Desde hace mucho tiempo, desde que era gobernador del Estado de México y empezaba a sonar como uno de los posibles contendientes por la Presidencia del país, se comentaba que Enrique Peña Nieto es un hombre inculto, pero además profundamente soberbio y autosuficiente como para aceptarlo y hacer algo al respecto.
Poco a poco, conforme sale de la burbuja que el sistema le ha generado, empieza a ser claro que todo lo que decían funcionarios, políticos, embajadores, intelectuales, amigos y ex amigos de él, resulta cierto.
Cada quien lo suyo. Sí, a todos les pasa que no sepan siquiera tres nombres de libros y puedan atinar tres autores.
Pero Enrique Peña Nieto puede ser Presidente de México. Junto con Vicente Fox Quesada, se perfila como uno de los más ignorantes, y no sólo por el episodio vivido en la FIL de Guadalajara, sino porque desde hace años se dice, y ahora parece confirmarse, que a este político mexiquense no le interesa la cultura, y por lo tanto, no tendrá la sensibilidad para impulsarla.
La lectura que hace Rita Varela Mayorga de su libro en esta edición de SinEmbargo.mx lo confirma con creces.
Ayer, The Economist lo decía con sorna. Se burlaba del que parece ser el próximo Presidente de México. Qué vergüenza. Qué karma frente a los ojos del mundo. No sólo ser un país bárbaro y violento, sino uno dirigido por un hombre que no sabe siquiera distinguir entre dos de los autores más importantes del México contemporáneo Enrique Krauze y Carlos Fuentes.
Los especialistas en encuestas tienen tres días diciendo que el escándalo provocado por la ignorancia de Peña Nieto en las redes sociales no impactará en las resultados electorales. Es una tristeza, porque entonces estamos frente a un inevitable sino que sólo unos cuantos parecen advertir.
Pobre México, tan cerca de Estados Unidos y tan secuestrado por el PRI.
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Al presidente Felipe Calderón Hinojosa se le ha advertido en foros, y con hechos, que los defensores de los derechos humanos en este país están siendo asesinados porque le estorban al crimen organizado y a los excesos del Estado. El Presidente ha respondido con simpatía fingida y con alevoso distanciamiento frente a los hechos.
Ya no tendrá tiempo para defender a su gobierno frente a estos hechos, como lo ha hecho durante todo su sexenio respecto a la guerra. La administración de Calderón quedará registrada en los organismos internacionales, en las comisiones de derechos humanos y en muchos mexicanos como una de las más negligentes.
Ayer mataron a uno de los tres secuestrados del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.
Mañana podrían aparecer muertos los otros dos.
Y sin un Presidente sensible, esta matanza de activistas seguirá, como ha seguido esta inédita masacre de mexicanos que son sólo parte de una cifra oficial, apenas un número en los archivos policiacos, líneas en el negro expediente de esta guerra que rebasa los 50 mil muertos.
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Con cuánto orgullo, con cuánto ánimo de celebración, Alejandra Sota y su tocayo Alejandro Poiré anunciaban ayer, por la mañana, que habían desarticulado un complot para internar a México a familiares de Muamar Gadafi.
¿Saben qué? Los hubieran dejado llegar al país. ¿Qué mal le habrían hecho?
Mejor tráiganos a “El Chapo”, al “Mayo” Zambada, a Vicente Carrillo, a Heriberto Lazcano, a la “Tuta” y a cuanto asesino anda suelto desde que empezó el sexenio y por los cuales se lanzó una multimillonaria guerra que nos tiene sumidos en una depresión moral, económica y de imagen.
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