEY, no solo hay malas señales en materia de crecimiento, en el tema del mercado laboral también, la inversión y los programas sociales.

“En la parte laboral me parece que el programa ‘Jóvenes Construyendo el Futuro’ debería haber iniciado de manera más suave y con objetivos mucho más serios en términos de capacitación para jóvenes, dado que lo que estamos viendo es que están recibiendo su aprendizaje en establecimientos donde no tienen mucho que aprender”, explicó.

Otra aspecto que no va en buena dirección, según el analista del CEEY, tiene que ver con la parte de protección social. “Por ejemplo, el hecho de que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador haya elegido una vía de transferencias directas para ayuda, como el caso de pensiones, guardería, becas y salud es negativo. Nosotros nos esperábamos un cambio más institucional, de pensar en un sistema de seguridad social más integrado”.

Abraham Vergara, director de la Maestría en Finanzas Internacionales de la Universidad Akali, coincidió y agregó el aspecto de la informalidad. “El tener al 57 por ciento de la población en actividades informales no favorece a una economía, tampoco la falta de generación de empleo”.

LO POSITIVO

A pesar de la caída en el PIB, México tiene algunos indicadores positivos en este primer año de López Obrador: el tipo de cambio peso-dólar, la inflación y la balanza comercial.

El indicador de la inflación, el más positivo en esta administración, se ha mantenido en el rango del Banco de México, que es de 3 por ciento +/-. De diciembre de 2018 a octubre de este año, solo en cuatro meses ha rebasado el objetivo: diciembre 2018 (4.83 por ciento), enero (4.37 por ciento), marzo (4 por ciento), abril (4.40 por ciento) y mayo (4,28 por ciento). Lejos del 6.77 por ciento que alcanzó en diciembre de 2017.

“De las cosas que cambiaron y que van en dirección correcta son que se tenga un compromiso de la estabilidad macroeconómica y la apertura comercial con Estados Unidos, son elementos que han sido beneficiosos para México en las últimas décadas, y López Obrador ha decidido mantener las finanzas públicas sanas, ha decidido trabajar en favor de mantener el comercio con Estados Unidos; ha respetado la autonomía del Banxico, y me parece que esos son pilares que la economía mexicana tiene y que López Obrador quiso mantenerlos”, aseguró Marcelo Delajara, director del Programa de Crecimiento Económico en el CEEY.

Otro dato positivo, agregó, es la política laboral: “Hay un nuevo impulso al salario mínimo que era necesario retomar, también me parece positivo que desde que López Obrador fue electo se aceleraron en el Legislativo la ratificación de convenios internacionales de la OIT que tiene que ver con libertad sindical y mayor transparencia en estos gremios, esto era necesario para México”.

El tipo de cambio peso-dólar es otro de los datos positivos en este primer año de López Obrador. De diciembre de 2018 a noviembre de 2019, el peso acumula una ganancia de 3.48 por ciento y el dólar ha fluctuado entre los 18.75 y 20.27, de acuerdo con información del Banxico.

El peso cerró noviembre con una depreciación de 1.66 por ciento o 31.8 centavos, cotizando alrededor de 19.55 pesos por dólar, tocando un mínimo de 19.0477 pesos y alcanzando un máximo de 19.6597 pesos, debido al aumento de tensiones comerciales entre Estados Unidos y China.

El peor mes para la moneda mexicana en la administración de López Obrador fue agosto, cuando cerró cotizando alrededor de 20.04 pesos por dólar, con una depreciación mensual de 4.66 por ciento u 89.28 centavos, siendo la mayor caída mensual desde octubre 2018, cuando sucedió la cancelación del NAIM.

Respecto al Índice de Precios y Cotizaciones (IPC), principal índice de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), también tuvo un año positivo, con una ganancia de 2.16 por ciento.

Este noviembre, último mes del año de López Obrador, el IPC terminó con saldo negativo, interrumpiendo una racha de tres meses consecutivos de avances. Los factores que propiciaron esta caída fueron la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la preocupación por el estancamiento de la economía global y la economía mexicana.

LO QUE SE PUEDE MEJORAR

En un año presidencial lleno de claroscuros económicos para la administración lopezobradorista, que inició en 2018 con la cancelación del NAIM en Texcoco y se agravó con algunas políticas públicas (rescate de Pemex y CFE) cuestionables y la polémica renuncia de su Secretario de Hacienda, Carlos Urzúa Macías, los analistas esperan que los errores se corrijan en 2020.

“Con la reunión que se tuvo con los empresarios se ve un cambio de estrategia, sobre todo en infraestructura porque si un país invierte en este ramo generalmente genera crecimiento porque el dinero se está moviendo y eso favorece”, indicó Abraham Vergara. “Lo que faltaría es el apoyo a las pequeñas y medianas empresas con los créditos fiscales, con esto podría reactivar la economía del país”.

Para el analista Marcelo Delajara, “los pilares de estabilidad macro y de la economía abierta son importantes y creo que él (AMLO) los va a mantener, la clave está en si con este Gobierno se va a lograr algo que no se ha logrado en las tres últimas décadas, que es volver a la economía mexicana más productiva”.

“Un plan económico adecuado para México es uno en el cual nos ponemos como objetivo que los mexicanos sean más productivos y eso es trabajar con las empresas, con las escuelas, generar infraestructura moderna en todas las comunidades, y eso todavía no está”, agregó. “Si esto no sucede, México va a seguir creciendo al ritmo que crece su población, con lo cual la productividad por trabajador no va a mejorar”.