La pregunta no es para dejarles caer un marro, sino para compadecerlos. Enrique Peña Nieto no llegará a la Presidencia de México como él y muchos parecen pensar: sólo por las encuestas preelectorales, sin siquiera un precandidato que le exija un contrapunto. Llegará después de confrontarse con seres inteligentes; después de dar conferencias como en la FIL de Guadalajara, de exponerse en público. Es decir: deberá salir de la burbuja para ganarse, ahora sí, los votos. Deberá abandonar el castillo de pureza –y soberbia– en el que lo han metido todos estos años, gracias a la prensa amiga; a la televisión y los diarios que le hacen comparsa; a los asesores que sabrán, como pocos, de qué está hecho.
A juzgar por el episodio del fin de semana, está hecho de espuma y aire. El ataque de las redes sociales ha sido feroz y se mantuvo por tres días, alentado, además, por la ligereza de su hija Paulina Peña Pretelini, quien retuiteó un mensaje de su novio en el que llamaba “pendejos” a todos aquellos que criticaban a su suegro. Como su padre, la quinceañera también parece estar envuelta en una burbuja. Considerada por las revistas del corazón como una de “las niñas más guapas de 2011”, también está acostumbrada a las alabanzas, no a las críticas.
Y ahí está el reto para quienes lo asesoran. ¿Cómo van a plantearle a su jefe que los tiene que escuchar? ¿Que si quiere llegar a Los Pinos tendrá que seguir instrucciones? ¿Que no ha ganado nada aún y que, además, otro traspié como el del sábado pasado podría costarle la Presidencia en 2012?
A los reclamos y burlas en Facebook, Twitter y Youtube, se añadió incluso una recomendación que, para el galán priísta, debe ser ominosa: Rafael Acosta, el mismísimo “Juanito”, un hombre que, se sabe, no terminó ni la primaria, le recomendó al precandidato presidencial del PRI poner más atención y leer más para que no le vuelva a ocurrir un incidente como éste.
“Yo le recomendaría poner un poquito de más atención en las cosas. Todos tenemos que leer, a mí también me hace falta leer, como a todos. Dicen que leer es muy bueno, que le sirve a uno para aprender más”, dijo el dirigente de vendedores ambulantes que incluso fue delegado provisional de Iztapalapa. Y ya luego, justificando a quien, afirma, será el Presidente de México dijo: “Todos nos equivocamos, si a los artistas se les olvida el Himno. A mí también me pasó cuando di el grito de Independencia en Iztapalapa”.
De ese tamaño es el escándalo: ahora resulta que hasta “Juanito” le da consejos al Príncipe de Atlacomulco.
El terrible traspié de la FIL y sus todavía más terribles consecuencias en las redes sociales han sido un golpazo en la imagen del precandidato, pero también para su carísimo equipo de mercadotecnia, encabezado por Juan Carlos Limón García, de la empresa ByPower, quien se presenta como “asesor de comunicación de Enrique Peña Nieto, así como para Alejandra Lagunes Soto Ruiz, ex responsable de ventas de Google, vinculada al área de internet de Televisa, y ahora está al frente del manejo de las redes sociales del propio EPN y de su esposa Angélica Rivera.
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Y también en el PAN hace aire.
Por andar sacando raja política de la pifia de Peña Nieto, Ernesto Cordero Arroyo, aspirante del PAN a la Presidencia de la República, también evidenció que su fuerte no es la literatura, al confundir el nombre de la escritora Laura Restrepo –autora de La isla de la pasión–, por el de Isabel.
En una entrevista radiofónica se preguntó al ex secretario de Hacienda el título de los tres libros que considera más importantes para él. Respondió: Rebelión en la granja, de George Orwell; La isla de la pasión, de Isabel Restrepo, y Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll.
El entrevistador le acotó: “¿La isla de la pasión de Isabel Restrepo?”. Y Cordero muy seguro hasta le recomendó: “Sí, es muy bueno, deberías de echarle un ojito”.
“¿La autora no será Laura Restrepo?”, le corrigió.
“Claro, respondió el panista, es Laura Restrepo, perdón”.
Lo que siguió, por supuesto, fueron las burlas en las redes sociales, que llevaron al
hashtag “Isabel Restrepo” a trending topic en Twitter.
Otra presidenciable, Josefina Vázquez Mota, también confundió los nombres de novelas y a sus autores.
El 18 de noviembre de 2008, la entonces titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), confundió el nombre del libro La región más transparente, una de las más importantes del escritor mexicano Carlos Fuentes, a la que se refirió como La ciudad más transparente. Esa fue la segunda ocasión en una semana en que la funcionaria se equivocó al referirse a Fuentes, pues el 12 de noviembre previo, durante una reunión con empresarios, aseguró que en ese mes se celebraban “los 80 años de Octavio Paz”.
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“El día de hoy les reitero a ustedes que no voy a ser candidato a nada; yo voy a ser jefe de Gobierno hasta el 5 de diciembre de 2012. Muchas gracias a todas y a todos”, dijo Marcelo Ebrard Casaubón, ante la insistencia de los periodistas que le pedían revelar si irá por un puesto de elección popular, como una senaduría.
Al presentar su Informe de Gestión a cinco años de Gobierno, en el Museo de la Ciudad de México, Ebrard insistió en su objetivo central es que el Distrito Federal “siga con un rumbo progresista, serio y eficaz”.
Y para no romper con el tema de moda, los reporteros le preguntaron sobre las lecturas que más le han gustado. Con una enorme sonrisa, el titular del GDF respondió: “El Capital ¿No? Y El Dieciocho Brumario”. Ambas lecturas, por supuesto, sobre materialismo histórico; la primera de Karl Marx, la segunda de Luis Bonaparte.
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