La autora busca dejar atrás la orfandad, la falta de cariño de sus padres adoptivos, su constante miedo al abandono y la terrible experiencia de vivir un exorcismo para “curar” su homosexualidad. Para Winterson era difícil creer que podía ser querida y superar esa desconfianza; sabía de su capacidad de dar amor pero era incapaz de recibirlo.

Winterson tenía dos impulsos vitales: encontrar a su madre biológica y también dar testimonio de que la literatura rescata, que puede volverse una especie de faro o salvavidas para mantenerse a flote cuando parece inevitable el hundimiento.

Por América Gutiérrez

“Si no tienes dueño, no te romperán el corazón”
Toy Story 3

Ciudad de México, 30 de noviembre (Librerías El Sótano).- La primera vez que leí a Jeanette Winterson, estaba embarazada y por un momento, creí que mi sensibilidad extrema al terminar La niña del faro se debía a mis cambios hormonales. Después de aquella primera lectura en extremo emocional y ya con mis niveles estrogénicos en orden, decidí leer todo lo que Jeanette Winterson había escrito: La pasión, La mujer de púrpura, Espejismos, Escrito en el cuerpo.

Sus libros no eran fáciles de conseguir en México, pero en poco más de dos años había leído buena parte de su producción literaria. Me volví una fiel lectora, una vez que la conocí, no pude abandonarla.

A finales del año pasado me regalaron ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? En esta biografía temprana, Winterson encuentra en las palabras el camino para dejar atrás lo que ella llama “la imposibilidad de amar”, la manera en la que reconoce que durante muchos años fue inevitable ver la vida desde la orfandad, que es dolorosa, y se mantenía en un estado constante de miedo al abandono.

Este libro no se trata exclusivamente de que tan mal la pasó de niña (el sufrimiento por la falta de cariño de sus padres adoptivos o la terrible experiencia de vivir un exorcismo para “curarla” de la fijación hacia su mismo sexo) la autora no busca que la compadezcan. No puedes hacer amigos o establecer relaciones si le tienes terror al desamparo. Jeanette Winterson, muere de miedo, no puede ser ella misma en el entorno que la eligió (si eres huérfano no tiene posibilidad de elegir, te escogen).

En esta obra la identidad debe entenderse como el producto de influencias, referencias e improvisaciones de la historia de una vida: como lector, imaginas a aquella niña pelirroja que está fuera de su casa, sentada en la puerta toda la noche o encerrada en el lugar más oscuro, sucio y húmedo de toda la casa, dándose ánimos a si misma; mientras la madre adoptiva, fanática religiosa se da calor artificial con un corsé eléctrico, además, guarda una pistola al lado de su cama y espera con dramatismo el apocalipsis.

Winterson también nos ubica en el espacio, es importante, la descripción de la zona geográfica en la que nació, va más allá de las contradicciones y paradojas de encontrarse al sur del norte de Inglaterra. En Manchester todo era “radical”, era una ciudad urbana y agreste. Marx y Engels estuvieron ahí y fueron testigos de la miseria “La suciedad, el humo, la peste a tintes, el amoniaco a sulfuros y carbón. El dinero, la actividad incesante día y noche, el sonido ensordecedor de los telares” (p.23). Charles Dickens también uso esta ciudad como la base para su novela Tiempos difíciles, no era un lugar fácil para crecer.

Esta biografía conecta todo sus libros, como vasos comunicantes que logran alcanzar el equilibrio del líquido que contienen, no importan si pones más o menos, siempre alcanzan el mismo nivel, tampoco importa la cantidad o la turbulencia con la que haya sido vertido. Sus textos se leen como parte de un conjunto, íntimamente conectado cada obra escrita tiene un hilo común, más bien, son cuerdas de rescate.

¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? Debe ser leída después de todas sus novelas, es una pieza intertextual. La primera parte de su producción literaria asoma con frases y temas que aumentan su sentido si ya leíste su ficción, se podría decir que hay muchas -pistas textuales- Winterson escribe desde la construcción de su identidad: nunca prescribe o condiciona una lectura definitiva de sus textos, ella misma cuestiona su autobiografía al mencionar que “nuestros procesos mentales están más cerca de un laberinto que de una autopista” así que para ella, la identidad está sujeta a la misma flexibilidad que ofrecen las obras de ficción.

No hay nada más difícil que enfrentarte a ti mismo para superar los restos de esa versión cicatrizada y enojada de tu yo más joven, que te ha amenazado toda tu vida. El pasado usualmente es doloroso, a veces es casi imposible creer que puedes ser amado, superar la desconfianza enterrada hasta la raíz, esa que sembró su figura materna. Winterson era consiente de su capacidad de dar amor pero era incapaz de recibirlo.

Más allá del caos que le trajo su preferencia sexual, de la dudas y los temores extra que le sumaron a su vida, había dos impulsos vitales: encontrar a su madre biológica y también dar testimonio de la literatura, sobre cómo leer y escribir, salva. Cómo la prosa y la poesía pueden volverse una especie de guía de luces o bote salvavidas que te mantiene a flote cuando parece inevitable el hundimiento.

Esta es la memoria sobre el trabajo de una vida para mantenerse con energía en busca de la felicidad. Sin embargo, Winterson no lo hizo sola, Malory, T.S Eliot, Stein e incluso La biblia le permitieron entender que la literatura “no es un lugar donde esconderse. Es un lugar donde encontrar.” (p.49)


América Gutiérrez es Coordinadora de contenidos de Librerías El Sótano. Ha trabajado para Discovery Channel LA, Nat Geo, A&E, IMER y Penguin Random House.
Siempre se pregunta ¿en qué se parece un cuervo a su escritorio? Actualmente estudia las leyes que rigen las excepciones.